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Bloodstar Chapter/Capitulo 2

LilBloodstar
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hola, aqui les dejo y presento el segundo capitulo de mi intento literario, espero y sea de su agrada

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Contenido de la discusión

Capítulo 2: El despertar de un nuevo rey

Oscuridad.

Eso era lo único que Peter podía ver.

Oscuridad infinita.

Durante unos segundos creyó haber muerto.

Luego escuchó una voz.

—Interesante...

No era Satán.

Peter abrió lentamente los ojos.

Se encontraba de pie en un lugar completamente negro.

Frente a él brillaba una luz dorada.

Una luz tan intensa que incluso las llamas oscuras de Satán parecían insignificantes a su lado.

—¿Quién eres? —preguntó Peter.

La luz no respondió.

Simplemente lo observó.

O al menos esa era la sensación que tenía.

Entonces la voz de Satán resonó detrás de él.

—Bloodstar... retrocede.

Peter se giró.

Por primera vez desde que lo conocía, el Rey Demonio parecía nervioso.

—¿Qué ocurre?

—No lo sé.

La respuesta sorprendió a Peter.

—¿No lo sabes?

—No.

Satán observó la luz fijamente.

—Y eso es exactamente lo que me preocupa.

La luz comenzó a expandirse.

El espacio entero tembló.

Peter sintió que algo dentro de él despertaba.

Algo antiguo.

Algo que había permanecido dormido durante generaciones.

Y entonces todo desapareció.


Claire abrió lentamente los ojos.

Lo primero que vio fue un techo blanco.

Lo segundo fue una lámpara.

Lo tercero...

Fue Peter.

—¿Peter?

Su voz sonó débil.

El joven levantó la vista inmediatamente.

—Claire.

Un suspiro de alivio escapó de sus labios.

—Por fin despiertas.

Claire se incorporó lentamente.

—¿Qué pasó?

Peter sintió un nudo en la garganta.

No podía decirle la verdad.

No podía contarle nada sobre Satán.

Nada sobre el bosque.

Nada sobre la fusión.

—Te encontré desmayada en el bosque.

Claire intentó recordar.

Fragmentos de imágenes cruzaron su mente.

Oscuridad.

Relámpagos negros.

Una enorme columna de fuego.

Y unos ojos rojos observándola desde las sombras.

Un escalofrío recorrió su cuerpo.

—No recuerdo mucho.

—Es normal.

Peter intentó sonar tranquilo.

—El médico dijo que probablemente sufriste una fuerte impresión.

Claire asintió lentamente.

Pero algo no encajaba.

Sentía que estaba olvidando algo importante.

Muy importante.

Mientras ambos conversaban, una voz resonó dentro de la mente de Peter.

—Eres pésimo mintiendo.

Peter cerró los ojos.

—Ahora no.

—Solo digo la verdad.

Satán soltó una pequeña risa.

—Aunque debo admitir algo.

—¿Qué?

—Tiene unos ojos bastante bonitos.

Peter casi se atragantó.

—¿Puedes dejar de comentar cada cosa que pienso?

—No.

—¿Por qué?

—Porque técnicamente también son mis pensamientos ahora.

—Odio esta situación.

—Mentira.

Satán volvió a reír.

Y para desgracia de Peter...

Tenía razón.

Después de dejar a Claire en su casa y asegurarse de que se encontraba bien, Peter regresó al hospital.

No tenía una razón específica para volver.

Simplemente necesitaba un lugar tranquilo para pensar.

Habían pasado demasiadas cosas en menos de dos días.

La aparición de Satán.

La historia de Klaus.

La fusión de sus almas.

La extraña luz dorada.

Y la sensación constante de que algo había cambiado dentro de él.

Tras caminar por los pasillos encontró una habitación vacía que no estaba siendo utilizada. No había pacientes ni personal médico cerca, únicamente el silencio.

Peter cerró la puerta y se dejó caer en una silla.

—Necesito respuestas.

Una sombra oscura comenzó a desprenderse de su cuerpo.

Poco a poco tomó forma frente a él.

La figura serpentina de Satán apareció flotando a pocos centímetros del suelo.

—Supongo que llegó el momento de hablar.

—Se siente extraño escucharte sin poder verte —comentó Peter.

—Si lo prefieres, puedo manifestarme de esta manera durante un tiempo.

—Muy conveniente.

—Lo sé.

Peter apoyó los brazos sobre las rodillas.

—Entonces dime qué ocurrió exactamente.

La mirada de Satán se volvió seria.

—Lo primero que debes entender es que ya no somos dos seres separados.

Peter permaneció en silencio.

—Nuestra fusión fue exitosa. Ya no eres un humano que alberga a Satán, ni yo soy un demonio utilizando un recipiente. Somos una nueva existencia.

—Eso suena preocupante.

—Porque lo es.

Satán desvió la mirada.

—Y estoy bastante seguro de que ciertas entidades ya se dieron cuenta.

—¿Qué clase de entidades?

—Dioses. Gobernantes. Seres antiguos. Llámalos como quieras. Aquellos que se consideran los verdaderos dueños del mundo.

Peter estaba a punto de responder cuando Satán se quedó inmóvil.

Sus ojos se fijaron en el techo.

—Bloodstar...

—¿Qué ocurre?

—Algo viene hacia nosotros.

El aire de la habitación comenzó a vibrar.

Las luces parpadearon.

