Lo de "la historia siempre la escriben los vencedores" como excusa para que a Satan lo pinten distinto en los libros sagrados me dejo pensando. Para ser un primer intento, ahi ya tienes una idea que sostiene el capitulo entero. Sigue por ahi.
Mi primera novela, libro, historia(aun no lo defino
mi primera vez intentando hacer algo inspirado en la literatura y en mis gustos
En series
Pensamiento
Lo de "la historia siempre la escriben los vencedores" como excusa para que a Satan lo pinten distinto en los libros sagrados me dejo pensando. Para ser un primer intento, ahi ya tienes una idea que sostiene el capitulo entero. Sigue por ahi.
Contenido de la discusión
Capítulo 1: El sueño del Diablo
El mundo ya no era el mismo.
Siglos atrás, algo imposible ocurrió.
La realidad se fracturó.
La Tierra se fusionó con otros mundos y, de la noche a la mañana, la humanidad dejó de ser la única especie inteligente sobre el planeta. Razas desconocidas aparecieron por todo el mundo: elfos, licántropos, espíritus, demonios, dragones y muchas otras criaturas que hasta entonces solo existían en leyendas.
Al principio hubo guerras.
Luego miedo.
Después odio.
Pero el tiempo obligó a todos a adaptarse.
Los continentes fueron reorganizados bajo nuevas coaliciones. Los antiguos gobiernos continuaron existiendo, aunque por encima de ellos surgieron figuras aún más poderosas: individuos capaces de rivalizar con ejércitos enteros y cuya fuerza superaba cualquier lógica.
A esos seres se les conocía como Emperadores.
Siete continentes.
Siete Emperadores.
Y una paz tan frágil que parecía romperse con cada nuevo amanecer.
Sin embargo, aquella historia no trataba sobre emperadores.
Ni sobre guerras.
Ni siquiera sobre dioses.
Esta era la historia de un estudiante de preparatoria.
Un chico llamado Peter Bloodstar.
Peter era un estudiante inglés que llevaba dos años viviendo en Japón gracias a un programa de intercambio. Era inteligente, atlético y disfrutaba de una vida relativamente tranquila. Aunque vivía en un mundo donde la magia, los demonios y los héroes formaban parte de la vida cotidiana, para él cada día era tan normal como podía serlo para cualquier otro joven de su edad.
O al menos así era hasta aquella noche.
Después de terminar sus tareas y prepararse para las clases del día siguiente, Peter se fue a dormir sin imaginar que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
Abrió los ojos.
Pero ya no estaba en su habitación.
No había paredes.
No había techo.
No había suelo.
Solo oscuridad.
Una oscuridad infinita que parecía extenderse más allá de toda lógica.
Peter observó a su alrededor confundido.
—Bueno... esto definitivamente es un sueño.
Su voz se perdió en aquel vacío interminable.
Entonces ocurrió.
La oscuridad comenzó a moverse.
Como si estuviera viva.
Las sombras se retorcieron formando espirales gigantescas mientras una presencia desconocida emergía lentamente desde las profundidades de aquel lugar.
Dos ojos rojos aparecieron en la distancia.
Luego una sonrisa.
Y finalmente una figura envuelta completamente en sombras.
Su sola presencia era suficiente para hacer temblar el espacio.
Sin embargo, Peter no sintió miedo.
Más bien observó a la criatura con curiosidad.
—Vaya... qué entrada tan dramática.
Por unos segundos hubo silencio.
Después, una profunda carcajada resonó por todo el vacío.
—Interesante...
La figura se acercó hasta quedar frente a él.
—Humano insignificante... ¿sabes quién soy?
Peter se tomó unos segundos para observarlo.
—Pues creo que eres parte de mi sueño, ¿no?
La criatura sonrió.
—En parte esto es un sueño. Pero la realidad es otra.
—Entonces esto es una pesadilla.
La figura soltó otra carcajada.
—Eres divertido, humano. Me caes bien.
Peter cruzó los brazos.
—¿Y quién eres exactamente?
La oscuridad comenzó a agitarse violentamente.
Llamas negras surgieron alrededor de la criatura.
Relámpagos carmesí atravesaron el vacío.
Y una presión aterradora llenó cada rincón de aquel lugar.
—Soy aquel a quien todos temen.
Las llamas crecieron aún más.
—Soy el Rey de las Tinieblas.
La presión aumentó.
—Soy el Señor del Infierno.
Sus ojos brillaron intensamente.
—Yo soy... Satán.
Peter permaneció en silencio durante unos segundos.
—Entonces estoy muerto.
La expresión de Satán cambió ligeramente.
—¿Qué?
—Si estoy hablando con Satán, significa que morí. ¿Vas a llevarme al infierno?
Por primera vez, el Rey Demonio pareció sorprendido.
Luego estalló en una carcajada tan fuerte que el vacío entero tembló.
—No te preocupes, muchacho. No estás muerto y tampoco pienso llevarte al infierno... al menos no todavía.
Peter soltó un suspiro de alivio.
—Eso es bueno.
—Además, eres demasiado divertido como para deshacerme de ti tan pronto.
—Supongo que eso es un cumplido.
Satán sonrió.
—Dime, Peter Bloodstar. ¿No te parece extraño que alguien como yo visite el sueño de un simple estudiante de preparatoria?
—Bastante extraño, sí.
—Llevo milenios buscando a alguien capaz de conversar conmigo sin perder la cordura. Alguien que pueda escuchar mi historia. Alguien que me recuerde que incluso un mundo tan imperfecto como este todavía puede albergar algo de belleza.
