Dicen que las mujeres no se enamoran del físico, sino del trato que reciben.
Y quizá no sea una regla para todas, pero sí hay algo que muchas aprendemos con el tiempo:
el físico puede llamar tu atención, pero la forma en que alguien te trata es lo que empieza a ocupar un lugar en tu corazón.
Te enamoras de cómo te escucha.
De cómo se acuerda de pequeños detalles que tú misma pensabas que nadie notaba.
De cómo te hace sentir cuando estás con él.
De la tranquilidad que te da saber que puedes hablar sin miedo, ser tú misma y no tener que preguntarte constantemente si todavía le importas.
Y de la misma manera, también puedes desenamorarte.
No necesariamente porque un día deje de gustarte su cara o porque desaparezca todo lo que alguna vez sentiste.
A veces te desenamoras cuando empiezas a sentirte sola estando a su lado.
Cuando sus palabras ya no coinciden con sus acciones.
Cuando aquello que antes te hacía sentir especial empieza a hacerte sentir insuficiente.
Cuando tienes que pedir una y otra vez cosas que antes recibías de manera natural.
Porque así como alguien puede hacerte enamorarte poco a poco con su manera de tratarte, también puede hacerte dejar de sentir lo mismo con cada indiferencia, cada decepción y cada vez que te demuestra que ya no está cuidando el lugar que ocupa en tu vida.
Al final, no siempre nos enamoramos de lo que alguien tiene.
Muchas veces nos enamoramos de cómo nos sentimos cuando estamos con esa persona.
Y cuando esa sensación desaparece, también puede empezar a desaparecer el amor. 💜