Y entonces el espacio mismo empezó a deformarse.

Como si una mano invisible estuviera desgarrando la realidad.

Una grieta apareció en el aire.

Luego otra.

Y otra más.

Hasta que terminó formándose un agujero de gusano del tamaño de una puerta.

Peter se puso de pie inmediatamente.

—¿Qué demonios es eso?

—Una forma bastante arrogante de llamar la atención.

El portal giró lentamente sobre sí mismo.

Entonces algo cayó desde su interior.

Una carta.

Un sobre plateado sellado con cera negra.

Mientras la carta descendía lentamente, Peter la atrapó en el aire.

El sello plateado brilló por unos segundos antes de apagarse.

—Qué manera tan dramática de enviar correspondencia —comentó Peter.

—Créeme, conozco personas mucho peores —respondió Satán.

Peter rompió el sello y desplegó el pergamino.

La caligrafía era elegante y antigua, como si hubiese sido escrita siglos atrás.

La carta decía:


Al Portador de la Oscuridad.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que percibimos tu presencia en el mundo mortal.

Debemos admitir que tu regreso ha resultado... inesperado.

Sin embargo, no es tu aparición lo que ha llamado nuestra atención.

Hemos presenciado el nacimiento de emperadores.

La caída de dioses.

El ascenso y la desaparición de innumerables civilizaciones.

Pero lo ocurrido anoche no pertenece a ninguno de esos acontecimientos.

Algo despertó.

Algo que no figura en nuestros registros.

Algo que jamás debió existir.

Por primera vez en siglos, observamos un fenómeno que ni siquiera nosotros comprendemos.

Y eso nos preocupa.

Tu existencia nunca representó una amenaza para el equilibrio del mundo.

Pero aquello que ha nacido de esta unión...

es diferente.

Su existencia es innecesaria.

El orden de este mundo fue construido hace mucho tiempo.

Y todo aquello que altere dicho orden deberá responder por ello.

Te aconsejamos prudencia.

No por tu seguridad.

Sino por la de aquellos que te rodean.

Nuestros ojos permanecerán sobre ti.

Y sobre aquello que ahora comparte tu alma.

Nos veremos pronto.

F.A.


El silencio llenó la habitación.

Peter volvió a leer las últimas líneas.

—Bueno...

Dobló la carta lentamente.

—Definitivamente he recibido cartas de amor menos agresivas.

Satán no respondió.

Peter levantó una ceja.

—¿Satán?

El Rey Demonio permaneció observando la carta.

Por primera vez desde que lo conocía, parecía verdaderamente pensativo.

—Eso es extraño.

—¿Qué parte?

—Que ellos admitan que no entienden algo.

Peter frunció el ceño.

—¿Es tan grave?

—Mucho.

Satán apartó la mirada de la carta.

—Los Dioses Antiguos llevan observando este mundo desde antes de que existieran los imperios actuales.

Creen saberlo todo.

Creen controlarlo todo.

Creen que nada puede escapar de su conocimiento.

—¿Y ahora?

—Ahora me están diciendo que algo escapó a su comprensión.

La habitación quedó en silencio.

—¿Y qué significa eso?

La mirada de Satán se volvió seria.

—Que tampoco lo entiendo yo.

Peter sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Por primera vez desde la fusión comenzó a comprender la magnitud de lo ocurrido en el bosque.

Lo que fuera que había despertado aquella noche...

No había llamado únicamente la atención de los Dioses Antiguos.

También había conseguido inquietar al propio Rey del Infierno.

Satán permaneció unos segundos observando la carta antes de soltar una pequeña risa.

—Bueno... ya era hora.

Peter levantó una ceja.

—¿Ya era hora de qué?

—De que alguien reaccionara. Si una existencia como la nuestra aparecía y nadie hacía nada, habría empezado a preocuparme.

Peter apoyó la espalda en la silla.

—Puedo sentir el ki, Satán. No estoy completamente indefenso.

—Lo sé.

La serpiente oscura sonrió.

—Se nota que Klaus te enseñó más de lo que imaginaba.

Peter observó una vez más la carta antes de guardarla.

No le gustaba admitirlo, pero aquella advertencia había conseguido inquietarlo.

Mientras tanto...

En algún lugar lejano.

Alguien ya comenzaba a mover las piezas del tablero.


A la mañana siguiente, Peter caminaba hacia la preparatoria con las manos en los bolsillos.

La carta no había abandonado sus pensamientos.

La Facción de los Dioses Antiguos.

Aquello que había despertado.

Y la posibilidad de que estuvieran siendo observados.

—Definitivamente mi vida se está complicando demasiado rápido.

—Eso te pasa por fusionarte con el Rey del Infierno.

—Como si hubiera sido idea mía.

—Técnicamente lo fue.

—Cállate.

Satán soltó una carcajada.

Justo cuando Peter estaba por cruzar la entrada de la escuela, una mano golpeó suavemente su espalda.

—¡Peter!

El joven dio un pequeño salto.

—¡Por todos los demonios, Claire!

La chica comenzó a reír.

—Lo siento.

—No, no lo sientes.

—Tienes razón.

Claire volvió a reír.

Peter negó con la cabeza.

—¿Cómo te encuentras?

—Perfectamente.

—¿Segura?

—Peter.

Claire cruzó los brazos.

—Sobreviví. No soy tan frágil como parezco.

—Lo sé.

