Nunca quise irme de tu vida.
Te juro que no.
Hubo un tiempo en el que habría hecho cualquier cosa por encontrar una manera de quedarme, de arreglar lo que estaba roto y de demostrarte que todavía quería estar ahí.
Pero me hiciste entender de una y mil formas que no me querías en tu vida.
No fue una sola despedida.
Fueron las veces que tuve que buscarte para sentir que todavía te importaba.
Las conversaciones que dejaron de existir.
La distancia que cada vez se hizo más evidente.
Y esa sensación de estar intentando ocupar un lugar que ya no estaba disponible para mí.
Entonces me fui.
No porque dejara de quererte, sino porque entendí que no podía seguir intentando quedarme donde mi presencia ya no era deseada.
Y quizá esa sea una de las despedidas más difíciles:
cuando todavía quieres quedarte, pero finalmente aceptas que amar a alguien no significa insistir hasta que te hagan un espacio.
A veces te vas con el corazón lleno de amor, pero con la certeza de que quedarte ya no te hace bien. 💜