Señor, Tú conoces las habitaciones de mi corazón,
las que mantengo abiertas
y aquellas cuya puerta todavía me cuesta abrir.
Conoces mis preguntas antes de que encuentre las palabras,
mis silencios antes de que se conviertan en lágrimas,
y mis sueños antes de que tengan nombre.
Tú sabes cuántas veces dije:
“Esta vez será diferente”,
y cuántas veces tuve que comenzar otra vez.
Has visto mis manos levantarse en adoración
y también has visto mis manos temblar
cuando no entendía lo que estabas haciendo.
Conoces aquello que amé,
aquello que perdí,
aquello que nunca fue mío
y, aun así, dejó una marca en mi historia.
Tú sabes cuántas veces confundí nostalgia con destino,
intensidad con propósito
y una puerta abierta
con una puerta que Tú habías mandado atravesar.
Pero Tú nunca confundiste mi camino.
Cuando yo quería respuestas,
Tú estabas formando carácter.
Cuando yo quería llegar,
Tú estabas enseñándome a permanecer.
Cuando yo quería que cambiaras mi historia,
Tú estabas cambiando mi corazón.