Peter lo observó durante unos instantes.
Cuanto más hablaba, menos se parecía a la imagen monstruosa descrita en los libros sagrados.
—¿Sabes? —dijo finalmente—. Empiezo a pensar que las historias que cuentan sobre ti hablan de una persona completamente diferente.
La sonrisa de Satán se hizo más amplia.
—Tal vez sea porque la historia siempre la escriben los vencedores.
—Entonces, ¿escucharás mi historia? —preguntó Satán.
Peter se encogió de hombros.
—Claro. No es como si tuviera algo mejor que hacer.
Satán soltó una carcajada.
—Sigue siendo así de gracioso y terminaré llevándome tu alma antes de tiempo.
—Sí, sí, lo que tú digas. Empieza de una vez.
La sonrisa del Rey Demonio desapareció ligeramente.
—Hace varios siglos, una pareja logró invocarme. Eran humanos extraordinariamente inteligentes, pero la ambición les consumía. Querían convertirse en los mejores científicos que el mundo hubiera conocido jamás. Deseaban fama, conocimiento, descubrimientos... querían cambiar la historia.
Peter escuchó en silencio.
—A cambio de mi ayuda, me ofrecieron las almas de cinco niños.
—¿Qué?
—Lo sé. Bastante desagradable, ¿verdad? —dijo Satán con evidente fastidio—. Lo curioso es que yo jamás pedí algo así. No entiendo por qué la humanidad está convencida de que disfruto esas cosas.
—Porque eres Satán.
—Punto válido.
Peter no pudo evitar sonreír.
—Además de las cinco almas, me ofrecieron algo más valioso: la vida de un futuro miembro de su linaje.
El corazón de Peter dio un vuelco.
—No...
—Sí.
Satán lo observó fijamente.
—Acepté el trato. Después de todo, un alma poderosa nunca es algo que se rechace tan fácilmente.
El silencio se instaló entre ambos.
—Con el paso de los años, recibieron exactamente lo que querían. Sus investigaciones ayudaron a acelerar descubrimientos que cambiaron el mundo. La convivencia entre especies, los avances tecnológicos, la exploración de nuevas formas de vida... todo aquello en lo que participaron dejó huella.
Peter bajó la mirada.
—Mis bisabuelos...
La sonrisa de Satán regresó.
—Veo que ya entendiste hacia dónde va la historia.
—¿Ellos fueron quienes hicieron el pacto?
—Así es.
Peter permaneció callado durante unos segundos.
—Pero... ¿por qué yo? ¿No había nadie más disponible en mi familia?
—Probablemente sí.
—Entonces escoge a otro.
Satán soltó una carcajada.
—No funciona así.
—¿Por qué?
—Porque llevo generaciones esperando este momento. Además...
Los ojos rojos del demonio brillaron.
—Hay algo en ti que no he visto en mucho tiempo.
Peter frunció el ceño.
—No me interesa si soy especial o no.
Su voz se volvió más fría.
—Si mi destino ya está decidido, entonces termina con esto de una vez.
Por primera vez, la expresión de Satán cambió.
—¿Perdón?
—Llévate mi alma. ¿Qué estás esperando?
El Rey Demonio lo observó durante unos segundos.
Luego negó con la cabeza.
—Que me caigas bien no significa que vaya a tolerar semejante estupidez.
—¿Estupidez?
—Sí. Estupidez.
La oscuridad a su alrededor se agitó.
—Y para que quede claro, aún no pienso llevarme tu alma.
Peter parpadeó.
—¿Qué?
—Como te dije antes, me resultas interesante. Quiero divertirme un poco antes de cobrar lo que me pertenece.
—Eso no suena nada tranquilizador.
—No pretendía que lo fuera.
Satán volvió a sonreír.
—Por eso tengo una propuesta.
—¿Una propuesta?
—Bueno, técnicamente no tienes elección, así que llamarlo propuesta es bastante generoso de mi parte.
—Eso tampoco suena muy tranquilizador.
—Entraré en tu cuerpo durante un tiempo.
Peter se quedó inmóvil.
—¿Perdón?
—Uno o dos meses, quizá más.
—¿Y qué demonios planeas hacer con mi cuerpo?
—Cosas.
—¿Qué clase de cosas?
—Cosas que no son de tu incumbencia.
—¡Es mi cuerpo!
Satán rodó los ojos.
—Soy el maldito Rey del Infierno. ¿De verdad esperas que me importe?
Peter cruzó los brazos.
—Te guste admitirlo o no, me necesitas.
El silencio cayó sobre el vacío.
—¿Qué dijiste?
—Tú mismo lo dijiste. Hay algo en mí que no has visto en generaciones. Si soy tan importante, quizá deberías tratarme un poco mejor.
La sonrisa de Satán desapareció por completo.
Por primera vez, Peter sintió una presión monstruosa aplastándolo desde todas direcciones.
—Escúchame bien, niñato.
La voz del demonio retumbó como un trueno.
—Que seas especial no significa que seas irremplazable.
El vacío entero tembló.
—Podría arrancarte el alma ahora mismo y arrojarla al círculo más profundo del Infierno.
Peter sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—Y si tuviera que esperar otros cien años para encontrar a alguien como tú, lo haría.
La presión desapareció tan rápido como había llegado.
Satán volvió a sonreír.
—Pero sería aburrido.
