En extensas praderas,
con campos y entre laderas,
un camino cruza entre ellas,
a lo lejos una gran tormenta.
Los rayos iluminan y truenan,
desde lejos imponentes y resuenan.
Abriendo y cerrándose las puertas,
la tormenta ya está cerca.
Ojos fascinates observan.
Una llegada, una gran espera.
Algo incontrolable, algo insaciable,
algo que se siente incesante.