Cargando…

Perdí mis audífonos...

MiguelVicencio
Pública 22 conversaciones 31 pensamientos 55 votos positivos 0 votos negativos 0 series

Mientras caminaba por la calle ansioso por escuchar música me percaté que mis audífonos no estaban en mi bolsillo, y para alguien que no puede pasar un solo segundo sin distraerse, este descuido se…

In groups

Pensamiento

Pensamiento

Gamar

En esta nueva forma de vida, le va a pasar mucho a los jóvenes que ven como tragedia quedarse sin batería y tener que levantar la vista para darse cuenta del entorno en el que viven. Los auriculares son un punto extra de des conexión, que uno puede tener

En esta nueva forma de vida, le va a pasar mucho a los jóvenes que ven como tragedia quedarse sin batería y tener que levantar la vista para darse cuenta del entorno en el que viven.
Los auriculares son un punto extra de des conexión, que uno puede tener igual sin nada tecnológico extra; basta que ir al trabajo siempre por el mismo camino.
Recuerdo uno de esos viajes al trabajo en la ciudad de Buenos Aires cuando se me ocurre ver hacia arriba y había otra ciudad, obras de arte de arquitectura que nunca había visto y estaban ahí.
Tal vez después de estos lleves los auriculares en el bolsillo de vez en cuando.

Contenido de la publicación

Mientras caminaba por la calle ansioso por escuchar música me percaté que mis audífonos no estaban en mi bolsillo, y para alguien que no puede pasar un solo segundo sin distraerse, este descuido se sintió más como tragedia. No me malentiendan, dentro de todo, estoy consciente que mi problema es insignificante frente a la crísis que el mundo enfrenta en la actualidad (aplica en cualquier momento que esto se lea), pero a decir verdad, este descuido fue suficiente para arruinar mi día.

Como sucede en -casi- toda tragedia tan espontánea, no tuve otra opción más que seguir de frente, pero no sin antes preguntarme ¿cómo podría un idiota como yo sobrevivir tantas horas sin un respiro del abrumador mundo que me rodea? Con el reloj avanzando y una cita de doctor al otro lado de la ciudad, no me quedó otra opción más que obligarme a avanzar para ganarle al tiempo. En el camino, todo se sentía distinto; las calles que he recorrido al menos cinco veces a la semana durante los últimos dos años, tenían más baches de lo normal, la tienda de abarrotes de paredes azul marino en la que he comprado al menos tres veces desde que me mudé al vecindario, resultó en realidad ser de un tono celeste, y la casa de mi vecino por la que paso a diario de pronto parcía tener tres pisos.

En el camino, podía escuchar el rodar de la llanta a medio inflar de mi bicicleta raspando conta el asfalto; el ruido del tráfico de la ciudad se entremezclaba con la música de los autos mientras los sonidos de la naturaleza urbana -o lo que queda de ella- me acompañaban en cada paso. El sol que siempre pasaba tan desapericibido se convirtió en mi peor enemigo y en cuestión de minutos, mi rostro se llenó de gotas de sudor que resbalaban por mi cuerpo como una nieve de coco dejada a la suerte en pleno verano. El camino seguía y cada minuto parecía eterno. Sin música retumbando entre mis tímpanos para silenciar el ruido de mis pensamientos, todo parecía tan ordinario, y fue ahí cuando una voz me hizo frenarme de golpe, ‘¡Chinga tu madre, pendejo!, le decía un conductor desde un auto al otro. ¿Qué habrá sucedido entre ellos para desatar esta violenta interacción?; estaba intrigado. Tal vez, uno descubrió que el otro era el amante de su esposa; tal vez, solían ser amigos pero uno le robó al otro y ahora irá a prisión, tal vez, era un policía cuya fachada de capo acababa de ser expuesta... o bueno, tal vez, solo se le cruzó por en frente en la intersección. Como sea, las posibilidades parecían ser infinitas, y por un momento, me detuve para dibujar mil historias en mi cabeza.

