Sandra era una chica muy hermosa que consiguió trabajo en un pequeño hotel alojamiento. Su tarea era cobrar a las parejas, llevarles bebidas y luego limpiar y hacer las camas. Pero Sandra tenía un secreto: detrás de un cuadro en la recepción había un pequeño visor oculto que le permitía ver lo que hacían las parejas en una de las habitaciones. Esa era su diversión favorita.
👀 LA PRIMERA PAREJA
Un día llegó una pareja: una señora mayor con bastante sobrepeso y un muchacho joven y guapo. Sandra los cobró, les llevó una bebida, y corrió a su visor. Vio cómo se desnudaban y la mujer tomó al joven por el cabello y lo guió entre sus piernas. El joven comenzó a practicarle sexo oral. La mujer se arqueaba, gemía de placer, y pronto tuvo un orgasmo abundante que bañó el rostro del joven, quien lo degustó con gusto.
Luego la mujer tomó el miembro del joven en su boca y lo chupó con destreza durante varios minutos. El joven acabó en su boca y ella tragó su semen con deleite. Se abrió de piernas y el joven la penetró por la vagina. Como un corcel, la llenó una y otra vez durante quince minutos. La mujer se arqueaba, se retorcía de gozo y llegó a un clímax intenso. Después se puso en cuatro y el joven la penetró por el ano. Parecía incansable. Acabó dentro de ella y quedaron abrazados. Minutos después ella le volvió a chupar el pene hasta que se puso firme otra vez, hicieron el sesenta y nueve, ambos acabaron, se vistieron y se marcharon felices.
👀 LA SEGUNDA PAREJA
Después llegó otra pareja: un hombre mayor distinguido y una jovencita hermosa. Sandra observó cómo el hombre se masturbaba para endurecerse y la joven se lo empezó a chupar con delicadeza hasta que estuvo listo. Luego el hombre la recostó y le practicó sexo oral. La joven se arqueaba, gemía, perdida en sensaciones nuevas. Él la penetró por la vagina y estuvieron varios minutos hasta que acabó dentro de ella. La joven se lo volvió a chupar hasta que se puso erecto otra vez, se puso en cuatro y él la penetró por el ano con cuidado durante varios minutos y acabó. Se abrazaron, se besaron, hicieron el sesenta y nueve, se ducharon juntos y se marcharon de la mano.
👀 LA TERCERA PAREJA
La tercera pareja fue una sorpresa: dos mujeres jóvenes hermosas. Se desnudaron, se abrazaron y se besaron con pasión. Se acomodaron y hicieron el sesenta y nueve, chupándose mutuamente sus partes íntimas. Se introducían los dedos en la vagina y en el ano, se arqueaban de placer, una acababa en la boca de la otra y la bebía con deleite. Esa escena excitó tanto a Sandra que, mientras miraba, comenzó a masturbarse con frenesí y acabó al mismo tiempo que ellas. Las jóvenes se vistieron y se fueron. Sandra vio su mano mojada, se lavó y sonrió. Lo había disfrutado muchísimo.
👀 LA CUARTA PAREJA
La cuarta pareja eran dos jóvenes bellos: ella rubia, él morocho. Se desnudaron y al ver el gran tamaño del miembro del muchacho, la chica pareció asustarse. Él la tomó por el cabello y la hizo chuparlo. Acabó llenándole la boca de semen y ella lo tragó. Luego la penetró vaginalmente. La chica gritó de dolor, era muy estrecha, pero él no se detuvo. Sacó y metió varias veces hasta que el dolor se transformó en excitación. Ella gemía de gozo y llegó al orgasmo. Él la dio vuelta y la penetró analmente. La chica meneaba el culo gustosa. Él acabó dentro de ella, se recostaron abrazados, se besaron y luego hicieron el sesenta y nueve. Acabaron los dos, se relamieron, se besaron, se vistieron y se fueron. Sandra estaba ardiendo, se masturbaba con ambas manos, sentía fuego en su entrepierna, quería tener sexo pero no sabía cómo ni con quién.
