Todo comenzó por un gato en el cerebro.
Un par de zarzas son al sushi lo que mi amistad a algunos
que ni siquiera te agradecen el averlos tratado con la misma torpeza
que a un par de palillos para comer comida oriental.
Pero eso que estan pisando tus zarzas, o garras, o lo que sean
esas extremidades de titere improvisado
no es sushi,
sino más bien algo así como setenta kilos de carne molida
empapados de sangre falsa.
Eso es lo que siempre pasa.
Van a llegar a tu casa y se van a instalar
como los patos abusivos que bebian, bailaban y se metian de todo
mientras te veían como si fueras el señor cerdo sin pantalones.
Y la posterior abolladura de tu persona llega sin que nadie se lo espere.
Te van a insultar y te van a decir que si de verdad quieres entenderlos,
primero debes de extirparte los cisticercos que tienes en el cerebro
porque
¿sabes?
te hacen tanto mal
que ni siquiera permiten que los aprecies como amigos.
Por eso no te invita nadie a salir
y sigues como espectador impavido
de los más grandes excesos y escandalos jamás concebidos.
Pero no lo tomes así,
recuerda que los cuervos son capaces de copiar el alma humana
y comportarse tal y como suponen que otros piensan de ellos.
Tambien saben comer sushi con las patas
y hasta pueden mostrarse empaticos por otros de los suyos
sin confesar jamás para qué los quieren.