La guardia que te costó tanto armar se cayó por alguien que ni siquiera la estaba empujando. Me suena a que por eso pesa doble, porque la bajaste tú, con gusto.
Qué irónico, ¿no? El mismo chico que te devolvió las ganas de amar fue quien te las quitó. Pregunta Sin responder
Pensamiento
La guardia que te costó tanto armar se cayó por alguien que ni siquiera la estaba empujando. Me suena a que por eso pesa doble, porque la bajaste tú, con gusto.
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Qué irónico, ¿no? El mismo chico que te hizo volver a sentir amor fue el que terminó dejándote sin ganas de nada.
Después de tanto tiempo convenciéndote de que era mejor no sentir demasiado, de aprender a no ilusionarte con facilidad y de proteger tu corazón para que nadie volviera a lastimarlo, apareció él. Y, sin darte cuenta, comenzaste a creer otra vez.
Volviste a emocionarte por un mensaje, a sonreír mirando una pantalla, a imaginar momentos que todavía no habían sucedido y a encontrarle algo bonito a los días simplemente porque tenías a alguien en quien pensar. Empezaste a bajar la guardia, a permitirte sentir y a creer que quizá no todas las historias terminarían de la misma manera.
Lo más curioso es que probablemente ni siquiera estabas buscando enamorarte. Quizá solo querías conocer a alguien, pasarla bien y dejar que las cosas sucedieran sin expectativas. Pero algo en él fue haciendo que tus límites se volvieran un poquito más flexibles, que tus miedos parecieran menos importantes y que esa parte de ti que habías mantenido escondida comenzara a despertar.
Y entonces te enamoraste.
No necesariamente de golpe, ni de una manera que pudieras reconocer desde el principio. Tal vez fue poco a poco, entre conversaciones, detalles y momentos que parecían insignificantes hasta que un día descubriste que esa persona ya ocupaba un lugar demasiado importante en tu corazón.
Pero después las cosas cambiaron.
El mismo mensaje que antes te hacía sonreír comenzó a ser algo que esperabas sin recibir. Las conversaciones que te alegraban los días se convirtieron en recuerdos que volvías a leer para sentirlo cerca. Y las ilusiones que habías construido con tanta ternura comenzaron a doler cuando tu realidad dejó de parecerse a lo que imaginabas.
Y ahí estabas tú, intentando entender cómo alguien que te había devuelto tantas emociones bonitas podía terminar convirtiéndose en una de las razones por las que ya no tenías ganas de sentir nada.
Quizá lo más doloroso no fue solamente perderlo a él. Fue sentir que, junto con su ausencia, también se había ido esa versión de ti que volvía a emocionarse por las cosas pequeñas, que confiaba sin tanto miedo y que todavía encontraba motivos para creer que el amor podía ser algo bonito.
Por eso, después de una historia así, a veces uno no dice «ya no quiero enamorarse» porque haya dejado de creer en el amor para siempre. Lo dice porque está cansado, porque no quiere volver a pasar por lo mismo y porque necesita tiempo para recoger todas las partes de sí mismo que dejó en una historia que no salió como esperaba.
Pero, por favor, no confundas lo que te hizo sentir una persona con lo que todavía eres capaz de sentir. Que él haya despertado tu corazón y después lo haya lastimado no significa que tenga el poder de decidir cómo será el resto de tu historia.
Qué irónico que quien te recordó lo bonito que era sentir terminara enseñándote lo mucho que puede doler. Pero algún día, cuando vuelvas a sonreír sin pensar en él y las pequeñas cosas recuperen su color, quizá entiendas que no se llevó tu capacidad de amar; solo te dejó una herida que necesitaba tiempo para sanar. Y tú mereces que la vida vuelva a sentirse bonita, incluso si esta vez aprendes a hacerlo primero por ti. 💔🩹
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Qué irónico, ¿no? El mismo chico que te hizo volver a sentir amor fue el que terminó dejándote sin ganas de nada.