Peter respiró profundamente.
—Estás loco.
—Probablemente.
El demonio extendió una mano.
—Te daré tiempo para resolver tus asuntos personales. También quiero que recuerdes perfectamente esta conversación.
Antes de que Peter pudiera reaccionar, la mano de Satán se apoyó sobre su pecho.
Un dolor indescriptible atravesó todo su cuerpo.
Peter gritó.
Sintió como si miles de agujas ardientes perforaran su corazón al mismo tiempo.
La oscuridad comenzó a desvanecerse.
Su visión se volvió borrosa.
Y justo antes de perder el conocimiento, escuchó la voz de Satán una última vez.
—Nos volveremos a ver, Bloodstar.
La risa del demonio resonó en la distancia.
—Tu tiempo es limitado...
—Tik... tak...
—Tik... tak...
Peter despertó sobresaltado.
Su pecho ardía.
Respiraba con dificultad.
Con manos temblorosas se quitó la camiseta.
Y entonces lo vio.
Grabado sobre su piel había aparecido un pentagrama incandescente.
Un sello de fuego que parecía latir al ritmo de su corazón.
El sello funcionaba como una especie de reloj.
Peter intentó cubrirlo con agua fría, jabón e incluso algunas cremas que encontró en casa, pero fue inútil. Cada vez que tocaba la marca, una sensación de ardor recorría todo su cuerpo como si estuvieran quemándole el pecho desde dentro.
No tardó en comprender que aquello no desaparecería tan fácilmente.
Su suerte estaba echada.
A la mañana siguiente, Peter todavía tenía dificultades para creer lo ocurrido.
Había hablado con Satán.
El mismísimo Rey del Infierno.
Y ahora llevaba una marca demoníaca grabada en el pecho.
Si alguien le hubiera contado algo así el día anterior, se habría reído en su cara.
Pero la quemadura seguía allí.
Era real.
Y eso significaba que todo lo demás también lo era.
Aun así, no podía detener su vida por un sueño extraño.
Se dio una ducha, se cepilló los dientes, se vistió para ir a la preparatoria, desayunó rápidamente, tomó su mochila y salió de casa.
Durante todo el camino no pudo dejar de pensar en las palabras de Satán.
Peter era uno de los estudiantes de intercambio provenientes de Inglaterra que habían llegado a Japón durante el segundo año de preparatoria. Ahora cursaba su último año en la Academia Aoyama.
Normalmente disfrutaba del trayecto hacia la escuela.
Aquella mañana apenas prestó atención al camino.
Su mente seguía atrapada en aquella conversación.
Al llegar a la escuela se dirigió a su casillero para cambiarse los zapatos.
—¡Peter!
Una voz familiar lo sacó de sus pensamientos.
Alexander Goldstein apareció junto a él con una sonrisa despreocupada.
—Pareces un muerto viviente. ¿Te quedaste estudiando toda la noche?
—Algo así.
—Eso significa que sí.
Peter soltó una pequeña risa.
Alex era probablemente su mejor amigo en Japón. Tenía una habilidad especial para convertir cualquier situación en algo más llevadero.
—Estoy bien, no te preocupes.
—Claro, y yo soy el Emperador de Oceanía.
Al entrar al salón, Peter dejó caer la cabeza sobre su pupitre.
Quizá si dormía unos minutos conseguiría ordenar sus pensamientos.
Cinco minutos después sintió un golpe sobre la mesa.
Se incorporó sobresaltado.
Una carcajada resonó frente a él.
Claire.
Peter se quedó inmóvil durante unos segundos.
Como siempre, parecía iluminar la habitación con su sola presencia.
Cabello largo.
Sonrisa brillante.
Y esa capacidad casi sobrenatural para desarmarlo con una sola mirada.
Claire continuó riéndose.
—Debiste ver tu cara.
Peter suspiró.
—Algún día me dará un infarto por tu culpa.
—Pero hoy no fue ese día.
La joven volvió a reír.
Peter terminó sonriendo también.
Sin darse cuenta se quedó observándola durante unos segundos más de la cuenta.
Claire inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Por qué me miras tanto?
Peter se puso rojo al instante.
—No te estaba mirando.
—Claro que sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Alex apareció detrás de ella.
—¿Saben? La tensión romántica entre ustedes dos empieza a ser preocupante.
Ambos se quedaron congelados.
—¿Qué? —preguntó Peter.
—¿Qué? —preguntó Claire al mismo tiempo.
Alex soltó una carcajada.
—Nada, nada.
Luego miró directamente a Claire.
—Aunque podrías dejar de molestarlo y simplemente invitarlo a salir.
Claire se atragantó con el aire.
—¿Qué demonios estás diciendo?
—Lo que escuchaste.
La joven agarró a Alex por el cuello de la camisa y lo obligó a girarse.
—Baja la voz.
—¡Auch!
—Baja la voz.
—¡Ya la bajé!
Claire miró de reojo a Peter para asegurarse de que no hubiera escuchado demasiado.
—No digas tonterías.
Alex sonrió con malicia.
—Todavía.
Antes de que Claire pudiera responder, el profesor entró al salón.
—Todos a sus asientos. Vamos a comenzar la clase.
Y así, por el momento, el tema quedó olvidado.
Las clases terminaron y llegó la hora del almuerzo.
Claire y Alex arrastraron sus mesas hasta la de Peter para comer juntos.
Durante varios minutos conversaron sobre temas cotidianos hasta que Peter decidió hacer una pregunta.
