Dios mío, cuánto te amaba,
y cuánto desgraciadamente te amo;
qué desdicha es perseguirte en el hoy
y en el mañana te desvaneces cuando voy.
La brecha entre ambos está viva,
ya de hace un tiempo.
¿Pero por qué me sorprendo?
Solo tú me provocas un frío tan helado
y un anhelo tan marcado.
Unas penurias tan profundas
y unas decepciones ya tan tuyas,
tus palabras no dichas,
tu otra vida que no sé...
aquellas son mis más grandes torturas.
Te arrancaré de mi memoria
y, como tú, en mi día no te tendría.
Te ignoraré como chiste mal hecho;
a tu pedido te odiaré con fuego,
mas con esa mentira yo no puedo.
¿Por qué me das aún fe de ti?
Eres mi niña mala,
te alejas y apareces a por mí.
Mis confesiones son nada
y solo soy una travesura más
para ti, niña mala.