—Entonces deja de preocuparte tanto.

Peter sonrió.

—Lo intentaré.

Ambos caminaron hacia el aula mientras conversaban de cosas cotidianas.

Durante unos instantes, Peter consiguió olvidar la carta.

Consiguió olvidar la fusión.

Consiguió olvidar a Satán.

Pero aquella tranquilidad no duraría mucho.


Las clases comenzaron con normalidad.

O al menos eso parecía.

Hasta que el profesor entró al salón acompañado de una carpeta.

—Muy bien, todos presten atención.

Las conversaciones cesaron.

—Tengo un anuncio que hacer.

La clase guardó silencio.

—A partir de hoy tendremos una nueva estudiante.

Los murmullos comenzaron inmediatamente.

Algunos alumnos parecían emocionados.

Otros simplemente curiosos.

Peter apenas prestó atención.

Hasta que escuchó la voz de Satán.

—Bloodstar.

El tono del Rey Demonio hizo que Peter se enderezara de inmediato.

—¿Qué ocurre?

—¿Lo sientes?

Peter se quedó inmóvil.

Y entonces lo percibió.

Una presión.

Pesada.

Antigua.

Aplastante.

Como si una criatura gigantesca estuviera observando el salón desde algún lugar invisible.

—Sí...

—No hagas nada.

Observemos primero.

La puerta del aula se abrió lentamente.

Y una joven cruzó el umbral.

Cabello blanco.

Piel clara.

Ojos grises.

Pero no fueron sus rasgos lo que llamó la atención de Peter.

Fue la presencia que ocultaba detrás de ellos.

La joven tomó una tiza y escribió su nombre en la pizarra.

Shiro Houzuki.

Luego se giró hacia la clase.

—Hola a todos.

Mi nombre es Shiro Houzuki.

Tengo dieciséis años.

Espero que podamos llevarnos bien.

Su sonrisa era amable.

Demasiado amable.

Peter sintió un escalofrío.

Era la misma sensación que tendría un conejo al encontrarse frente a un lobo disfrazado.

Los alumnos reaccionaron de inmediato.

Los chicos parecían fascinados.

Las chicas no tardaron en acercarse para hacer preguntas.

Era imposible ignorar unos ojos tan extraños.

Grises.

Profundos.

Como si ocultaran un vacío infinito.

—Muy bien, muy bien, cálmense todos —interrumpió el profesor.

Miró alrededor del aula buscando un asiento libre.

—Veamos...

Entonces señaló una de las filas.

—Hay un lugar disponible junto a Peter. Puedes sentarte allí.

Por un instante, el salón entero volvió la mirada hacia él.

Peter solo suspiró.

—Por supuesto.

Shiro caminó tranquilamente hasta su asiento.

Cada paso parecía calculado.

Cada movimiento resultaba extrañamente elegante.

Al llegar, tomó asiento junto a él.

Peter volvió la mirada hacia la ventana.

Intentando ignorarla.

Pero podía sentir sus ojos sobre él.

Observándolo.

Estudiándolo.

Analizándolo.

La brisa de verano entró por la ventana abierta.

Moviendo ligeramente el cabello de ambos.

Y cuando Peter finalmente giró la cabeza...

Descubrió que Shiro seguía mirándolo.

Sonriendo.

Como si hubiera estado esperándolo.

La clase terminó unos minutos después.

Mientras los estudiantes comenzaban a salir del aula para almorzar, el profesor llamó la atención de Peter.

—Peter.

—¿Sí, profesor?

—¿Podrías mostrarle la escuela a Shiro? Después de todo, eres uno de los estudiantes más antiguos de la clase.

Peter observó a la nueva estudiante durante unos segundos.

Luego se encogió de hombros.

—Supongo que puedo hacerlo.

Miró a Shiro.

—De todas formas iba a almorzar. ¿Te parece si comemos mientras te enseño el instituto? Así matamos dos pájaros de un tiro.

Shiro sonrió.

—Claro. No tengo ningún inconveniente.

—Perfecto —dijo el profesor satisfecho—. Entonces queda resuelto.

Mientras Peter y Shiro abandonaban el salón, alguien acababa de regresar de la cafetería.

Claire.

La joven observó cómo ambos se alejaban juntos.

Y entonces...

Su imaginación comenzó a trabajar a máxima velocidad.

—¿Qué está pasando?

Claire parpadeó varias veces.

—Se conocen desde hace menos de una hora...

¿Y ya están almorzando juntos?

No, espera.

Seguro que el profesor se lo pidió.

Sí.

Tiene que ser eso.

Pero...

¿Y si no?

—¡No, Claire, deja de pensar tonterías!

Se cubrió el rostro con ambas manos.

—¿Por qué me importa tanto?

Mientras Claire libraba una batalla mental contra sí misma, Peter guiaba a Shiro por los distintos edificios de la escuela.


—Y por último...

Peter abrió la puerta metálica.

—Esta es la azotea.

Una suave brisa de verano los recibió.

Desde allí podía verse gran parte de la ciudad.

Shiro observó el paisaje durante unos instantes.

—Esta escuela es sorprendentemente grande.

Peter soltó una pequeña risa.

—Lo admito. Es absurdamente grande.

—¿Cuántos estudiantes hay?

—Más de diez mil.

Shiro giró ligeramente la cabeza.

—Diez mil cuatrocientos veinte.

Peter pestañeó.