—Supongamos algo completamente hipotético.
—Eso nunca termina bien —comentó Alex.
—Escuchen primero.
Claire asintió.
—Adelante.
Peter tomó aire.
—Digamos que un espíritu quiere usar tu cuerpo y propone intercambiar lugares contigo.
Alex parpadeó.
Claire también.
Ambos se quedaron pensando.
La primera en responder fue Claire.
—¿Por qué no compartirlo?
—¿Compartirlo?
—Sí. Si el espíritu tiene algo que quiere hacer y tú todavía tienes una vida que vivir, quizá podrían llegar a un acuerdo.
Peter la observó.
—¿Algo así como coexistir?
—Exactamente.
Claire sonrió.
—Dar y recibir.
Peter guardó silencio.
Era una idea sorprendentemente razonable.
Claire lo observó con curiosidad.
—¿Por qué preguntas eso?
—Sí —añadió Alex—. ¿Hay algo emocionante que quieras contarnos?
Peter soltó una pequeña risa.
—No. Solo una tontería que se me ocurrió.
Aunque por dentro ya estaba considerando seriamente aquella posibilidad.
Esa noche, después de regresar a casa, cenar y leer un poco, Peter volvió a quedarse dormido.
Y una vez más, el vacío lo recibió.
Esta vez, sin embargo, algo era diferente.
El negro absoluto comenzó a teñirse de rojo.
Frente a él apareció una elegante mesa acompañada por dos sillas.
Como si alguien hubiera preparado una reunión.
Peter tomó asiento.
Segundos después, una figura emergió de las sombras.
Satán.
Y por primera vez desde que lo conoció, el Rey Demonio parecía completamente serio.
—Dime, Bloodstar —dijo Satán mientras tomaba asiento frente a él—. ¿Estás listo para tomar una decisión?
Peter no se sentía completamente seguro de lo que iba a decir.
Pero aun así respondió.
—Creo que sí.
Satán apoyó los codos sobre la mesa.
—Te escucho.
—¿Qué tal si hacemos algunos ajustes a tu propuesta?
Una sonrisa apareció en el rostro del Rey Demonio.
—Continúa.
—Tú quieres experimentar el mundo una vez más y yo quiero seguir viviendo mi vida. ¿Por qué no compartimos el mismo cuerpo?
Satán permaneció en silencio.
—¿Compartirlo?
—Exacto. Tú podrás ver el mundo con tus propios ojos y yo podré seguir haciendo mis cosas.
—Interesante...
—Además, así ninguno pierde nada.
La sonrisa de Satán se volvió más amplia.
—Esa idea no es tuya.
—¿Qué?
—La chica.
Peter parpadeó.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque jamás se te habría ocurrido algo tan razonable por tu cuenta.
—Oye.
Satán soltó una pequeña carcajada.
—Aun así, me gusta la propuesta.
Peter suspiró aliviado.
—Entonces...
—Pero antes de darte una respuesta, quiero contarte una historia.
La expresión de Peter cambió.
Ya conocía ese tono.
Era el mismo que utilizó cuando habló sobre sus bisabuelos.
—Hace muchos años bajé a la Tierra.
La oscuridad alrededor comenzó a transformarse.
El vacío desapareció.
Ahora Peter podía ver un camino de tierra rodeado por montañas.
Un hombre caminaba solo bajo la lluvia.
—¿Quién es?
—Un humano.
—Eso ya lo veo.
—Y uno bastante molesto.
Peter soltó una pequeña risa.
Satán continuó observando la escena.
—Le gustaba viajar.
Recorrió ciudades, continentes y mundos enteros buscando respuestas para preguntas que nadie más se molestaba en hacer.
La imagen cambió.
El hombre aparecía explorando ruinas antiguas.
Luego navegando.
Luego atravesando bosques imposibles.
—¿Y qué tenía de especial?
Por primera vez la mirada de Satán pareció suavizarse.
—Nada.
Peter frunció el ceño.
—¿Nada?
—Era completamente normal.
La respuesta sorprendió a Peter.
—Entonces ¿por qué lo recuerdas?
—Porque los humanos normales suelen ser más interesantes que los héroes.
La imagen volvió a cambiar.
Ahora mostraba a aquel hombre sentado solo en una estación de tren.
Parecía agotado.
Derrotado.
—Ese día me acerqué a él.
—¿Y no salió corriendo?
—No.
—Eso empieza a parecer un patrón.
—Por desgracia.
Peter sonrió.
Satán continuó.
—Le pregunté por qué viajaba tanto.
La escena mostró al hombre levantando la cabeza lentamente.
—¿Y qué respondió?
Durante unos segundos el Rey Demonio guardó silencio.
—Me dijo que su hijo estaba muriendo.
La sonrisa desapareció del rostro de Peter.
—Oh...
—Los médicos le habían dado pocos días de vida. Ningún tratamiento funcionaba. Ninguna medicina servía.
La lluvia continuaba cayendo.
—Así que aquel hombre recorría el mundo buscando una cura imposible.
Peter observó la escena sin decir una palabra.
—Le ofrecí un trato.
—¿Su alma?
—Su alma.
—Y aceptó.
—Sin pensarlo.
La imagen cambió una vez más.
Un hospital apareció frente a ellos.
—Pero entonces ocurrió algo.
Satán cerró los ojos por un instante.
—Recibió una llamada.
La expresión del hombre se quebró.
El teléfono cayó de sus manos.
