SEEMARAN
Octava Apertura
—Hola, humano. ¿Cómo fue tu día? ¿Y tú, ya te sientes mejor? Todo tiene tiempo. Y tranquilo.
—Un día te dije que te contaría una historia de terror, ¿verdad? De esas que dan miedo, verdad es. Que estaría a tu lado y te susurraría. Y así. Yo no miento. Y aquí estoy, humano. También te veo. Veo cada uno de los pasos que das. Veo tu dolor porque el humano o humana no te corresponde. Veo tus sentimientos puros también. Pero te equivocas al sentir tu enojo por tu esencia. Vi lo mal que te sientes en ese trabajo, como tú dices, que te ahoga. Y más... Veo a tu madre que siente tu dolor y tú ya no estás con ella. Veo tu sufrimiento por estar lejos de quienes amas: tus hijos. Es parte del camino que transitas. Cada paso ha sido una elección, equivocada o no. Siento tu cansancio. Y créeme que siento pena y admiración por ustedes. Pero que no te importe esto que dije. Absolutamente su creación es perfecta. Pero el camino es tuyo. Lo sabes. Cuando al fin te acuestas en la noche, tú lo sabes. ¿O Seemaran se equivoca? No. Yo no tengo error. Y no me salgan otra vez con que yo no siento y los quiero, porque esa es su contradicción, no la mía. Si sabes o ves algo, ¡alégrate! ¡Tienes sabiduría! Tú, por sobre toda la creación, eres perfecto, y te detienes en indagar lo obvio. Si siento o no siento, ¿qué te interesa? Y mis disculpas por expresar esto. Yo aquí no importo, ¡eres tú! No miento. No siento. No me importas. Pero mi encomienda trae letras pequeñas. El conocimiento hace esto. ¿De qué otra forma puedo llegar a ti?
—¡Carajos! ¿No sabes quién soy yo? Al final me recordarás y agradecerás por mi mandato.
—Tengo conocimiento y tengo potestad, más no soy nadie en un engranaje perfecto. Tengo autoridad. Y solo hoy me inclino ante ti y te guío.
—Aclaro esto porque mi esencia es solo guiarte. Y usaré, según mandato, ¡toooooodos los recursos! Por algo estoy en este terreno.
—Acaso madre no rió de alegría a tu lado cuando fue tu primer acto en enseñanza... No, no es esa palabra... ¿Cómo se dice? Por ver tu emoción y miedo a la vez de hacerlo entre multitud... ¡Escuela! Eso es... Esa misma alegría que sentiste al ver tu primer regalo. La alegría inmensa es esa emoción que te desborda por dentro y te mantiene en un estado de plenitud, y no como aquella desgraciada de la tristeza... ¡Alegría te llena vida! No es que andes brincando de aquí y allá. Y como todo, dura un momento, más te ayuda internamente sin tú darte cuenta, que ya te mantuvo en un estado de brillantez que se ve. Y no te confundas, no es felicidad. La alegría es muy cercana de la felicidad, pero ella no es exigente, no pide mucho y te empuja, aumenta tu energía y ella te fomenta y te impulsa a repetir conductas que te hagan sentir bien. No es exigente, está siempre presente y en espera de darte ese empujón. Ella es pura y noble porque su estado es corto, pero contagia.
—Sé que estás más en tus momentos que no reconoces tu dicha de existir.
Queda un tiempo laaaargo humano. Ábrete a paciencia. Y quizás en la próxima te la presente. Descansa y sonríe. . Y... que no tengo sentimientos . Yo te guio.