—¿Qué?

—Ese es el número exacto de estudiantes matriculados este año.

Peter la observó sorprendido.

—Tienes muy buen ojo.

—Digamos que soy observadora.

Peter sonrió.

—Bueno, ya que estamos aquí...

Sacó su almuerzo.

—¿Comemos?

—Me parece bien.

Ambos tomaron asiento cerca de la baranda.

Durante unos minutos se limitaron a comer en silencio.

Un silencio sorprendentemente cómodo.

Hasta que Shiro decidió romperlo.

—¿Cómo llegaste a esta escuela?

Peter levantó la vista.

—Mi abuelo estudió aquí.

—¿En serio?

—Sí.

Una sonrisa nostálgica apareció en su rostro.

—Me habló mucho de este lugar cuando era niño. Siempre decía que aquí vivió algunas de las mejores experiencias de su vida.

—Debió de ser importante para ti.

—Lo fue.

Peter miró el cielo unos segundos.

—Y lo sigue siendo.

Shiro permaneció en silencio.

—¿Cómo era?

La sonrisa de Peter se amplió ligeramente.

—Era perseverante.

Gracioso.

Sorprendentemente sabio cuando quería.

Y muy fuerte.

—Parece que lo admirabas mucho.

—Lo admiraba.

Peter asintió.

—Siempre me decía algo.

Shiro apoyó el mentón sobre la mano.

—¿Qué cosa?

—"Los hombres fuertes se protegen a sí mismos. Los más fuertes protegen a los demás."

La brisa agitó suavemente el cabello de ambos.

—Suena como alguien que vivió muchas cosas.

—Probablemente más de las que jamás me contó.

El silencio regresó durante unos instantes.

Hasta que Shiro habló nuevamente.

—Entonces...

¿Ya falleció?

Peter bajó la mirada.

—Sí.

—Lo siento.

—No te preocupes.

Peter sonrió con tranquilidad.

—Hace bastante tiempo.

Todavía lo extraño.

Pero ya no duele como antes.

Shiro observó aquella expresión durante unos segundos.

Como si intentara comprender algo.

—Ahora cuéntame de ti.

La joven apartó la vista hacia el horizonte.

—No hay mucho que contar.

—Lo dudo.

—No conocí a mi padre.

Peter guardó silencio.

—Y mi madre murió hace algunos años.

—Lo siento.

Shiro negó con la cabeza.

—No tienes que disculparte.

Su mirada se suavizó ligeramente.

—Era una mujer increíble.

Trabajadora.

Responsable.

Y extremadamente terca.

Peter soltó una pequeña risa.

—Suena peligrosa.

—Lo era.

Por primera vez desde que la conocía, Shiro sonrió de forma completamente sincera.

—Siempre me decía lo mismo.

Peter levantó una ceja.

—¿Qué te decía?

Shiro cerró los ojos por un instante.

Como si escuchara una voz que solo ella podía recordar.

—"Shiro, no te rindas.

Ve.

Enfrenta el problema.

Pelea.

Y gana."

Por un momento, algo cambió en la expresión de Peter.

Porque aquellas palabras...

Le recordaban demasiado a alguien.

Y por primera vez desde que se conocieron...

Sintió que detrás de aquella misteriosa estudiante existía una persona real.

Shiro bajó la mirada durante unos segundos.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—A veces me siento culpable.

Peter la observó sin interrumpirla.

—¿Por qué?

—Porque dejó atrás muchas cosas por mi culpa.

Su mirada se dirigió a las nubes.

—Pero ella siempre me decía lo mismo.

La voz de Shiro se suavizó ligeramente.

—"Yo elegí dejar ese puesto. Nadie me obligó. Lo hice porque quería estar contigo, verte crecer y asegurarme de que tu sonrisa brillara tanto como las estrellas."

Peter sonrió.

—Tu madre debió ser una gran persona.

Shiro asintió lentamente.

—Lo fue.

Metió la mano en uno de sus bolsillos y sacó una pequeña billetera.

La abrió con cuidado.

—Aquí tengo una fotografía de ella.

¿Quieres verla?

—Por supuesto.

Shiro le entregó la fotografía.

Peter la tomó con cuidado.

La mujer de la imagen tenía una sonrisa cálida y una mirada llena de determinación.

Durante unos segundos observó la fotografía en silencio.

Pero alguien más también la estaba observando.

Y aquella persona quedó sorprendida.

—Vaya...

La voz de Satán resonó en su mente.

—Qué inesperado.

Peter no llegó a escucharlo.

Satán había hablado únicamente para sí mismo.

—Así que ella es la hija de esa mujer...

Interesante.

Muy interesante.

La serpiente oscura guardó silencio.

Por primera vez desde la llegada de Shiro, parecía realmente intrigado.

Peter devolvió la fotografía.

—Tienes los ojos de tu madre.

Shiro sonrió.

—¿Solo los ojos?

Peter la observó durante unos segundos.

—También heredaste su cabello.

Es tan oscuro que parece el cielo nocturno.

Como si las estrellas pudieran reflejarse en él.

Shiro parpadeó.

Su expresión cambió ligeramente.

—¿Cómo dijiste?

Peter se quedó confundido.

—¿Dije algo raro?

—No.

Shiro negó con la cabeza.

—Es solo que...

Mi madre solía decirme exactamente lo mismo cuando era pequeña.

Por alguna razón, aquello provocó una sonrisa en ambos.

