Cansado, irritado, enojado y muchas cosas más sentía... La desesperanza me consumía. Sentía que no tenía salida y que todos mis pensamientos pronto acabarían conmigo.
Busqué miles de formas para salir de aquel hueco donde mi mente estaba atascada, pero todas las salidas qué encontraba se caían a pedazos frente a mis ojos. Y con un poco de fuerza y valentía le hice frente a lo inesperado. Agarre al enojado y lo deseche, atrape al dolor y lo aparte, tome al cansancio junto al rechazo y los abandone... Poco a poco los fui apartando de mi hasta llegar al punto donde ya me ahogaba por falta de aquellas emociones.
Pensaba desahogarme e intentar redimirme, pero ya era tarde y si lo hacía traería miles de consecuencias. Quedarme en un barco a la deriva qué espera llegar a tierra... Esa es la única solución a mis problemas.
Dices ser mi única familia cuando eres tu la persona que me esta matando de apoco. Piensas que todo lo que me dices es por mi bien cuando eso es una simple fachada de tu apariencia por la cual luchas por mantener perfectamente. Juegas con mi mente, pero créeme que para jugar se necesita, tan siquiera, dos personas, así que te complaceré y jugaré también.
Me rechazas y crees en blasfemias contra mí, me llevas al borde de lo más profundo de lo inesperado. Me haces volverme más ignorante con lo que llevo adentro, me haces querer esconderlo para que seas feliz en mi infelicidad.
Intentar sonríe se volvió difícil, expresar mi opinión se volvió imposible... Rechazarte fue fácil; Me convertiste en una persona relajada y desinteresada.
A lo último te acercaras a mi, verás fijamente mis ojos y me dirás: ¿Qué ha pasado? ¿Estás verdaderamente bien? ¿Qué te sucede? Responderé mirándote a los ojos por unos pocos segundos: No es nada, estoy bien. Me creerás por que es lo que siempre haces en estas ocasiones.
Te gritare por ayuda cuando ya esté tocando fondo, mandare señales y las ignorarás. Solo quiero que me salves, me abraces y me consueles.
Será tarde para cuando yo, Baltazar, me intenten tener a su lado.