Cuando llega la noche y notas sola tu habitación, sientes alegría porque crees que se acabó el dolor.
Aquellos sueños, se convierten en pesadillas cuando debes despertar, y solo quieres volver a dormirte para no escuchar.
La decisión ya no se trata de elegir entre estar muerta o quizá viva, ahora solo crees en la posibilidad de estar para siempre dormida.