Después de unos segundos, Shiro volvió a hablar.

—Por cierto.

¿Cómo se llamaba tu abuelo?

Peter apoyó el codo sobre la rodilla.

—Te lo diré si primero me dices cómo se llamaba tu madre.

Shiro soltó una carcajada.

Una carcajada auténtica.

Libre de cualquier máscara.

—Está bien.

Trato hecho.

Peter sonrió.

—Mi abuelo se llamaba Klaus Bloodstar.

Por un instante, algo brilló en los ojos de Shiro.

—Ya veo...

Entonces respondió.

—Mi madre se llamaba Eleonora Houzuki.

Antes de que Peter pudiera añadir algo más...

El timbre sonó por toda la escuela.

El almuerzo había terminado.

—Supongo que debemos volver.

—Supongo que sí.

Ambos se levantaron y regresaron al edificio principal.


Cuando entraron al aula, Claire fue la primera en levantarse de su asiento.

Y también la primera en acercarse a Peter.

—¡Peter!

El joven se sobresaltó.

—¿Qué ocurre?

—¿Dónde estabas?

Peter señaló a Shiro con el pulgar.

—El profesor me pidió que le mostrara la escuela.

Claire cruzó los brazos.

—¿Durante todo el almuerzo?

—Bueno...

Peter sonrió.

—La azotea estaba de camino.

Terminamos almorzando allí mientras hablábamos.

Claire guardó silencio unos segundos.

—Entonces...

¿Solo hablaron?

—Por supuesto.

Claire observó a Peter.

Luego a Shiro.

Y nuevamente a Peter.

—Ya veo.

Peter no entendió por qué aquella respuesta parecía haberla tranquilizado.

Claire tampoco.

Y decidió no pensarlo demasiado.


Las clases continuaron con normalidad.

O al menos así lo parecían.

Los alumnos tomaban apuntes.

Los profesores explicaban sus lecciones.

Y la escuela seguía funcionando como cualquier otro día.

Sin embargo...

Mientras todos prestaban atención a las clases...

Alguien más ya había comenzado a mover sus piezas.

Y el juego estaba a punto de empezar.


Finalmente llegó la hora de salida.

Los estudiantes comenzaron a abandonar el instituto mientras el sol empezaba a descender en el horizonte.

Claire reunió valor.

Había decidido que aquella vez invitaría a Peter a caminar juntos.

Pero cuando salió del aula...

Ya era demasiado tarde.

Shiro se había adelantado.

La joven caminaba junto a Peter mientras ambos conversaban y reían.

Claire aceleró el paso.

—¡Peter!

El joven giró la cabeza.

—¿Sí?

—¿Tienes algo que hacer ahora?

Peter miró a Shiro.

Luego volvió a mirar a Claire.

—En realidad sí.

Shiro me pidió que le mostrara la ciudad.

Claire sintió una pequeña punzada en el pecho.

—Oh...

Peter sonrió.

—Pero mañana puedo compensarlo.

¿Qué te parece si te invito a cenar después de clases?

Claire parpadeó.

—¿Una cena?

—Sí.

Como agradecimiento por preocuparte tanto.

La joven apartó la mirada intentando ocultar una sonrisa.

—Está bien.

Te tomaré la palabra.

—Perfecto.

Claire asintió.

Aunque por dentro no estaba segura de sentirse mejor.

Porque mientras veía a Peter alejarse junto a Shiro...

No podía dejar de preguntarse por qué aquella escena le molestaba tanto.

Claire observó cómo Peter y Shiro se alejaban por la avenida principal.

Aunque intentó ocultarlo, una pequeña sensación de decepción apareció en su pecho.

—Está bien... —murmuró para sí misma.

Después de todo, Peter le había prometido compensarla.

Y nunca rompía sus promesas.

Con un pequeño suspiro, comenzó a caminar hacia su casa.


Mientras tanto...

Peter y Shiro recorrían las calles de la ciudad.

Los comercios comenzaban a encender sus luces mientras el sol descendía lentamente en el horizonte.

—No esperaba que hubiera tantas cosas aquí —comentó Shiro mientras observaba una enorme avenida llena de personas.

—Cuando llegué pensé exactamente lo mismo.

Peter señaló varios edificios.

—Por allí está el distrito comercial, más adelante está la zona histórica y si seguimos unas calles más llegaremos al parque central.

Shiro observaba todo con genuina curiosidad.

Algo que llamó la atención de Peter.

Hasta ese momento siempre había parecido una persona tranquila y misteriosa.

Pero ahora parecía una adolescente normal descubriendo un lugar nuevo.

—¿Es tu primera vez en esta ciudad?

—Sí.

—Entonces supongo que todavía queda mucho por mostrar.

—Supongo que sí.

Por primera vez, Shiro sonrió sin reservas.

Aquella sonrisa resultó sorprendentemente sincera.

Durante las siguientes horas caminaron por distintos lugares.

Hablaron de la escuela.

De sus familias.

De cosas simples.

Y por primera vez desde que comenzó todo aquel caos, Peter consiguió relajarse un poco.

Sin embargo...

Ninguno de los dos notó que alguien los observaba desde la distancia.

Y que otros acontecimientos ya habían comenzado a ponerse en marcha.


Claire regresó sola a casa.

Y aquello resultó ser un problema.

Porque ahora tenía demasiado tiempo para pensar.

