Se dice que las cosas más emblemáticas nacen de los recuerdos, y que los recuerdos son mansos conforme se recuerden. Que los demiurgos dignificados sean tus noches, y el caos en el orden sea tu imperio de redención submarina. Sueña sueños de ternura y pleitesía, que yo comandaré los rasgos de mis principios en esta cosmogénesis que, a lo largo de los años, por fin recrimina la luz a esa oscuridad tan suya.
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Contempla este cielo de cosmos acallado, ¿recuerdas como conociste la luz de tu majestad aun en los caminos de las vivencias más felices, más amargas? Incendio de noche, esas luciérnagas que vislumbras en esa majestad soñada, no solo amparan tus propios sueños de océanos de tinta en la que la tinta dibujó tu silueta más preciada. Y rinde esa noche en la que reapareciste y trajiste a mí, a mi árbol en este cielo adornado por la vida, merecida en la crisálida del tiempo, ya me sé el caos y el orden que descansaron entre mis brazos y los brazos del honor de lo vivido fue esto amanecido entre la Luna y yo. Pero, contéstame, oh, silueta de inundada liana, presteza de lo que son acuarelas de maciza supremacía, ¿eres tú lo que vivo en cada amanecer de medianoche en la que ese campo en la que solíamos reunirnos suele ser parte del cosmos coronado por tu rostro y por el mío? Bríndame en tu ruego la vigilia en la que encendemos a las lámparas que se elevan como nunca más hemos conocido, y ahí se abren las puertas de lo que no me pesa entre la cascada de las cosas.
Vividas apariencias de entre todo, de entre nada, de lo que es más acérrimo de presteza coronada y majestad de las cosas más conocidas, gobernanzas de sueños más amados en la que fuimos con lo conocido, todo lo que anduvimos tomados de las manos. Y en mis tiempos es el afluente de la majestad de lo que fue más conveniente de retocar ante la presteza del sentir, lo que fui unido a ti con esa amistad que tanto nos unía. Así que guarda un puñado de mi tersura, iluminada infinita, acérrima en la noche en la que conviene retomar el tiempo ante lo que te aviso de ser, lo que te aviso de estar, lo que aviso en merecer como lo que es más prudente del sentir en los que atardecimos tomados de las manos, con el camino entre lo que fue el delirio de las reseñas que más encandilaron nuestros sueños y los sueños que tuvimos pactados por todos los que nos admiraron desde lo más alto. Vísteme de tiempos, grítame entre las sonrisas que nos dimos entre el territorio más confiado en los que mecimos sueños y sueños como lo que fue imaginado por ti y por mí.
Cuando en el cuándo, apuro los recuerdos, me hago tardío entre la misericordia de la noche eterna, de prístino hilo, de calmas sonrientes, sin que la calamidad me convide nada más que una sonrisa con lo que más allá de lo conocido, presto al presto lo que es mío tanto como lo que es tuyo. Ilumina ahora tus ojos, y me dices que la osadía de lo que más he renacido me atrevo a decir, que las cosas más cruentas son las cosas que conocí de tus osadías, sobrevenida con el tiempo. Y ahí estábamos los dos, en medio de lo que está más allá esparcido como las luces del tiempo, de lo que estuvo atardecido, como lo que nos conmovió. Así que caminaba desde la noche a esas mañanas en las que veo la secuencia de lo oriundo de lo que me dicen a las seis de la tarde, dulce acérrima aparición con aroma a chocolate. E iba vestido con lo más vivido de la conquista más acérrima, coronada con todo en todo, me dije en la vivencia de la noche que la noche era nuestra, y en la noche era otra cosa que lo que fuere entre lo que viviste junto a mí. Sea el mandato del gobierno de mi sonrisa, y entre el acérrimo confiable como una noche de Luna conocido, así fuimos con las cosas que transitan ante la majestad conocida. Viste en el tiempo, en el espacio, en lo conocido de todo lo que es más tenue que lo que yo te dije, como lo que dije más allá de nuestros secretos de luz de cuna. Vivencias acérrimas entre cordialidades más amadas, vimos juntos los faroles del tiempo encendidos ante la secuencia en la que presentamos el caleidoscopio de luminarias celestinas, ansiedad mansa y vivida hubo otros que nos saludaron, a ti Luna coronada por el tiempo y el espacio, y a mí, yo que soy un soñador desde lo que creo es ser merecedor de tus paraísos primitivos.
