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Sombra y deseo

Styfler
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El sueño de la despedida y el despertar febril

Pensamiento

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Una_voz

Me llamó la atención el escrito la verdad, una descripción vigorosa, pero la verdad lo que me dejó resonando es tu nombre @Styfler Viva Stifler de American Pie jajajaja, no pude evitarlo lo siento se presta a todo.

Me llamó la atención el escrito la verdad, una descripción vigorosa, pero la verdad lo que me dejó resonando es tu nombre @Styfler Viva Stifler de American Pie jajajaja, no pude evitarlo lo siento se presta a todo.

Contenido de la publicación

El sueño de la despedida y el despertar febril

Era pasada la medianoche en la casa de Sergio y Andrea. La habitación estaba sumida en un silencio absoluto, con ambos ya profundamente dormidos bajo las sábanas. Sin embargo, en la mente de Andrea, la noche tomó un rumbo completamente distinto a través de un sueño tan vívido que la hizo suspirar entre sueños.

Soñaba con una vieja despedida de su trabajo anterior. En su memoria onírica, ella era la única mujer rodeada por cinco excompañeros de oficina. El recuerdo estaba marcado por la tensión que siempre había sentido en los pasillos de aquella antigua empresa: sabía perfectamente cómo esos cinco hombres se derretían mirándole el imponente y hermoso trasero cada vez que pasaba caminando con sus jeans ajustados, o cuando se agachaba frente a ellos dejando al descubierto las líneas de su colaless.

En el sueño, durante la despedida, el alcohol había fluido aquella noche, y un profundo sentimiento de arrepentimiento la invadía: se lamentaba de no haberse atrevido a tener sexo con todos ellos en ese momento, desaprovechando la oportunidad de tener a su disposición cinco penes de distintos tamaños y grosores, a los cuales ya les conocía los bultos marcados en los pantalones y cuyos contornos había sentido rozar contra su culo en más de una ocasión.

La masturbación nocturna

La intensidad del sueño hizo que el cuerpo de Andrea reaccionara de inmediato en la vida real. Empezó a agitarse entre sabanas, se quitó la pijama por completo y quedó totalmente desnuda en la oscuridad. Con una mano comenzó a masajearse los pechos con desesperación, mientras con la otra se introducía los dedos en su vagina, que ya estaba completamente empapada y chorreando por culpa de la fantasía con sus excompañeros.

Al notar la erección blanda de Sergio a su lado, Andrea decidió canalizar todo ese fuego acumulado. Se inclinó sobre él y comenzó a masturbarle el pene con rapidez y maestría hasta que el miembro de su esposo se puso duro, grueso y palpitante.

Mientras le daba velocidad a la mano, la mente de Andrea seguía volando: se imaginaba que la mano que estimulaba el pene de Sergio era en realidad el pene de uno de sus excompañeros, multiplicando su excitación hasta límites insospechados.

El despertar de Sergio y la entrega

El ritmo frenético y los jadeos de su esposa terminaron por despertar a Sergio de golpe. Al abrir los ojos en la penumbra y ver a Andrea completamente desnuda, con el rostro sudoroso y devorándolo con la mirada, no necesitó mediar palabra: la arrastró hacia él y se la empezó a meter con una urgencia brutal sobre el colchón.

Inmersa en el clímax de su fantasía, Andrea arqueó la espalda y le suplicó con voz ronca y perversa:

—Mémetelo... mémetelo por el culo, apriétame duro y hazlo sentir...

Mientras Sergio la castigaba por detrás con embestidas profundas, Andrea cerraba los ojos con fuerza y se imaginaba que eran los cinco penes de sus excompañeros los que se turnaban para poseerla, recreando mentalmente todo lo que hubiera querido hacer con ellos aquella noche de la despedida.

—¡Lámeme... Lame mi concha, chúpala ahora! —gritó Andrea en un arrebato de locura.

Sergio, obedeciendo el mandato de la excitación desatada de su esposa, se detuvo un instante para bajar la cabeza y chupar su vagina totalmente mojada y corrida, saboreando sus propios jugos mezclados con el éxtasis de Andrea, hasta llevarla al borde de un estallido monumental.

Finalmente, con un último impulso, Sergio volvió a embestirla con furia hasta que ambos alcanzaron el clímax juntos en una contracción simultánea y exhausta. Con los cuerpos bañados en sudor y la satisfacción absoluta recorriendo sus venas, se acurrucaron de nuevo bajo las sábanas y volvieron a dormirse profundamente hasta el amanecer.

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