—No pasa nada.

Caminaba por la acera con los brazos cruzados.

—Solo le está mostrando la ciudad.

Nada más.

Guardó silencio unos segundos.

—Aunque sí parecían llevarse bastante bien...

Sacudió la cabeza.

—No, Claire. No empieces.

Acaban de conocerse.

Pero entonces otra voz apareció en su mente.

—¿Y si no?

—¡Cállate!

Algunos peatones la miraron extrañados.

Claire se dio cuenta de que había hablado en voz alta.

—Perfecto.

Ahora parezco una loca.

Continuó caminando mientras discutía consigo misma.

Tan distraída estaba que no notó algo importante.

No estaba sola.

Desde hacía varios minutos una presencia la seguía.

Silenciosa.

Oculta.

Paciente.


Cuando finalmente llegó a casa, dejó los zapatos en la entrada, colgó su mochila y fue directamente a la cocina.

Necesitaba distraerse.

Tomó una barra de chocolate.

Una bebida fría.

Y se sentó tranquilamente junto a la ventana.

Sin embargo...

La sensación no desaparecía.

Aquella extraña sensación de que alguien la observaba.

Claire frunció el ceño.

—Qué raro...

Entonces escuchó un susurro.

Tan suave como el viento.

—Claire.

La joven giró ligeramente la cabeza.

Un pequeño espíritu luminoso flotaba junto a ella.

—¿Qué ocurre?

El espíritu se acercó a su oído.

—Hay alguien detrás de ti.

La expresión de Claire cambió al instante.

Su cuerpo se tensó.

Y por primera vez en varios minutos dejó de parecer una estudiante común.

—Ya veo.

Sus ojos comenzaron a brillar con una tenue luz plateada.

—Ojo de la Reina.

La energía espiritual recorrió la habitación.

Y finalmente vio la figura oculta entre las sombras.

Observándola.

Esperando.

Y entonces comprendió que aquella noche estaba a punto de convertirse en algo mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Claire activó el Ojo de la Reina.

La energía espiritual inundó la habitación.

Por primera vez podía ver con claridad cada corriente de energía que la rodeaba.

Y también pudo verlo a él.

Fenrir.

El licántropo desapareció de su vista.

Pero Claire sonrió.

—Te encontré.

La joven giró sobre sí misma y se lanzó en dirección opuesta.

Un segundo después, ambos chocaron en mitad de la cocina.

La onda de choque hizo vibrar las paredes.

Fenrir aterrizó varios metros más atrás.

Sus ojos brillaron con interés.

—Vaya...

Claire adoptó una postura de combate.

—No te creas tanto solo porque eres un poco fuerte.

Ahora verás de lo que soy capaz.

Fenrir soltó una carcajada.

—Eso quería escuchar.

Diviérteme con todo lo que tengas.

El licántropo desapareció nuevamente.

Esta vez liberó toda su velocidad.

Las baldosas explotaban bajo sus pies mientras avanzaba.

Sus garras se extendieron.

Largas.

Afiladas.

Rojas como la sangre.

La intención asesina que desprendían era imposible de ocultar.

Apenas unos metros separaban a ambos.

—¡Muévete o será tu fin!

Pero Claire no se movió.

No retrocedió.

No esquivó.

Simplemente levantó una mano.

Y habló.

—JARDÍN ESPIRITUAL.

La energía espiritual explotó.

El suelo se resquebrajó.

Decenas de plantas comenzaron a brotar a una velocidad imposible.

Flores desconocidas.

Árboles de cristal.

Enredaderas doradas.

Vegetación que solo existía dentro del Reino Espiritual.

Las raíces atravesaron el suelo.

Y se lanzaron contra Fenrir.

—¿Qué...?

Las cadenas vegetales rodearon su cuerpo.

Cuanto más se resistía...

Más fuertes se volvían.

Cuanto más intentaba liberarse...

Más espinas aparecían.

Hasta inmovilizarlo por completo.

Claire recuperó el aliento.

Los pequeños rasguños que había recibido desaparecieron gracias a las flores espirituales.

Luego sonrió.

—Ahora dime.

¿Quién se está divirtiendo?

Fenrir comenzó a reír.

Al principio suavemente.

Después a carcajadas.

—Hahahaha...

Interesante.

Muy interesante.

Entonces abrió la boca.

Y escupió algo.

Una pequeña gema roja.

La piedra cayó al suelo.

Y todo cambió.

La temperatura se disparó.

La gema comenzó a brillar como magma.

Luego explotó.

Una erupción de fuego emergió desde el centro de la cocina.

Las raíces espirituales ardieron instantáneamente.

Las paredes comenzaron a derretirse.

Claire abrió los ojos sorprendida.

—¡¿Qué demonios es eso?!

Fenrir continuaba riendo.

—Un pequeño recuerdo de mis viajes.

Claire no perdió tiempo.

Saltó hacia las escaleras y corrió hasta el segundo piso.

Las llamas consumían lentamente la planta baja.

Cuando finalmente llegó a su habitación cerró la puerta.

Respiraba agitadamente.

—Bien...

Creo que lo perdí.

El silencio la envolvió.

Durante unos segundos pensó que había escapado.

Pero entonces...

Sintió algo.

Una presencia.

Justo detrás de ella.

El cuerpo entero se le congeló.

Giró lentamente.

Y allí estaba.

Fenrir.

Sonriendo.

