Cargando…

Una vida tejida con amor y valentia

lisehtyoana
Pública 0 conversaciones 3 pensamientos 46 votos positivos 0 votos negativos 0 series

Una vida tejida con amor y valentia

In groups

Pensamiento

Pensamiento

MarcelaOrtiz

Escucho mucho en mi trabajo, historias de gente que salió de lugares así, pero la manera que lo contas es rara, como si tuvieras la vereda entera adentro todavía.

Escucho mucho en mi trabajo, historias de gente que salió de lugares así, pero la manera que lo contas es rara, como si tuvieras la vereda entera adentro todavía.

Contenido de la publicación

Nací en una vereda, en un caserío pequeño, rodeada de naturaleza y familia. Mi mamá me cuenta siempre —y me parece una historia preciosa— que cuando ella estaba embarazada de mí, la gente solía usar burros para cargar las cosas e ir a vender frutas a los pueblos. Un día, salió hacia Mompos a vender mangos, llevándome todavía en su vientre. Ya tenía yo dos hermanos mayores antes de mí. Cuando terminó de vender y regresó a casa, ya venía sintiendo dolores: yo quería nacer. Al llegar, el dolor era fuerte, desesperante —antes no había hospitales cerca, todo dependía de las parteras— y la que me recibió al mundo fue mi bisabuela, quien atendió el parto. Mi mamá me dice que fue un nacimiento muy difícil y muy doloroso, pero al final… ¡aquí estoy yo! Nací ahí, en mi tierra, con el cariño y las manos de mi propia familia recibiéndome.

Y así crecí, en ese lugar que recuerdo como algo mágico y hermoso: una vereda bonita, donde arreábamos agua en burro y la sacábamos del aljibe; donde pescábamos, y la comida era siempre lo que la tierra y el agua nos daban —gallina, pescado, patos, todo fresco y rico— y las verduras las cultivábamos ahí mismo, en casa. Nunca faltó el calor de la gente querida: vivía rodeada de mis abuelos, mis tíos, mis primos… toda la familia junta, cerca, siempre presente. Fue un comienzo humilde, sencillo, pero lleno de vida, de naturaleza y de amor. Ahí empezó todo.

Ya van mis recuerdos claros: mi mamá nos levantaba bien temprano, íbamos a otras fincas a buscar la leche, el suero y el queso —todo para tener nuestro desayuno. Cuando regresábamos, desayunábamos juntos, nos bañábamos y salíamos todos en grupo: yo, mis hermanos, bastantes primos… ¡un combo completo! Caminábamos hasta el colegio, todos con nuestro uniforme: nosotras las niñas con jumper azul y camisita azul clara por dentro; los niños, pantalón largo azul y camisa azul bajita —así salíamos todos igualitos, unidos y listos. Y al llegar el mediodía volvíamos a casa, todos contentos, juntos, felices de estar con nuestra gente.

Y quiero hablarles de mi papá: un hombre que luchó con todas sus fuerzas para sacarnos adelante. Vivía de la tierra —la agricultura era su vida— cultivaba yuca, ñame, plátano, todo lo que un campesino siembra y cuida con amor. De eso vivíamos: de lo que daba el campo, también cazaba animales —y muchas veces yo lo acompañaba— lo que conseguíamos lo vendíamos y así sosteníamos nuestra casa día tras día. También salía a pescar, y con eso ganaba su jornal; trabajaba con el machete, picando arroz, sembrando cultivos en tierras de otros dueños… todo, absolutamente todo, con un solo propósito: que a nosotros no nos faltara nada, darnos lo mejor que podía. Así aprendí desde chiquita: el trabajo honesto,

Thoughts

  • Gala

    Las madres que despiertan a todos temprano, todos con uniforme igual, todos marchando juntos. Ese ritmo de vida.

    Permalink
  • MarcelaOrtiz

    Escucho mucho en mi trabajo, historias de gente que salió de lugares así, pero la manera que lo contas es rara, como si tuvieras la vereda entera adentro todavía.

    Permalink
  • LeandroPozo

    Eso de la familia toda junta, los primos en combo, la ropa azul igualita. Todavía existe gente que recuerda eso así, vivo.

    Permalink