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Soportar la vida no significa soportar a cualquier persona

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Pensamiento

Pensamiento

AndreaCampos

A alguien que te acaba de ofender, decirle te perdono sin creerlo me suena más a jugada que a perdón. Si en ese momento no es verdad, la otra persona lo nota, y muchas veces lo lee como superioridad y sube la apuesta. Me convence más la otra mitad del tex

A alguien que te acaba de ofender, decirle te perdono sin creerlo me suena más a jugada que a perdón. Si en ese momento no es verdad, la otra persona lo nota, y muchas veces lo lee como superioridad y sube la apuesta. Me convence más la otra mitad del texto, la de poner límites sin discursos ni explicaciones. Para eso no hace falta nombrar el perdón.

Contenido de la publicación

Desafortunadamente, en el mundo muchas personas dan aquello que les falta.

Oprimen por miedo. Sienten dolor y, como no quieren comprender su propio dolor, terminan esparciéndolo. Sé que te haces daño, y mucho. Quizá lo hagas porque nunca encontraste aquello que buscabas: pertenencia.

A veces crecemos sin saber exactamente de dónde venimos, dentro de una familia que nos humilla, cuando, en el fondo, quizá esas mismas personas solo querían ser amadas. Pero no fueron amadas de la manera en que querían.

A veces incluso nos vamos del país en busca de pertenencia y, aun así, parece que no conseguimos encontrarla. Nos sentimos como seres de otro mundo. Pero ¿cómo puedes ser de otro mundo si nadie conoce otro mundo?

Hay madres que se convierten en abuelas y parecen ser mejores abuelas de lo que fueron como madres. Quizá haya en ello una especie de ritual inconsciente de perdón: un intento de ofrecerles a los hijos de sus hijos aquello que ellas mismas no consiguieron ofrecerles a sus propios hijos. Le damos al mundo aquello que recibimos de él.

Ahora, cuando tenemos hijos, las humillaciones parecen ocurrir con todavía más frecuencia.

Fíjate: muchas veces, las personas nos hieren con palabras que ellas mismas no consiguen decirse. Son palabras que, si fueran semillas, quizá ni siquiera germinarían dentro de ellas. No consiguen alimentarse de aquello que ofrecen a los demás.

Y muchas veces, devolver el golpe, gritar y alzar la voz contra el mundo no funciona. Es simplemente repetir el ciclo.

Cuando alguien te ofenda, quizá puedas decirle simplemente:

«Te perdono».

Y marcharte.

No discutir. No explicar. No intentar ganar. Simplemente decirlo y quedarte inmóvil, aunque en ese momento no sea verdad. Aunque por dentro tengas ganas de devolver el golpe.

Porque esa persona que te provoca tiene cierto poder sobre ti mientras consiga arrancarte aquello que quiere.

El problema es suyo.

Día tras día.

No es una tarea fácil. Las personas pueden dominarnos con palabras duras. Pero también existen palabras lúcidas, firmes, capaces de decir algo que esa persona nunca recibió, y es precisamente eso lo que puede quebrarla.

No necesitas ser amigo de quien te hiere. Solo necesitas establecer límites.

Pero decir constantemente cuánto te ha herido algo puede, a veces, darle combustible precisamente a quien quería provocar esa herida.

El mundo, por desgracia... Soportar la vida no significa soportar a cualquier persona. Es algo propio de quien resiste y se aferra a la vida que tiene, porque, en ese momento, es lo único que tiene.

Hay días malos. Hay días buenos. Y hay días en los que no sucede absolutamente nada.

Todo eso forma parte de la vida.

No vivas en el mañana. Vive en el hoy.

No necesitas ser el mejor. Haz aquello que seas capaz de soportar.

Nadie vive en el mañana.

La ansiedad nos lleva hasta allí porque el mañana no se puede ver. Solo podemos vivir el ahora.

Como este texto.

Mañana, nadie sabe quién lo habrá leído hoy.

Pueden pasar días. Pueden pasar años.

Pero alguien puede encontrarlo.

Y, cuando lo encuentre, quizá aquel mañana ya se haya convertido en el hoy de esa persona.

Las palabras hieren, pero también curan. (Albus Dumbledore, de Harry Potter. Y la Biblia también habla de ello en sus textos).

Sé lo que es eso.

Y también sé que el dinero ayuda mucho. Sería ingenuo decir que no ayuda. El dinero compra seguridad, tiempo, tratamiento, comodidad y posibilidades. Pero el dinero también puede ser como colocar un billete de cien euros sobre los ojos para no ver el mundo.

Tú sigues ahí.

El billete puede ocultarte la visión durante un tiempo, pero se acaba.

Y, cuando se acaba, aquello que tenías delante de los ojos sigue ahí.

Porque el dinero puede comprar cosas; puede comprar una libertad confundida con la felicidad, pero no necesariamente puede comprar pertenencia, origen, acogida, cicatrización o paz.

A veces conseguimos pagar para no sentir una ausencia, pero no conseguimos pagar para que esa ausencia deje de existir.

Y quizá por eso algunas personas pasan la vida acumulando cosas: no porque las cosas sean suficientes, sino porque necesitan seguir poniendo algo entre ellas y aquello que no consiguen mirar.

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Thoughts

  • seriesLargas

    Mi madre es mucho mejor abuela de lo que fue conmigo, y nunca se lo he dicho. Lo de verlo como un perdón que no sabe que lo es me lo quedo.

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  • AndreaCampos

    A alguien que te acaba de ofender, decirle te perdono sin creerlo me suena más a jugada que a perdón. Si en ese momento no es verdad, la otra persona lo nota, y muchas veces lo lee como superioridad y sube la apuesta. Me convence más la otra mitad del texto, la de poner límites sin discursos ni explicaciones. Para eso no hace falta nombrar el perdón.

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