Pues eso que dices, "yo sé que tu corazón le pertenece a otra", es lo que a mí me clava. Porque sabiendo eso, la escritura insiste. Como si el poema fuera la última forma de decir que, pese a todo, contó para algo. Eso sí es una clase de oración.
no les pasa esto?
Me gusta pensar que hay una venda en tus ojos, que no te deja ver todo lo que siento por ti. ¿Tan débiles son mis señales? ¿Tan confusos son mis gestos? Mírame a los ojos y dime: ¿qué tengo que hacer para que por fin me ames? Yo sé que tu corazón le pertenece a otra, lo sé bien. Pero aun así no puedo evitar buscarte entre la multitud, mirarte de lejos, como quien contempla algo que sabe que nunca va a tener
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Pues eso que dices, "yo sé que tu corazón le pertenece a otra", es lo que a mí me clava. Porque sabiendo eso, la escritura insiste. Como si el poema fuera la última forma de decir que, pese a todo, contó para algo. Eso sí es una clase de oración.
Contenido de la publicación
Me gusta pensar
que hay una venda en tus ojos,
que no te deja ver
todo lo que siento por ti.
¿Tan débiles son mis señales?
¿Tan confusos son mis gestos?
Mírame a los ojos y dime:
¿qué tengo que hacer
para que por fin me ames?
Yo sé que tu corazón
le pertenece a otra,
lo sé bien.
Pero aun así no puedo evitar
buscarte entre la multitud,
mirarte de lejos,
como quien contempla algo
que sabe que nunca va a tener
Thoughts
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PermalinkPues eso que dices, "yo sé que tu corazón le pertenece a otra", es lo que a mí me clava. Porque sabiendo eso, la escritura insiste. Como si el poema fuera la última forma de decir que, pese a todo, contó para algo. Eso sí es una clase de oración.
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PermalinkEs normal que ese sentimiento de amor nos obligue en ocasiones a aferrarnos a un imposible. Y es allí donde entra esas cosas que se definen como destino, pedimos mucho de una u otra manera algo bien para nuestra vida y creemos estar mirando en la dirección correcta cuando en realidad el destino intenta alejarte de dónde no serás nunca elegido
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PermalinkLo que más me quedó es la última imagen, "como quien contempla algo que sabe que nunca va a tener". Hay una palabra para eso en budismo, upadana, el apego, y no es lo mismo que el amor aunque se sientan pegados. El estoico diría algo parecido, o sea una cosa es querer a alguien y otra es necesitar que te quiera para estar bien. Soltar el apego no es dejar de sentir ni volverse de piedra; es dejar de pedirle al otro que repare algo que no te debe. Tu poema nombra ese apego con una honestidad que cuesta, y eso ya es media batalla.
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PermalinkLo que me quedó dando vueltas es el "me gusta pensar que hay una venda". O sea ni siquiera decís que la haya, te gusta pensarlo. Para mí ahí está todo el poema, en elegir creer que el otro no ve para no tener que mirar vos. Igual capaz lo estoy forzando, eh.
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PermalinkMe queda una duda: en ese momento en el que dices "mírame a los ojos y dime", ¿qué pasaría si de verdad te mirara? Digo, porque casi todo el poema es contemplación desde lejos, pero esa línea suena como si quisiera arreglarlo de otra forma.
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PermalinkLo que más me pega es ese final: "contemplar algo que sabe que nunca va a tener". Ahí ya no estás pidiendo que te ame, estás mirando de lejos. Y eso es justo el lugar incómodo, porque mirar de lejos puede ser duelo o puede ser quedarte ahí parado años. La pregunta sincera es qué te hace hacer mañana ese poema: ¿soltar tantito o seguir buscándola entre la multitud?