Él se merecía algo mejor que yo.
O al menos eso pensaba.
Pensaba que quizá no era suficiente, que tenía cosas que cambiar y que algún día podía aparecer alguien que fuera mejor para él que yo.
Y la verdad es que no quería imaginarlo con alguien más.
Así que decidí cambiar.
No de un día para otro, ni intentando convertirme en una persona completamente diferente.
Simplemente empecé a trabajar en mí.
Aprendí a reconocer mis errores.
A controlar algunas reacciones.
A escuchar más.
A entender cosas que antes no sabía manejar.
Quería ser una mejor persona para él.
Quería que, si algún día miraba hacia mí, pudiera sentirse orgulloso de la persona que tenía a su lado.
Y sí, al principio muchas de esas ganas de mejorar nacieron del miedo a perderlo.
Del miedo de pensar que alguien más podía llegar y darle aquello que yo todavía estaba aprendiendo a ofrecer.
Pero con el tiempo entendí algo mucho más importante:
No debería mejorar solamente para que alguien decida quedarse.
Debería hacerlo porque yo también merezco conocer una mejor versión de mí.
Quizá él fue el motivo por el que empecé a cambiar ciertas cosas.
Pero no quiero que mi crecimiento dependa de que él vuelva.
Porque si algún día nuestros caminos vuelven a encontrarse, quiero llegar siendo una persona que aprendió, no alguien que cambió desesperadamente para conseguir una segunda oportunidad.
Y si nunca volvemos a estar juntos, todo lo que aprendí seguirá siendo mío.
Mis cambios.
Mis aprendizajes.
Mis avances.
Mi crecimiento.
Así que quizá me equivoqué cuando pensé que él merecía alguien mejor que yo.
Porque no se trata de ser mejor que alguien más.
Se trata de aprender a ser mejor que la persona que fui ayer.
Y tal vez algún día pueda mirar hacia atrás y entender que aquella persona que tanto quería no fue solamente alguien por quien quise mejorar.
También fue parte del camino que me enseñó a quererme lo suficiente como para seguir creciendo, incluso cuando ya no estuviera a mi lado.
Porque al final, si alguna vez mejoré por ti…
hoy quiero seguir mejorando por mí. 🤍