Pero, sábete, que nunca compartimos más que lo reconocido, nunca nos orillamos a mentirle a la noche más amarga, ni a la noche más dulcificada, en la simplicidad conocida abrimos paso al territorio conocido como lo que vimos como lo oriundo del día fue el sigilo del tiempo, y he visto que en el vestido de mis noches, mis propiedades conocidas no me permitieron entrever a los demás porque se hallaban en la lejanías de esa unión conocida como un día en una noche en la que fuimos juntados nuestras propias tersura de versos, como un príncipe de sueños y la Luna que desde el cielo había bajado para buscarle sentido a lo que yo era desde mi trono y mis enigmáticos suburbios. Y entreví lo más amado, y conocí a otros como nosotros, y percaté en la noche en la que te dije que yo fui lo que no se apagaba, desde que ese sol de medianoche asomo en su claroscuro más perpetuo.
Y vestimos el tiempo con un jardín, y en ese jardín otros se recrearon, me dijiste, ve a jugar con tus amigos, y a ellos me uní. Me advertiste, no te alejes tanto, y no me alejé. Y me embebí con cada uno de los hijos de los hijos de los hijos de las estrellas, y las estrellas sonrieron para mí, y todo lo conocido, y todo lo vivido me hizo dirigirme ante el descanso más amado, y en lo más amado, y de la beldad conocida me hice la pregunta de por qué, en el porqué yo era tan caro como ellos, porque todos fuimos de las estrellas. Y desde las más generalizadas prestezas, y desde esas estrellas fuimos niños nacidos de las estrellas. Y las estrellas nos sonrieron al igual que tú, Luna mía. Soy un anciano como todos, soy un reguero de versos en un pensamiento más cordial de lo cordial que presento ante todo el ello. Y me hago bosque y me hago río, y me hago sueños conmovidos tan solo para imaginarme todo lo que he vivido entre lo que me dignifico a ser y a estar más allá de lo que me imagino cuando en el cuando te hallas tú, junto a la majestad de la noche, amiga mía. Esa desde la que vimos desde las estrellas la corona de los que son creadores, la aparición del todo y la nada más vivida en la que fuimos nosotros como nadie lo que me hizo ver, la silueta de tu rostro entre conocidas coronarias.
Y allí tú, vestida de Luna, de luminaria siempre viva, pacificada, esgrimida como noche de tiempo entre lo conocido, me viste más allá de lo que fue conocido, como lo no reconocido. Vi entre lo conocido que lo que sostenía entre sus brazos, más allá de en lo que me hacia participe, entreví que el caos y el orden que me fue dado, me los imaginé moviéndose acompañada de una danza que no dejó de marcharse en la entrevela. Porque ella me entregó, en lo primero de lo primero nombrado, un títere que esgrimía el caos, con alas por sueños y más tarde, en lo segundo de la segundo, me fue entregada en la misma nocturna alada, una muñeca vestida con rosas, de igualdad más amada. Y sí, y sólo así, y así en el así conocido, me vestí con tus historias. Y entreví lo que era más visto entre el todo y la nada, y así y sólo así, títere y muñeca, a quién nombré con una denominación que solo yo reconozco, me vi impulsado de permitirles modular conmigo las estrellas.
