Así como un vidrio roto, cortante, punzante, en un río o el mar, pierde su filo y se va redondeando por efectos de la erosión y el roce con piedras y otros objetos hasta convertirse en un cristal inofensivo. Así mismo se va suavizando el espíritu de muchos seres humanos rotos por los efectos de los daños recibidos a lo largo de nuestras Vidas.
Luis Ernesto Parra Nava.
26/12/2022