Como si hubiera estado esperándola todo el tiempo.

—Basta de juegos.

La voz del licántropo sonó completamente distinta.

Más oscura.

Más fría.

Más peligrosa.

—Ahora todo...

Se terminó.

Claire apenas pudo reaccionar.

El puño de Fenrir impactó directamente en su abdomen.

BOOOOOM.

La explosión atravesó la habitación.

La mitad del techo desapareció.

Las paredes se agrietaron.

Y Claire salió despedida varios metros.

El mundo entero comenzó a dar vueltas.

Antes de marcharse, Fenrir sacó una pequeña esfera de cristal.

La dejó en el centro de la habitación.

La esfera comenzó a emitir una tenue luz azul.

—Con esto será suficiente.

Un instante después desapareció.

Como si nunca hubiera estado allí.


Mientras tanto...

Peter regresaba a casa después de pasar la tarde mostrando la ciudad a Shiro.

Ambos habían terminado recorriendo más lugares de los que esperaba.

Cuando finalmente llegaron a su vecindario, Peter sacó las llaves de su bolsillo.

Pero antes de abrir la puerta escuchó una voz familiar.

—Peter.

Al darse vuelta encontró a Shiro de pie frente a la casa de enfrente.

Peter parpadeó.

Luego miró la vivienda.

Luego volvió a mirar a Shiro.

—Espera...

¿Te mudaste aquí?

Shiro sonrió.

—Así es.

Peter soltó una pequeña risa.

—No puede ser.

¿Justo enfrente de mi casa?

—Supongo que tuve suerte.

Además está cerca de la escuela.

Peter negó con la cabeza.

—Bueno, parece que ahora somos vecinos.

—Parece que sí.

—Entonces será un gusto ayudarte si necesitas algo.

Shiro sonrió.

—Lo tendré en cuenta.

Justo cuando ambos continuaban hablando...

Un teléfono comenzó a sonar.

Peter sacó el suyo del bolsillo.

La pantalla mostraba un nombre.

Alexander.

Contestó inmediatamente.

—¿Alex?

Del otro lado de la línea solo escuchó respiración agitada.

Y una voz llena de desesperación.

—¡PETER!

El corazón de Peter se detuvo por un instante.

—¿Qué ocurrió?

—¡VEN RÁPIDO!

¡ALGO LE PASÓ A CLAIRE!

El mundo pareció congelarse.

Y por primera vez en toda la tarde...

Peter sintió miedo.

Al escuchar aquellas palabras, Peter sintió que el mundo se detenía.

Su teléfono cayó al suelo.

—¡Claire...!

Sin pensarlo dos veces, salió corriendo.

Las calles desaparecían a su alrededor mientras avanzaba a toda velocidad.

Su respiración era irregular.

Su mente estaba llena de preguntas.

¿Qué había ocurrido?

¿Quién la había atacado?

¿Seguía viva?

—Bloodstar.

La voz de Satán resonó en su cabeza.

—Cálmate.

—¡¿Cómo quieres que me calme?!

Peter apretó los dientes.

—Algo le ocurrió a Claire y ni siquiera sé por qué.

Tengo que llegar.

Tengo que llegar ahora.

Por primera vez desde que se conocieron, Satán guardó silencio.

Y Peter siguió corriendo.

Más rápido.

Y más rápido.

Sin darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Los edificios comenzaron a convertirse en manchas borrosas.

Las luces desaparecieron.

El viento golpeaba su rostro con una fuerza brutal.

Y apenas unos segundos después...

Ya había llegado.

Peter se detuvo frente a la casa de Claire.

Respiraba agitadamente.

Confundido.

—¿Qué...?

Miró a su alrededor.

—No puede ser.

Satán soltó una pequeña risa.

—Interesante.

—¿Qué pasó?

—Acabas de recorrer varios kilómetros en cuestión de segundos.

Peter abrió los ojos.

—¿Qué?

—Parece que la fusión ya comenzó a alterar tu cuerpo.

Y sospecho que eso es apenas el comienzo.

Pero había algo más.

Satán dirigió su atención hacia la casa.

—Aunque me preocupa otra cosa.

—¿Qué sucede?

—No fuimos los primeros en llegar.

Peter no necesitó preguntar más.

Entró inmediatamente.


El interior estaba destrozado.

Muebles rotos.

Paredes agrietadas.

Marcas de combate por todas partes.

Peter revisó cada habitación.

La cocina.

La sala.

Los pasillos.

Nada.

Hasta que llegó al dormitorio de Claire.

Y allí la encontró.

Una esfera de cristal reposaba en medio de la habitación destruida.

—¿Qué es eso?

Peter se acercó lentamente.

Satán guardó silencio.

Como si también estuviera analizando el objeto.

Finalmente Peter extendió la mano.

Y tocó la esfera.

La superficie brilló.

Una niebla oscura comenzó a surgir desde su interior.

Hasta formar una figura gigantesca.

Una silueta monstruosa.

Dos ojos dorados aparecieron en la oscuridad.

Y una sonrisa llena de colmillos se dibujó lentamente.

—Al fin llegaste...

Bloodstar.

Peter apretó los puños.

—¿Quién eres?

La criatura soltó una carcajada.

—La última evolución de los licántropos.

La mano derecha del General Erkest.

Servidor del Señor Ignatus.

La sombra inclinó ligeramente la cabeza.

—Yo soy Wolfend.