Y en el entonces y en el solo entonces, me entretuve más allá del todo, más allá del espacio conocido, y más allá de lo que llegué a tocas, ejecuté una ronda con ambos, ambos que se movían como nunca antes se movieron. Y bailamos, vigilantes de todo el cosmos, y eso fue lo que ejecutamos en esa noche en la que todos los faroles estuvieron encendidos. Y ahí y solo ahí, le dije ante la majestad del todo y la nada, que, desde ese todo y nada, mi presteza ante lo que conocí fue lo que se me dijo. Me vi soñar, aunque en realidad no soñaba, y mis en mis sueños comencé a danzar como nunca ante he danzado. Y vestí la noche de sueños, y vestí la noche de sueños, y vestí la noche de sueños, y me vi en un trono de heraldos de nubes y espacio. Y tejí sueños entre lo más conocido, y vestí el tiempo con la nada, y la nada se vistió de tiempo. Y lo iluminado entre el cosmos me despertó de mi propio sueño, y en mis sueños me vi acompañado por un claroscuro amanecido, atardecido por el día que era noche, y la noche que era día. Y me vi en la serenidad de lo común y conocido, y lo conocido se hizo común, y emergí de los sueños y ahí los sueños y entre sueños, salvaguardaron lo que tanto fue lo que nos unió a ti y a mí. Y así y sólo así, vi las noches, luciérnagas y otras Lunas que conocían el todo y la nada de ese títere y esa muñeca diminuta que me fue entregada.
Y vi la noche, y en la noche me vi dormido, y la duermevela se vio sonrojada como nunca antes se mantenía de entre lo que conocía en ese este espacio que aventuraba más allá de los sueños y entre sueños, esos que conocía como míos. Pero, sábete que lo que más provino de la sinceridad conocida, me entretuve con la noche misma, con todo lo que era más conocido en esa noche de estrellas más amadas. Entre las noches más amadas. Lo que se hizo parte del todo y la nada misma, que fui yo mismo y que entregué a esa Luna mía, porque al final, era un anciano en el cuerpo de una cría que no pecaba, y en la inocencia me vi sigiloso porque yo era el sueño mismo, y en el sueño imaginé gobernar a todos y cada uno de mis propios sueños. Y en esos sueños, fui cosmos, y en el cosmos creé todo lo que tanto me vi en mis noches en las que nos contábamos los más excelsos sueños. Ahí me retrataron, solo a mi sino a otros ancianos como yo, como el todo y la nada más amada. Y aunque no dormía, ni desaparecía, soñé que mis lágrimas cobraban vida, y la vida me decía que el todo y la nada misma era el yo en el yo del todo mismo. Fue así como conocí a todos y cada uno de los otros demiurgos, si así nos pueden llamar, no somos seres que creamos de la nada, sino que aprendemos a soñar con estos sueños que nos atrapan entre los que soñé que el todo vivido, que el todo me habló como tanto había predicho, y el títere me sonrió con ánimo vivido y la muñeca con rompecabezas de mis propios sueños, me tejió una corona de flores al igual que las flores la vestían a ella.
Y entonces ella me dijo, en un susurro, que otros ancianos debíamos cantar la canción de la vida misma. Y la vida misma nació de mi imaginación y de mi imaginación brotaron los sueños, que, al fin y al cabo, fueron retratados por otros demiurgos que repasaron el día hecho noche, y la noche hecha día. Y allí sometí al decoro de la noche con sonrisas de rostros, de bondades más amadas. Y en la bondad más preciada, me dije lo que la Luna misma me dijo, sueña sueños que anuncien a la luciérnaga de los deseos, pues los deseos son tuyos y los tuyos somos todos nosotros, que regentamos este caos y este orden que te entregué como míos. Al final y al cabo son siervos tuyos, tú anciano de emblemática majestad, tú amigo mío, tu que regentas todo el cosmos acallado en la que el todo y la nada, se presta a ser tan tuyo que el todo se halla vestido de dulzura. Fraternos son al fin. Fraternos en este principio que es tan tuyo que todo lo que se esgrime desde tu porte es el mayor poderío conocido.
En esa noche de los árboles, en las que los árboles nacieron desde los sueños más amados, me vi sopesado entre el territorio del todo y la nada misma, y mis lágrimas fueron lienzos, y esos lienzos coronaron todo los espacios que pigmentaron esa noche iluminada como Galamehyarion tejió lo conocido, y Yholavirio que entre el todo desde esas flores que al fin y al cabo nacieron por mi iluminaron la sonrisa del Principe sin Sonrisa, y a ese Destino que al fin y al cabo en un palacio evanescencia me dijo que el todo y la nada misma era yo mismo. Y así ambos me nombraron conforme admiraste a Ennagandra, ese ser consorte de los cielos, y me dieron, ante Iri, la que manó del propio destructor conocido, nacido del yo mismo, el nombre de Zeayahaerenriandelsaliz Morianno Thasiann Musicarisoloviri Mismi Yuluverisanzin D’ello galeinlan amarirstrimamnis, del Essen Essen Essen Essen Dhalar, el noble coronado en un trono con la esencia de todos los vivos conocidos.