Y se desplomó de rodillas.
—El hospital acababa de informarle que su hijo no llegaría al amanecer.
Peter tragó saliva.
Por alguna razón, la historia ya no parecía una simple anécdota.
—¿Qué hizo?
—Me suplicó ayuda.
La voz de Satán sonó extrañamente seria.
—Y por primera vez en mucho tiempo... no vi ambición.
No vi codicia.
No vi egoísmo.
Solo vi a un padre desesperado.
El silencio reinó durante varios segundos.
—¿Lo ayudaste?
Satán sonrió levemente.
—¿Tú qué crees?
La escena volvió a cambiar.
Ahora estaban dentro de una habitación de hospital.
Un niño descansaba conectado a varias máquinas.
Su respiración era débil.
Su cuerpo parecía incapaz de seguir luchando.
—Me acerqué.
Satán observó al niño.
—Y eliminé la enfermedad.
Peter abrió los ojos.
—¿Así de fácil?
—Para mí sí.
—Presumido.
—Muchísimo.
Por primera vez desde que comenzó la historia, ambos sonrieron.
Pero la mirada de Satán permanecía fija sobre el niño.
Como si todavía recordara perfectamente aquel momento.
—Unos minutos después abrió los ojos.
Y sonrió.
—¿Y sabes qué fue lo que más me sorprendió de aquel diario? —continuó Satán.
Peter permaneció en silencio.
—Que escribió sobre mí.
—¿Sobre ti?
—Página tras página.
La mirada del Rey Demonio pareció perderse en algún recuerdo lejano.
—Decía que estaba agradecido por haberme conocido.
Peter arqueó una ceja.
—Después de venderte su alma, eso es bastante extraño.
—Eso mismo pensé.
Satán soltó una pequeña risa.
—Pero seguí leyendo.
El vacío volvió a transformarse.
Frente a ellos apareció una imagen del anciano Klaus escribiendo junto a una ventana.
—Escribió sobre sus viajes.
Sobre los lugares que descubrió.
Sobre las personas que conoció.
Y también sobre mí.
La imagen avanzó.
Klaus cerró lentamente el diario y se levantó de su asiento.
—Cuando terminé de leerlo, él se acercó a mí.
La escena mostró al anciano sonriendo.
—"Mañana iré contigo" —me dijo—. "Estoy agradecido de que me permitieras pasar tiempo con mi familia. Pero antes quisiera hablar una última vez con mi hijo."
Peter bajó la mirada.
—Suena exactamente como algo que diría mi abuelo.
—Lo sé.
Satán observó la imagen con una extraña nostalgia.
—Asentí y me marché.
La visión avanzó una vez más.
—Al día siguiente regresé tal como habíamos acordado.
Klaus me estaba esperando.
Y por primera vez desde que lo conocí, vi algo distinto en él.
Peter levantó la vista.
—¿Qué era?
—Paz.
La respuesta llegó de inmediato.
—Durante años cargó con miedo, preocupaciones y responsabilidades. Pero aquella mañana...
Satán sonrió levemente.
—Parecía completamente en paz.
La imagen mostró a Klaus caminando hacia una puerta.
—Antes de cruzarla le dije algo.
Peter escuchó atentamente.
—"Humano, nunca terminamos las presentaciones. Te concedo el honor de decirme tu nombre."
La sonrisa de Klaus se hizo más amplia.
—Pareció sorprendido durante unos segundos.
Luego respondió:
—"Es cierto. Entonces permítame presentarme correctamente, señor Satán."
El anciano hizo una pequeña reverencia.
—"Mi nombre es Klaus Bloodstar."
La visión desapareció.
El silencio volvió a apoderarse del vacío.
Satán observó fijamente a Peter.
—Por tu cara, imagino que sabes perfectamente de quién hablo.
Peter asintió lentamente.
—Sí.
Su voz sonó más seria de lo habitual.
—Mi abuelo me habló de él muchas veces.
—Entonces también sabes quién era realmente.
Peter asintió.
—El anterior Emperador.
—Uno de los mejores.
Satán cruzó los brazos.
—Tu abuelo descubrió cosas que ninguna otra persona logró comprender en toda su vida.
Exploró lugares que ni siquiera los dioses conocían.
Y aun así, jamás perdió su humanidad.
Peter sonrió.
—Eso suena exactamente como él.
—El clan Bloodstar siempre produjo individuos excepcionales.
Por esa razón, generación tras generación, se esperaba que alguno de sus miembros heredara el puesto de Emperador.
La mirada del demonio se volvió más intensa.
—Y tú heredaste algo más que su apellido.
Peter sintió un escalofrío.
—¿Te refieres al poder que me dejó?
—Exactamente.
—Mi abuelo me habló de él poco antes de morir.
Satán guardó silencio.
—Entonces ya sabes que no eres un humano común.
Peter apoyó los brazos sobre la mesa.
—Hay algo que quiero preguntarte.
—Adelante.
—¿Qué ocurriría si nuestras almas llegaran a fusionarse?
Por primera vez en toda la conversación, Satán perdió la sonrisa.
—Eso...
La oscuridad alrededor de ellos se volvió más pesada.
—Es una pregunta peligrosa.
—Aun así quiero saberlo.
El Rey Demonio suspiró.
—Mi alma posee un poder cercano al de los dioses.
Y la tuya ya contiene un poder heredado durante generaciones.
Peter escuchaba sin apartar la vista.
—Si ambas almas se fusionan, solo existen dos posibilidades.
