Poesías de Alta Mar
Poema 1: El mar y su canto
En lo alto del mar, donde el cielo se abraza
con olas que corren en libre carrera,
el agua murmura, se agita y se pasa,
cantando canciones que nacen y mueren.
Su azul es tan hondo, su brisa tan fina,
que el alma se olvida de todo dolor;
la mar se levanta, la mar se inclina,
y lleva en su ritmo un antiguo amor.
No tiene fronteras, no tiene reposo,
recorre el mundo sin jamas parar;
es libre, es inmenso, es sabio y hermoso,
¡el corazón del océano profundo y salado!
Poema 2: Navegando hacia el sol
Las olas me llevan, mecen mi barco,
la espuma me saluda al pasar;
camino sin prisa, despacio y despierto,
sobre esta inmensidad que no tiene final.
El viento me habla de tiernas leyendas,
de estrellas que guían al navegante;
el mar guarda secretos, historias profundas,
que solo escuchan quienes saben amarle.
A veces tranquilo, a veces bravío,
a veces suave como un suspiro;
el mar es la vida, inmenso y vario,
y en su pecho abierto todo lo abriga.
Poema 3: El alma y el mar
Dicen que el alma se parece al mar:
tiene calma y furia, profundidad y luz;
a veces se queda tranquila al mirar,
a veces se agita y se lanza veloz.
Alta mar, alma mía, que vas y que vienes,
que llevas en ti tanta inmensidad;
tu azul se confunde con el cielo que viene,
y juntos se abrazan en eternidad.
Lo que el mar siente, el alma lo siente,
lo que el mar canta, el alma lo oyó;
somos parte del agua, somos parte del viento,
somos chispas de luz que el océano crió.
Poema 4: En la inmensidad azul
Lejos de tierra, en alta mar abierta,
donde solo hay agua, viento y cielo,
siento que el alma se vuelve despierta
y vuela libre, sin miedo y sin velo.
Las olas pasan como pensamientos,
que vienen, se van y no dejan huella;
el mar todo lo limpia, todo lo lleva,
y devuelve al alma su paz más bella.
Que mi vida sea como el mar profundo:
generosa, amplia, libre y leal;
que pueda abrazar, sanar y entender,
y brillar siempre, azul y sin final.