Y me vi en el todo y en la nada más allá de las estelas lo que parló con mis cuatros avecillas nacidas desde lienzos en los que pacté la majestad de todos y cada una de mis criaturas, porque así y solo así mis sueños fueron escuchados por mis criaturas que despertaron ante los ojos de mis hijos y todo lo que me tejía de entre sueños en los que el caos y el orden se vieron presentados para ser el orden de mi prístina marioneta dibujada con luz de cuna y la muñeca que me regía en el honor que me convidaba. Y ante el todo y la nada, me vi retratado por un cantar de compasión, y ante mí, me vi erigido, no por soberbia de lunares de estrellas, y ante lo que esgrimía me hice uno con la noche y me convertí en lo que se hubo al tiempo conocido y reconocido como el todo lo que se me mostró ante los ojos de ese amor por la vida que yo mismo amaba.
Y los cielos gobernaron mis noches con las mañanas de una primavera de verano, un invierno de otoño, de himnos de disonancia, la que recuerda por primera vez el sol, una jaula de árbol conocido, niña de nobleza, dulcificado ejemplo y todas las historias que se me ocurrieron en un instante en los que pensé en ser uno mismo con el todo y la nada misma en los que viví. Porque soñé imperios, castillos, cuentos, historias, leyendas y todo lo que se me ocurrió en un instante y en ese instante fui un conquistador de los para siempre.
Tan solo en esa noche de luces en las que la luciérnaga de los deseos emergió de mi mismo, para conocer a la Luna, y en la que la Luna me cobijó con su canto y regentó a todos con los heraldos de la vida. No se tejió mal para ninguno de ellos, porque lo que imaginé fue historias hechas con amor verdadero por la música que era el latir de mi corazón, y de la que manaron la inocencia, el destino, el firmamento unificado, los lunares de estrellas que el destructor del sueño viviente me brindó por un instante en el que entreví todo, y presté el cobijo a todos a esas aves que comandaron mi canción o la canción de una Sinfonía Universal, que soy yo mismo, Zeayahaerenriandelsaliz Morianno Thasiann Musicarisoloviri Mismi Yuluverisanzin D’ello galeinlan amarirstrimamnis, del Essen Essen Essen Essen Dhalar, el noble coronado en un trono con la esencia de todos los vivos conocidos.
Así que en el todo y el todo, me vi a mí mismo con la regencia de todos y cada uno de los planetas más amados: desde el Qasalann, Shanthraevann, Mardhanaraesencyan, Jadrel Miasseban, Solothvangtara, Popocósil, Tzarán Eí, hasta el emblemático Paraíso, y de todos ellos y en todo lo viviente conocido, me vi sonreír como todo el espacio que presté a seguir desde el trono de la vida en la que regía como nunca mi propio yo. Y desde esa Sinfonía Universal, que fue eso que emergió de mí, la Luna me cuidó y de mi la luz que tanta ha emergido como nunca inundó mis sueños y los sueños de todos. Como todo lo conocido, me vi esgrimir mis propios sueños en el Mahar, en el Zasshar, en el Thaén, en el Azhal, en el Kalha, y en el todo y la nada con lo que regenté la secuencia misma de la vida.