❤️ EL DEBUT DE SANDRA
El turno terminó. Sandra caminó a casa. Cuando faltaba una cuadra, vio a su vecina Liliana discutiendo con su novio Ricardo. Liliana lo insultaba, le decía que lo había engañado con su mejor amigo, que lo tenía diminuto, que no servía para nada. Se dio media vuelta y lo dejó solo sentado en la vereda, llorando de humillación. Sandra se acercó, lo abrazó, lo consoló y le dio un beso en la frente.
Ricardo la miró con ojos llenos de gratitud. Se abrazaron fuerte, se acariciaron y de pronto se besaron apasionadamente. Sandra estaba muy excitada y le dijo:
—Ricardo, me gustaría tener sexo contigo. Nunca tuve sexo. Quiero debutar con vos.
Ricardo la llevó a su casa. La desnudó con infinito cuidado. Ambos desnudos, se acariciaron con ternura. Él le acarició los pechos, el abdomen, abrió sus piernas y comenzó a besar, lamer y chupar su vulva con devoción. Sandra sintió un fuego que la consumía. Se arqueó, se meneó y tuvo su primer orgasmo profundo y poderoso.
—¿Estás lista? —preguntó él.
—Sí, penetrame. Por favor, entrá en mí.
Ricardo apoyó su miembro —que no era pequeño, nada de lo que Liliana decía era verdad— y empujó despacio. Sandra sintió un poco de dolor pero aguantó. Poco a poco entró completo. Comenzó el movimiento: entrar y salir, con ritmo y cariño. El dolor se transformó en placer intenso. Ambos llegaron al orgasmo juntos, abrazados.
Se recostaron uno al lado del otro, se besaron y se hicieron mimos. Sandra le dijo con una sonrisa radiante:
—¿Te gustó?
—Sí, muchísimo. Y estoy orgulloso de haber inaugurado tu concha, mi hermosa Sandra.
Ricardo la dio vuelta suavemente:
—¿Querés probar por atrás también?
—Sí, quiero hacerlo todo con vos.
Él aplicó abundante gel en su ano y en su miembro. Penetró con suavidad, milímetro a milímetro. Sandra meneaba el culo gustosa. Él entraba y salía despacio, con cariño, hasta que acabó dentro de ella por detrás. Mientras tanto, Sandra se masturbaba con sus dedos y tuvo otro orgasmo intenso. Cayeron los dos exhaustos, abrazados y felices.
—¿Qué nos falta? —preguntó Sandra.
—Faltaría un sesenta y nueve —dijo Ricardo—. Que me la chupes y pruebes mi leche.
—Sí, quiero probar tu leche.
Sandra comenzó a chupar su pene con dedicación. Ricardo acabó en su boca y ella tragó con deleite. Siguió chupándolo y él se mantuvo erecto.
—¿Cómo sabes todas esas cosas? —le preguntó él sorprendido.
—Tengo un secreto —confesó ella riendo—. En el hotel hay un visor oculto. Miro a las parejas. Aprendí todo ahí… pero nada se compara con esto, con vos.
Se acomodaron y hicieron el sesenta y nueve perfecto. Ella lo saboreaba, él la amaba con la boca. Lo hicieron durante largo tiempo y al final los dos acabaron al mismo tiempo, él en su boca y ella en la suya, compartiendo todo, dándose todo.
Se acariciaron, se besaron, se abrazaron. Sandra estaba feliz: había debutado sexualmente y lo había hecho con el hombre que amaba. Ricardo era un buen muchacho, leal y cariñoso. Desde ese día fueron novios, se quisieron mucho, se respetaron y disfrutaron de un sexo hermoso, pleno y divertido, cada vez que estaban juntos, amándose con el cuerpo y con el alma.
✨ FIN ✨