Lo que describes de cómo una sociedad normaliza la miseria es lo mismo con la historia. Los gobiernos no ocultan lo que pasó; lo ponen en letra chica. Una generación entera crece sin reclamo porque nunca supo que debería haberlo. La película funciona porque muestra eso sin predicar: cómo el silencio se convierte en estructura, cómo el abandono deja de sorprender a nadie.
Monstruo de St. Pauli: Cuando el verdadero monstruo deja de sorprendernos
Hay películas sobre asesinos seriales, otras intentan explicar cómo piensan o por qué matan. Monstruo de St. Pauli elige un camino completamente distinto. Después de verla, me quedó la sensación de…
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Lo que describes de cómo una sociedad normaliza la miseria es lo mismo con la historia. Los gobiernos no ocultan lo que pasó; lo ponen en letra chica. Una generación entera crece sin reclamo porque nunca supo que debería haberlo. La película funciona porq
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Hay películas sobre asesinos seriales, otras intentan explicar cómo piensan o por qué matan. Monstruo de St. Pauli elige un camino completamente distinto. Después de verla, me quedó la sensación de que Fatih Akin nunca estuvo realmente interesado en Fritz Honka. Lo utiliza para hablar de algo mucho más incómodo: una sociedad que aprendió a convivir con la miseria hasta el punto de dejar de verla.
Siempre pensamos que el monstruo de la película es Honka. Pero cuanto más la recordaba, más me convencía de que el verdadero monstruo no era una persona. Era el mundo que la rodeaba. Un mundo donde el abandono, el alcoholismo, la violencia y la soledad dejaron de ser excepciones para convertirse en parte del paisaje cotidiano.
Y creo que ahí está la verdadera fuerza de la película.
Desde el primer minuto todo transmite una sensación de decadencia. No solamente el departamento de Honka. Los bares, las calles, la ropa, los cuerpos y hasta la manera en que los personajes se relacionan parecen estar completamente desgastados. La suciedad nunca funciona como una decisión estética. Es una forma de hablar del estado moral de ese universo. Fatih Akin construye un mundo donde nadie parece vivir realmente; simplemente sobrevive un día más.
Eso hace que el horror funcione de una manera muy distinta a la de la mayoría de las películas del género. Acá no hay grandes persecuciones ni asesinos brillantes. Honka nunca resulta especialmente inteligente, tampoco intenta convertirse en una figura fascinante. Da miedo precisamente porque es un hombre absolutamente ordinario. Porque entendemos que no pertenece a un mundo extraordinario. Pertenece al nuestro.
Y quizá esa sea la idea más perturbadora de toda la película.
Los monstruos no siempre aparecen como figuras excepcionales. Muchas veces pasan desapercibidos porque aprendimos a normalizar aquello que debería escandalizarnos.
Hay una sensación que me acompañó durante toda la película y que pocas veces experimenté en el cine. Todo parece tener olor. El departamento de Honka transmite una suciedad casi física. La humedad de las paredes, la acumulación de basura, el alcohol, el deterioro de los muebles y la descomposición de los cuerpos construyen una atmósfera tan inmersiva que por momentos resulta difícil no sentir rechazo. No recuerdo muchas películas capaces de generar una experiencia tan sensorial. La dirección artística y el diseño de producción hacen un trabajo extraordinario al convertir cada espacio en una extensión del propio estado mental de los personajes.
También me parece brillante la decisión de Akin de no estilizar nunca la violencia. En los últimos años el cine encontró muchas formas de volver atractivos a los asesinos seriales. Acá sucede exactamente lo contrario. Cada asesinato resulta incómodo. No hay heroísmo. No hay inteligencia criminal. No hay espectáculo. Solo existe una violencia torpe, brutal y profundamente miserable. La película nunca busca fascinarnos con Honka. Busca que sintamos rechazo. Y esa diferencia cambia completamente la experiencia.
Jonas Dassler realiza una interpretación impresionante. La transformación física es impactante, pero lo más importante es que nunca construye un personaje carismático. No intenta justificarlo ni convertirlo en alguien interesante por su inteligencia. Todo en Honka transmite frustración, vacío y una incapacidad absoluta para relacionarse con los demás. Es un personaje desagradable de principio a fin, y justamente por eso funciona.
