Antes de olvidarte,
dejaré que el frío pronuncie mi nombre,
que la noche cierre sus manos
y me sepulte junto a tu sombra.
Fuiste el beso sobre la herida,
la plegaria que también condena;
te amé con la fe de los muertos,
sin esperar que algo los devuelva.
Antes de olvidarte,
apagaré la última estrella,
por si al morir su luz
se lleva también tu silueta.
Y cuando ya no te busque
ni te nombre al anochecer,
será que al fin el olvido
empieza a abrirse paso en mí.
Solo habré aprendido a sonreír
mientras tu ausencia me desangra,
y a darte por muerto en mis versos,
aunque en mí tu recuerdo aún arda.