—¿Cuáles?
—La primera...
El vacío tembló.
—Que el poder nos consuma por completo y ambos desaparezcamos.
Peter permaneció tranquilo.
—¿Y la segunda?
Una sonrisa apareció lentamente en el rostro de Satán.
—Que logremos dominarlo.
—¿Y entonces?
—Entonces dejaríamos de ser lo que somos ahora.
La mirada roja del demonio brilló intensamente.
—No seríamos humanos.
No seríamos demonios.
Ni siquiera dioses.
Nos convertiríamos en algo completamente nuevo.
Algo que jamás ha existido.
El silencio reinó durante varios segundos.
Peter fue el primero en hablar.
—Acepto el riesgo.
Satán parpadeó.
—¿Qué?
—Acepto.
Una sonrisa apareció en el rostro del joven.
—¿Qué dices, Satán?
¿Estás listo?
Durante unos segundos el Rey Demonio simplemente lo observó.
Luego comenzó a reír.
Primero suavemente.
Después con más fuerza.
Y finalmente con una carcajada que hizo temblar el vacío entero.
—Interesante.
Sus ojos brillaron con emoción.
—Eres realmente interesante, Peter Bloodstar.
Satán se puso de pie.
—Entonces hagámoslo.
Y en ese instante, el mundo que los rodeaba comenzó a desmoronarse.
Por primera vez...
La sonrisa de Satán desapareció por completo.
La atmósfera del vacío cambió.
Las llamas lejanas dejaron de moverse.
Incluso la oscuridad pareció contener la respiración.
—Eso... —murmuró Satán— es una pregunta mucho más peligrosa de lo que imaginas.
Peter mantuvo la mirada fija en él.
—Aun así quiero saber la respuesta.
El Rey Demonio guardó silencio durante unos segundos.
Como si estuviera evaluando si realmente debía responder.
Finalmente suspiró.
—Mi alma existe desde antes de que muchos de los dioses actuales nacieran.
Peter escuchó atentamente.
—He acumulado poder durante milenios.
He sobrevivido a guerras entre divinidades.
A la caída de imperios.
A cataclismos capaces de destruir continentes enteros.
La mirada roja de Satán se volvió más intensa.
—Y aun así, jamás he intentado fusionarme con otro ser.
—¿Por qué?
—Porque el riesgo es absurdo.
El vacío comenzó a temblar ligeramente.
—Tu alma ya posee el legado de los Bloodstar.
El poder que heredaste de Klaus.
Las generaciones que vinieron antes que él.
Y algo más...
Peter frunció el ceño.
—¿Algo más?
—Algo que aún no logro comprender.
La respuesta hizo que Peter sintiera un escalofrío.
—¿Ni siquiera tú lo sabes?
—No.
Y créeme cuando te digo que eso me resulta bastante molesto.
Peter sonrió ligeramente.
—Entonces no soy el único confundido.
—Ni de lejos.
La oscuridad continuó agitándose alrededor de ellos.
—Si nuestras almas se fusionan, solo existen dos posibilidades.
Peter ya conocía la respuesta.
Aun así quiso escucharla.
—La primera.
—El poder nos consume.
Nuestros cuerpos colapsan.
Nuestras almas se destruyen.
Y dejamos de existir.
Peter asintió lentamente.
—¿Y la segunda?
La sonrisa regresó lentamente al rostro del demonio.
—Que sobrevivamos.
—¿Y entonces?
—Entonces algo completamente nuevo nacerá.
Las sombras comenzaron a girar alrededor de Satán.
—No seríamos humanos.
No seríamos demonios.
Ni siquiera dioses.
Nos convertiríamos en algo diferente.
Algo que jamás ha existido.
Peter guardó silencio.
La lógica le decía que aquello era una idea terrible.
Una idea estúpida.
Una idea que cualquier persona razonable rechazaría inmediatamente.
Pero también sabía algo.
Su tiempo estaba contado.
La marca seguía avanzando.
Satán eventualmente reclamaría su alma.
Y aquella podía ser la única forma de cambiar su destino.
—¿Qué probabilidades tenemos?
Satán soltó una carcajada.
—¿Desde cuándo te preocupan las probabilidades?
—Desde que mi existencia depende de ellas.
—Justo.
El Rey Demonio se quedó pensando unos instantes.
—Si debo ser sincero...
No tengo idea.
Peter cerró los ojos.
—Eso no inspira mucha confianza.
—Nunca dije que fuera una buena idea.
—Pero tampoco dijiste que fuera imposible.
Satán sonrió.
—Eso es cierto.
Peter permaneció unos segundos en silencio.
Luego tomó una decisión.
—Acepto.
El Rey Demonio parpadeó.
—¿Qué?
—Acepto el riesgo.
—Bloodstar...
—Si de todos modos vas a quedarte con mi alma algún día, prefiero apostar por una oportunidad antes que esperar mi final.
Satán lo observó fijamente.
Por un instante pareció estar analizando cada pensamiento que cruzaba la mente del joven.
Después comenzó a reír.
Primero suavemente.
Luego con más fuerza.
Y finalmente con una carcajada tan poderosa que el vacío entero tembló.
—Increíble.
Peter arqueó una ceja.
—¿Qué?
—Tu abuelo habría hecho exactamente lo mismo.
La sonrisa del demonio se volvió más amplia.
—Quizá por eso me agradas tanto.
Satán se puso de pie.
Las sombras comenzaron a reunirse a su alrededor.