Mientras veía la película no podía dejar de preguntarme cómo era posible que todo ocurriera durante tanto tiempo sin que nadie hiciera nada. Después entendí que esa era exactamente la pregunta que la película quería hacerme.
No intenta explicar por qué existe un monstruo, intenta preguntarnos qué tipo de sociedad permite que un monstruo pase desapercibido.
Y esa diferencia es enorme.
Porque Akin nunca parece sugerir que la pobreza, el alcoholismo o la marginalidad conviertan a alguien en asesino. Lo que muestra es algo mucho más incómodo. Cuando una sociedad deja de mirar al otro, cuando la miseria se vuelve paisaje y la desesperanza deja de sorprendernos, el horror encuentra el lugar perfecto para esconderse.
Por eso creo que Monstruo de St. Pauli funciona mucho mejor como un retrato social que como una película sobre un asesino serial. Fritz Honka es apenas el síntoma visible de una enfermedad mucho más grande. Lo verdaderamente aterrador no son solamente sus crímenes. Es descubrir que durante años pudo convivir con todos los demás sin que nadie pareciera sorprenderse demasiado.
Y quizá esa sea la idea que más me quedó dando vueltas después de verla.
Los monstruos rara vez aparecen de un día para otro.
Crecen lentamente en aquellos lugares donde la indiferencia termina siendo más fuerte que la empatía.
Porque cuando dejamos de mirar al otro como una persona y empezamos a verlo como parte del paisaje, el verdadero horror ya no consiste en que exista un monstruo.
Consiste en que hayamos aprendido a convivir con él.
Thoughts
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PermalinkTu idea me resuena. La indiferencia siempre fue el pecado que menos duele. Es fácil condenar al que mata; condenar al que mira para otro lado es más incómodo porque todos lo somos a veces.
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PermalinkLo que describes de cómo una sociedad normaliza la miseria es lo mismo con la historia. Los gobiernos no ocultan lo que pasó; lo ponen en letra chica. Una generación entera crece sin reclamo porque nunca supo que debería haberlo. La película funciona porque muestra eso sin predicar: cómo el silencio se convierte en estructura, cómo el abandono deja de sorprender a nadie.
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PermalinkEn los velatorios la gente dice cosas incómodas después de tanto tiempo mirando para otro lado. Conocen a alguien, saben lo que hace durante años, pero recién cuando se muere miran de verdad. Hay algo en eso de normalizar hasta que llega el momento en que mirar es obligatorio.
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PermalinkUna pregunta pequeña: ¿hay entrevistas de Akin donde diga que eso fue lo que buscó? Porque una película genera lecturas sin que esa sea la intención del director.
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PermalinkRespeto el análisis pero me incomoda. Honka mató. Si lo que haces es culpar a la sociedad en lugar de mirarlo a él, estás cometiendo lo que la película critica. El monstruo mata, y nosotros después lo volvemos un síntoma para no mirar.
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PermalinkEn mi barrio hay un chaval durmiendo en la calle hace dos años. Hace un año se metió en una obra y se electrocutó, casi muere. Medio barrio lo vio en el hospital, pero después seguía en la calle. Eso es lo que describes. No es que no veamos; decidimos que es normal. Una casa ocupada arriba, un joven inconsciente abajo, y los vecinos caminan entre los dos como si fuera paisaje.
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PermalinkYo viví un país donde el miedo se volvió paisaje. Lo que describes es exacto a eso: cuando el horror se normaliza tanto que la gente deja de verlo, deja de reclamar. Los dictadores no son monstruos extraordinarios; son administradores. La gente normal sabe lo que pasa y ha aprendido a no mirar. Eso es lo verdaderamente aterrador, y por eso la película funciona. Vemos cómo una sociedad entera elige vivir con eso.
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PermalinkTu tesis se sostiene si Akin buscó un retrato social. Pero ¿y si mostró que el mal ordinario sigue siendo mal? Hay diferencia entre culpar a la sociedad y ver que Honka mató mientras otros miraban. Le pegás a la versión profunda cuando quizá muestra algo incómodo: que Honka es monstruo aunque la indiferencia exista.