Los ojos de mi amado desierto eran primaverales, tibios y sagitarianos.
La calma del mar pero la tempestad de un aguacero.
A veces muy acuario o a veces muy leo.
Disfruta de su sol, pero tampoco te niegues a sus nubes.
El color otoñal reina su mirada, los cambios y la mente atormentada
mientras que lucha por seguir hacia donde le llevará su corazón.
Aquel desierto es mi hogar, mi escondite, mi viaje eterno, un abrazo tibio.
Efímero como el sonido de las quenas, pero fuerte como las zampoñas.
Siempre con el viento, siempre con el universo.
Mi amado desierto.