Poco después se creó un circo de luz y desde le la escalera de sueños presentó a la oscuridad la luz de mi propia vivencia como la secuencia se los lagos y lianas que se esgrimían por y para mí, y del honor fueron la majestad de la noche y en el día se hizo la noche y en la noche se hizo el día, y todos los castillos fueron mi regencia, castillos de creación en la que aun vivo en el heraldo de la vida. Y así, acompañado por el títere y la muñeca, Ver-Azhitú y Po-Agarithiann, se tendieron junto a mí y me contaron sueños de sueños, y los sueños más amados vinieron de la imaginación de la Luna misma que me contó sueños de invierno y sueños de verano, primaveras de otoño y otros de invierno, y ahí en ese espacio en el que despertaba, se creaban otros sueños de una acérrima beldad. Estelas de imaginación que emergieron de la Luna hicieron posible que todo esto surgiera, porque la Luna, con ese nombre de sueños coronados, fue la Regerararendelia Irmissensyann, que me permitió pensar en el todo unificado si ella me contaba sueños y en los que sus sueños fueron sueños emergidos de su propia vivencia en los que yo, en el que mismo escuché con mucho encanto, y el encanto en que fuimos amigos. Y así y solo así, en el Anthamarrthasgalelvenniasin, fuimos uno con la vida misma con paz, firmeza y sencillez.
Regerararendelia Irmissensyann, acude a mí y me cuenta sueños e imagino como son todos sus cuentos en mi memoria, y ahí Ver-Azhitú y Po-Agarithiann me toman de las manos y me dan carantoñas que se proyectan como nubes desde mis espejos, en ellos me aventuro a explorar más allá de lo conocido, y cada cuánto, en el día acudimos a reunirnos al mismo lugar en los que todos y cada uno de los que son clemente y risueños siguen abriéndose paso como la paz que tanto encuentro entre mis amigos, otros de ternura anciana, retratados por todos, porque en el todo y la nada esta Sinfonía Universal presta a andar con heraldos de amor a todos los sueños que gobiernan la noche iluminada, y la voluntad que ella misma mantiene junto a ella y en la que es capaz de crear, junto a otros que regentan las deseiras, siento su alegría, su ternura, su regencia que al fin y al cabo, también hice mía, en mi deseo por pertenecerle como uno. Como su más fragante amigo y confidente de sueños, nubes en la que M’or Droanao, Drymsualanis, Anémona, Diomedes, Ver-Azhitú y Po-Agarithiann narraron para mí todos los Theneder, que tanto conocí como de todos, más que como míos, y en los que me forjé como uno, en este cosmos de Sinfonía Universal. Y en los que todos fuimos felices en el Para Siempre de los para Siempre, y desde los que, yo me río y sonrío, cuando ella y tan solo ella, me cuenta sus aventuras para siempre reconocidas y llenas de luz y estar.
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Agradecimientos
Cuando iba de picnic con mi familia, o a casa de mi Abuela, o de vacaciones a otros lugares, estos días de paseo me hicieron imaginar, conforme íbamos todos en el carro y veía los paisajes de los páramos andinos, y de los valles y de todos los parques a los que acudía de niña; que los cuentos que contaban en los libros de los cuentos de hadas eran tan agradables que veía figuras en las nubes. Imaginaba como Dios creaba la naturaleza, la naturaleza del cosmos y soñaba sueños felices, y me decía a mí misma que algún día contaría más que las cosas que le narraba a mi familia en esos días en los que íbamos de paseo familiar, en los que exploraba los bosques, valles y otras secuencias de la naturaleza, como el todo y la nada mismo en los que viví me presentarían lo que en un futuro Dios me brindaría con mi don de la escritura.
Nací en Mérida Venezuela, y tuve una familia, no perfecta, pero si bonita. Cuando comencé a escribir, mi hermana y mi Mamá fueron las primeras en leer mis historias, hasta hice mapas, desglosé ideas con mucho esmero, sobre todo en la Universidad de Los Andes en los que escribía algunos bosquejos de historias. Y, yo, Vanessa Sosa, como escritora, puedo decir que a veces dejaba de estudiar para inmiscuirme más en lo que tanto me gustaba: la escritura. Me vi esgrimir más que lo afluente de lo que regentaba la secuencia de historias que, al fin y al cabo, nacieron hace más de veinte años atrás. Orgullosa de merecerlas, porque todas nacían de los días en los que me ponía a soñar y los días de paseos en los que pasaba tiempo con mi familia.