—Muy bien, Peter Bloodstar.
Acepto tu propuesta.
Peter también se levantó.
—Entonces...
¿Ahora qué?
Los ojos del Rey Demonio brillaron como dos soles carmesí.
—Ahora comienza el experimento más peligroso de nuestras vidas.
La mesa desapareció.
El suelo comenzó a romperse.
La realidad misma empezó a desmoronarse alrededor de ellos.
Y justo antes de que todo se volviera oscuridad una vez más, Peter escuchó las últimas palabras de Satán.
—Nos vemos mañana por la noche.
En el bosque.
Y entonces despertó.
Peter despertó sobresaltado.
La primera luz del amanecer entraba por la ventana de su habitación.
Durante unos segundos permaneció inmóvil mirando el techo.
Luego bajó la vista hacia su pecho.
La marca seguía allí.
El pentagrama ardía débilmente bajo su piel.
No había sido un sueño.
Nada de aquello había sido un sueño.
—Buenos días, Bloodstar.
Peter casi se cae de la cama.
—¡¿Qué demonios?!
Una carcajada resonó dentro de su cabeza.
—Relájate. No es necesario que grites.
Peter miró a todos lados.
—¿Dónde estás?
—Dentro de tu cabeza.
—Eso no me tranquiliza en absoluto.
—No era mi intención tranquilizarte.
Peter se dejó caer nuevamente sobre la almohada.
—Esto va a ser un problema enorme.
—Para ti, sí.
—Empiezo a arrepentirme de todo.
—Demasiado tarde.
Peter soltó un largo suspiro.
Aquella iba a ser una larga jornada.
El resto del día pasó sorprendentemente rápido.
O quizá Peter simplemente estaba demasiado distraído para notarlo.
Las clases comenzaron.
Los profesores hablaron.
Los estudiantes tomaron apuntes.
Pero él apenas podía concentrarse.
Aquella noche podía morir.
Y lo peor era que no podía contárselo a nadie.
—Te ves horrible.
La voz de Claire lo sacó de sus pensamientos.
Peter levantó la cabeza.
—Gracias.
—Era un insulto.
—Lo sé.
Claire tomó asiento frente a él durante el descanso.
—¿Estás enfermo?
—No.
—¿Problemas familiares?
—No.
—¿Problemas amorosos?
Peter casi se atraganta.
—¿Qué?
Claire sonrió.
—Solo estoy descartando posibilidades.
—Por favor deja de descartar posibilidades.
—Entonces dime qué ocurre.
Peter abrió la boca.
Y volvió a cerrarla.
¿Qué se suponía que debía decir?
"Hola Claire, resulta que Satán vive dentro de mi cabeza y esta noche podría fusionar su alma con la mía."
No.
Eso sonaba terrible.
—Nada importante.
Claire lo observó durante unos segundos.
—Eres muy malo mintiendo.
—Y tú eres muy insistente.
—Porque me preocupo.
Aquellas palabras hicieron que Peter apartara la mirada.
Claire sonrió levemente.
—Solo ten cuidado, ¿sí?
—Lo intentaré.
Desde el fondo de su mente, Satán soltó una pequeña risa.
—Ella realmente se preocupa por ti.
—Cállate.
—Deberías invitarla a salir.
—Cállate.
—¿Te imaginas si mueres esta noche sin decirle nada?
—¡Cállate!
Claire parpadeó.
—¿Acabas de gritarme?
Peter se congeló.
—No.
—Sí lo hiciste.
—No era contigo.
—Eso lo hace aún más extraño.
Las horas continuaron avanzando.
Finalmente el sol comenzó a ocultarse.
Y cuando la noche cayó sobre la ciudad, Peter comprendió que había llegado el momento.
Regresó a casa.
Dejó su mochila.
Se cambió de ropa.
Y salió sin decir una palabra.
—¿Nervioso?
preguntó Satán.
—Mucho.
—Perfecto.
—¿Perfecto?
—Las personas confiadas suelen morir primero.
—Eso tampoco ayuda.
—No estaba intentando ayudarte.
Peter puso los ojos en blanco.
El bosque se encontraba a las afueras de la ciudad.
A medida que avanzaba, las luces urbanas fueron desapareciendo.
El silencio comenzó a dominar el paisaje.
La luna llena brillaba sobre los árboles.
Y el aire se sentía extrañamente frío.
Finalmente llegó.
El lugar estaba completamente vacío.
—Ya era hora.
Una figura apareció entre las sombras.
Satán.
Pero esta vez no era una proyección.
No era un sueño.
Estaba allí.
Frente a él.
Por primera vez en el mundo real.
Peter sintió un escalofrío.
La presencia del Rey Demonio era mucho más aterradora de lo que había imaginado.
—Entonces...
Satán sonrió.
Las sombras comenzaron a reunirse alrededor de su cuerpo.
—¿Listo para descubrir si sobrevivimos?
Peter tragó saliva.
Y asintió.
—Listo.
La sonrisa del demonio se volvió más amplia.
—Excelente.
Porque ya no hay vuelta atrás.
Y entonces las llamas negras comenzaron a aparecer.
Las llamas negras comenzaron a surgir alrededor de Satán.
No eran llamas normales.
No emitían calor.
No iluminaban el bosque.
Era como si la oscuridad misma estuviera ardiendo.
Peter observó cómo los árboles cercanos comenzaban a inclinarse.
El aire vibraba.
La tierra temblaba ligeramente bajo sus pies.