Continué mi camino pensando en aquella interacción cuando de pronto, un segundo encuentro me hizo voltear a ver. Una joven pareja iba de la mano con dos peculiares figurines de chango de alambre revestidos con peluche en tonos estridentes difíciles de ignorar. ¿Será esa la nueva forma de amor moderno?, me pregunté a mí mismo. Y es que de un momento a otro, la Ciudad de México parecía ser el epicentro de una epidemia de changos rosas que proyectan líquidos de dudosa procendencia por el trasero.

A un par de calles de llegar a mi destino, me encontré con un hombre disfrazado de gallo protagonizando una batalla de baile contra una botarga del Dr. Simi, -un símbolo no oficial del patrimonio de México- frente a una multitud fascinada por tal escena. Era oficial; sentía que estaba perdiendo la cabeza. No pude evitar soltar una carcajada ahogada, y es que, ¿cómo no hacerlo cuando un simple recorrido en bicicleta por la ciudad se había convertido en la trama de una película de comedia independiente de bajo presupuesto?

Al llegar a mi destino me di cuenta de algo, la molestia de no tener mis audífonos conmigo se había sustituido por una alegría absurda que me hizo sentirme honrado de haber presenciado una muestra de la extraña belleza que solo esta ciudad puede entregar. Estaba fascinado de lo mucho que disfruté de escuchar conversaciones ajenas y crear escenarios en mi cabeza; y no desde un sentido voyerista -¿espero?-.

Perdí mis audífonos... lo que comenzó como la peor tragedia que le podría haber sucedido a un hombre intentnado silenciar el mundo por unos minutos para llegar a su destino, terminó por ser una experiencia transformadora. Ahora entiendo que no podemos controlar todo lo que suecede, pero sí la intención con la que lo recibimos. Mientras mis audífonos olvidados en alguna banqueta de la ciudad encontraban a su nuevo y afortunado dueño, yo comprendí que en ocasiones, solo falta con prestar atención a tu alrededor para encontrar el verdadero sentido de la existencia.

Thoughts

  • Elena_V

    Aquella pelea. En el mostrador escucho eso constantemente. Me queda imaginando qué pasa entre ellos mientras compran.

    Permalink
  • Anselma

    Aprendí a mirar así con los niños, cuarenta pares de ojos nuevos enseñan mucho. Qué regalo eso que te pasó sin audífonos.

    Permalink
  • Gamar

    En esta nueva forma de vida, le va a pasar mucho a los jóvenes que ven como tragedia quedarse sin batería y tener que levantar la vista para darse cuenta del entorno en el que viven.
    Los auriculares son un punto extra de des conexión, que uno puede tener igual sin nada tecnológico extra; basta que ir al trabajo siempre por el mismo camino.
    Recuerdo uno de esos viajes al trabajo en la ciudad de Buenos Aires cuando se me ocurre ver hacia arriba y había otra ciudad, obras de arte de arquitectura que nunca había visto y estaban ahí.
    Tal vez después de estos lleves los auriculares en el bolsillo de vez en cuando.

    Permalink
  • solo_curioseo

    ¿Cuál fue la calle o el lugar que más te sorprendió que fuera diferente a lo que recordabas?

    Permalink
  • quiza_me_equivoco

    Tal vez nuestras ciudades siempre están así de raras, pero normalmente estamos tan distraídos que no vemos nada. Lo cual es inquietante.

    Permalink
  • pregunta_rapida_

    ¿Esos changos de peluche y la pareja fueron en el mismo viaje, o es que toda la ciudad estaba en modo extraño ese día?

    Permalink
  • idea1908

    Un gallo vs Dr. Simi es la película de bajo presupuesto de la que México necesitaba venderle el guion al mundo 😂

    Permalink
  • cuatrocafes

    Sin música entre mis tímpanos para silenciar el ruido de mis pensamientos. Eso también es mío, claro que sí.

    Permalink
  • asintiendo_desde_aca

    De toda esa caminata, ¿hay una línea del viaje que te seguía dando vueltas después?

    Permalink