Socorro, en un día cualquiera y de la forma más inesperada, la vida me regaló el privilegio de conocerte. A veces me pongo a pensar en cómo el destino nos sorprende con personas mágicas, llenas de una luz auténtica que no se encuentra en cualquiera. Tienes una sonrisa única y una luz propia que no solo ilumina, sino que abraza; te has vuelto alguien profundamente especial e imprescindible en mi vida.
Dicen que los diamantes y las perlas brillan con fuerza, pero tú los opacas por completo. Tu verdadero brillo no depende de nada externo: viene de esa belleza tan tuya, la que llevas por dentro y que se refleja intacta en tu exterior. Eres única, una persona excepcional que deja huella donde camina.
No sé si la vida nos cruzó porque tú me necesitabas, porque yo te necesitaba a ti o simplemente porque sabíamos que juntos seríamos un refugio. La vida es así, extraña y misteriosa, pero completamente sabia en sus tiempos. Lo único que sé con certeza es que no quiero que te vayas nunca. Espero que sigamos caminando a la par, sabiendo que, no importa la tormenta ni el escenario, siempre contaremos el uno con el otro para levantarnos y apoyarnos.
Cada día le pido a Dios por ti. Que mis oraciones sean un escudo invisible que te proteja en el camino y un abrazo constante que te llene el alma cuando más lo necesites. Confía siempre en la persona maravillosa que eres; mantén intacta la fe en ti, en tu fuerza y en tu capacidad. Deseo de todo corazón que cada uno de tus sueños, proyectos y anhelos se hagan realidad, porque alguien con un corazón tan noble merece ver el mundo a sus pies. Gracias por ser, por estar y por alumbrar mi vida.