—Última oportunidad para arrepentirte.
La voz de Satán resonó entre las sombras.
—No pienso hacerlo.
El Rey Demonio sonrió.
—Excelente.
Las llamas comenzaron a girar alrededor de Peter.
Primero lentamente.
Luego cada vez más rápido.
Hasta formar un enorme remolino negro.
Los relámpagos oscuros aparecieron entre las llamas.
Crujían como si estuvieran desgarrando la realidad.
Peter sintió cómo el sello de su pecho comenzaba a arder.
—¡Aaagh!
Cayó de rodillas.
Era como si alguien estuviera arrancándole el alma desde dentro.
—Concéntrate.
La voz de Satán sonó seria por primera vez.
—¿¡Cómo demonios quieres que me concentre!?
—Porque esto apenas está comenzando.
Las llamas aumentaron de tamaño.
El remolino se cerró sobre Peter.
Formando una especie de capullo gigantesco.
Los árboles cercanos comenzaron a romperse.
Las hojas salieron disparadas en todas direcciones.
La energía que liberaban era tan grande que el cielo comenzó a oscurecerse.
—Bienvenido al infierno, Bloodstar.
Entonces comenzó.
Peter sintió que algo entraba en su interior.
No era dolor.
No exactamente.
Era una sensación imposible de describir.
Como si otra existencia estuviera ocupando cada rincón de su alma.
Millones de recuerdos aparecieron frente a sus ojos.
Guerras.
Imperios.
Dioses.
Monstruos.
Civilizaciones enteras naciendo y desapareciendo.
Miles de años comprimidos en unos pocos segundos.
Peter gritó.
Su mente no podía soportarlo.
—¡SATÁN!
—¡NO PIERDAS LA CONSCIENCIA!
La voz del demonio resonó dentro de él.
—¡SI TE RINDES AHORA MORIREMOS LOS DOS!
Las llamas explotaron.
La tierra se abrió bajo el capullo.
Relámpagos negros atravesaron las nubes.
Por primera vez en siglos...
El poder de Satán abandonaba su prisión.
A varios cientos de metros de allí.
Una joven caminaba tranquilamente por el bosque.
—Ven aquí.
Claire suspiró mientras sujetaba una correa vacía.
—¿Dónde te metiste ahora?
Su mascota había salido corriendo unos minutos atrás.
No era raro.
Pero normalmente regresaba enseguida.
Esta vez no.
Entonces lo sintió.
Un estruendo.
Claire levantó la mirada.
A lo lejos podía verse una columna de oscuridad elevándose hacia el cielo.
—¿Qué demonios...?
El suelo volvió a temblar.
Los pájaros escaparon de los árboles.
Los animales comenzaron a huir.
Y una sensación de peligro recorrió todo su cuerpo.
Cualquier persona normal habría dado media vuelta.
Claire no.
—Eso no parece normal.
Comenzó a caminar hacia el origen de la perturbación.
Dentro del capullo.
Peter seguía luchando.
Su cuerpo estaba cubierto por grietas luminosas.
Las llamas negras entraban y salían de ellas.
—¡SATÁN!
—¡SIGUE RESISTIENDO!
—¡MI CUERPO SE ESTÁ ROMPIENDO!
—¡ESO SIGNIFICA QUE SIGUES VIVO!
—¡NO CREO QUE ESO SEA ALGO BUENO!
El demonio soltó una carcajada.
Incluso en medio de aquella situación.
—¡ESO ES EXACTAMENTE LO QUE KLAUS HABRÍA DICHO!
Peter sintió otra explosión de dolor.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
Una luz dorada apareció dentro de su pecho.
Satán dejó de reír.
—¿Qué es eso...?
La luz aumentó.
Más.
Y más.
Hasta obligar a las llamas negras a retroceder.
Peter abrió los ojos.
Dentro de aquel océano de oscuridad podía ver una energía completamente diferente.
Una energía cálida.
Antigua.
Familiar.
—Satán...
La voz de Peter tembló.
—¿Eso estaba dentro de mí?
Por primera vez desde que lo conocía...
Satán parecía sorprendido.
Realmente sorprendido.
—No...
Los ojos rojos del Rey Demonio se abrieron lentamente.
—Eso no debería existir.
La luz dorada siguió creciendo.
Y algo comenzó a despertar en las profundidades del alma de Peter Bloodstar.
Thoughts
-
PermalinkLo de "la historia siempre la escriben los vencedores" como excusa para que a Satan lo pinten distinto en los libros sagrados me dejo pensando. Para ser un primer intento, ahi ya tienes una idea que sostiene el capitulo entero. Sigue por ahi.
-
PermalinkMe quede con la duda del sello en el pecho. Dices que funciona como un reloj y el capitulo cierra con "Tik... tak...". Eso significa que Peter tiene una cuenta regresiva concreta, o es mas simbolico? Me intriga saber cuanto tiempo le diste.
Related discussions
-
Bloodstar Chapter/Capitulo 2
hola, aqui les dejo y presento el segundo capitulo de mi intento literario, espero y sea de su agrada
-
BLOODSTAR CAPITULO/CHAPTER 3
hola chicos, aqui el capitulo 3 de mi intento literario. Espero y les guste
-
Ante el Argumento Humano contra Dios
Poema con poesía bíblica que confronta la visión y objeción humana del mal contra Dios como la de Épicuro y Dawkins sin necesidad de cientificismos ni de filosofía lógica, sino con biblia.