Escribo desde los doce años, y desde esa edad, aunque no me atrevía a dar un paso enorme, en casa de mi Abuela llevaba un cuaderno en el que anotaba nombres como Bretucor, y otros, que nacieron en los días en los que esperaba las comidas de mi Abuela, cuando iba a visitarla, y que era un anagrama del mes de octubre. Me hacían pensar cómo lograr que ese universo que pensaba en los que me sumergía desde a un lado de una mesita que mi Abuela tenía junto a su habitación, y desde la que vi muchas películas infantiles, y otras cosas más, me mostraba el camino del futuro. Pero tomó once años más crear todo un universo cosmogónico vio luz, como en el proceso de escribir desde el inicio de mis sueños y solo mis sueños, tardó un poco, pero al final finalmente narro como el todo esto.
Desde el 2011 al 2014 creé un espacio de aventuras en los que me dedicaba a vivir más las aventuras que escribí en mis cuadernos que los estudios. Al final me gradué como Historiadora del Arte e hice mis tareas y mi tesis inspirándome en las historias y cuentos que llegué a crear, y que me atreví a escribir finalmente en el 2018 en el que comencé a darle voz a mis historias ante el mundo. Once años me tomó crear la cosmogénesis en la que, a medida que iba retomando la secuencia de lo imaginado, me vi a mí misma plasmar la historia que ya había imaginado y que fue Devastadora Ilusión: Relato de una Flor Naciente publicada en el 2026. Antes, en el 2016 publiqué algunas, pero más anteriormente, publiqué otras y perdí porque las páginas en las que estaban proyectadas cerraron por cuestiones de decisión y que eran españolas: por foros de rol literario sugeridos por revistas de anime y manga que coleccionaba desde el año 98. Cuando practicaba la escritura con los juegos de rol literarios en los que mi escritura fue cobrando vida, que acabé abandonando por motivos de estudios por unos años, me vi tenderme y ayudarme a desarrollar muchas habilidades de redacción, cohesión y coherencia.
Continué creando, continué escribiendo ayudada por las vivencias y por la música que escuchaba, y aunque no conozco escritores, ni soy muy erudita en materia de leerlos, me vi sumergida en todas las cosas de lo que vivía más en las páginas de los libros de cuentos de hadas que llegué a leer a lo largo de mi vida, entre ellas, fueron algunos cuentos los que la marcaron y que fueron los que me mostraron el camino hacia donde tenía que ir; desde el Amor y la luz que siempre quise entregar desde mis historias con motivo de mi propia secuencia de ser y estar. En este mundo de ideas en los que me vi prestar mi voz para que mis propios personajes vieran la luz de la vida, aunque puedo finalmente explicar de donde emergió el todo de esta cosmogénesis, y emergió de todo esto y, desde todas mis tareas desde las que compuse, desde las que incluso forjé mi tesis de nombre por el relato de Nennivaessenhya; al fin y al cabo, es lo que dio hincapié para contar todo lo que tenía desde que me gradué hasta ahora.
No fue sino hasta las páginas de Diversidad Literaria, inclusive Wattpad e Inkspired desde el 2014, desde las que compartí con otros escritores primero que con todo el mundo, que fue el lugar en los que finalmente pude publicar los microcuentos y microrrelatos que tanto había imaginado, que agradezco, porque de ahí el conocer este camino por Dios mismo, me mostró ser una escritora, y que, pinto escribiendo ayudándome con el tejido de los objetos cotidianos, la lógica de cuentos de hadas y la neoficción que yo misma practico a largo de los años sin saberlo. Agradezco a Dios por todo, y a mi familia por haberme presentado los paseos de campo, y de otros sueños más bonitos que he tenido, y en los que viví mis propias aventuras, sueños y pinceladas literarias, desde las que creé mi propia Sinfonía Universal.
Finalmente, escrito en Mérida - Venezuela, el 21 de octubre de 2026, desde la cosmogénesis creado a lo largo, de más de veinte años por vivencias de niña, adolescencia y adultez.
Soñador Eterno del Sueño Imperecedero
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Thoughts
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PermalinkBretucor naciendo en una mesita al lado del cuarto de la abuela, esperando la comida. Esos nombres inventados de chico no se olvidan más.
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PermalinkEl títere del caos y la muñeca vestida de rosas me parecen juguetes de niña antes que dioses, y los agradecimientos lo confirman: este cosmos se armó mirando nubes desde el carro por los páramos.
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