El Aullador Lunar.

La habitación pareció enfriarse.

—¿Dónde está Claire?

—Qué impaciente.

Wolfend sonrió.

—Digamos que tu amiga está pasando por un momento difícil.

Peter sintió cómo la ira comenzaba a crecer.

—¿Qué le hiciste?

—Nada irreversible.

Todavía.

La sonrisa del licántropo se ensanchó.

—Aunque si tardas demasiado...

Quizá termine convirtiéndose en la cena de mi manada.

Peter dio un paso adelante.

—Maldito...

—Puerto Norte.

Galería abandonada.

Tienes dos horas.

Ven solo.

O recoge los restos de la chica.

La imagen comenzó a desvanecerse.

—Nos vemos pronto, Bloodstar.

La esfera se volvió negra.

Y un instante después se convirtió en polvo.

El silencio llenó la habitación.

Peter permaneció inmóvil durante varios segundos.

Luego habló.

—Satán.

—Lo sé.

—El Puerto Norte está al otro extremo de la ciudad.

—Correcto.

—No llegaremos a tiempo.

Entonces Satán comenzó a reír.

Una carcajada profunda.

Divertida.

—Bloodstar...

¿De verdad sigues pensando como un humano normal?

Peter levantó una ceja.

—¿Qué quieres decir?

—Ya no somos humanos.

Ni demonios.

Ni dioses.

Somos algo completamente distinto.

Y es momento de empezar a actuar como tal.

La sonrisa de Satán se hizo más amplia.

—¿Recuerdas las puertas dimensionales?

Los ojos de Peter se iluminaron.

—¿Podemos abrir una?

—Podemos hacer algo mucho mejor.

Peter sonrió.

—Entonces dime cómo.

—Extiende la mano.

Peter obedeció.

—Ahora chasquea los dedos.

—Eso suena ridículamente simple.

—Hazlo.

Peter suspiró.

Y chasqueó los dedos.

CLACK.

El espacio frente a él se fracturó.

Como si un espejo invisible acabara de romperse.

Una enorme puerta negra comenzó a surgir desde la nada.

Rayos oscuros recorrieron su superficie.

La realidad misma parecía doblarse a su alrededor.

Peter observó la escena con asombro.

—Esto es imposible...

—No.

Satán sonrió.

—Esto es poder.

Peter observó el portal.

Y luego apretó los puños.

La imagen de Claire apareció en su mente.

—¿Listo?

preguntó.

—Hace rato.

La voz de Satán sonó cargada de emoción.

—Vamos a rescatar a la chica.

Y después...

Vamos a enseñarle a ese perro quién eligió a la persona equivocada para provocar.

Sin dudarlo un segundo, Peter atravesó la puerta.

Y desapareció.

—Habrá que pelear —dijo Satán mientras observaba cómo las sombras comenzaban a moverse alrededor de la galería—. Debo admitir que me sorprende que puedas usar magia con tanta facilidad. Eso nos ahorra muchos problemas.

Peter observó a la horda que descendía desde las vigas, paredes y balcones superiores.

Más de cien.

Quizá muchos más.

—¿Crees que podamos con ellos?

Satán soltó una pequeña risa.

—La pregunta correcta es cuánto te costará hacerlo.

Y entonces comenzó.

Los Undead Wolfman se lanzaron sobre él como una marea salvaje.

Peter avanzó para recibirlos.

Un puñetazo.

Una patada.

Un codazo.

Los primeros cuerpos salieron despedidos contra las paredes.

Al mismo tiempo extendió la mano.

—Hell Fire Bullet.

Decenas de proyectiles de fuego oscuro atravesaron la oscuridad.

Varias criaturas quedaron reducidas a cenizas.

Pero no eran enemigos normales.

No sentían dolor.

No sentían miedo.

No sentían cansancio.

Seguían avanzando.

Peter comenzó a combinar magia y combate cuerpo a cuerpo.

Golpeaba.

Esquivaba.

Quemaba.

Retrocedía.

Volvía a atacar.

La galería entera se convirtió en un campo de batalla.

Mientras tanto, Wolfend permanecía sentado sobre el escenario.

Observando.

Sonriendo.

Como un rey viendo luchar a sus peones.

No intervenía.

No ayudaba.

Ni siquiera parecía preocupado.

Simplemente esperaba.

Como si supiera exactamente cómo terminaría todo.

Y aquello inquietó más a Peter que los propios muertos.

Los minutos comenzaron a pasar.

Y poco a poco el cansancio apareció.

Un zarpazo abrió su hombro.

Otro le desgarró parte del uniforme.

Una mordida alcanzó su brazo.

Luego otra.

Y otra.

Por cada enemigo que derribaba, dos más aparecían.

—Maldita sea...

Peter respiraba cada vez con más dificultad.

Entonces ocurrió.

Uno de los licántropos logró sujetarle una pierna.

Peter intentó apartarlo.

Pero el cadáver levantó la cabeza lentamente.

Sus ojos vacíos parecían contener algo.

Algo humano.

Algo que aún no había desaparecido.

Y entonces habló.

—Por favor...

Su voz era apenas un susurro.

—Mátanos...

Peter se quedó inmóvil.

El licántropo continuó hablando.

—Ya no queremos seguir haciendo daño...

Otro cadáver cercano levantó la cabeza.

—Hace años que morimos...

—No podemos descansar...

—No podemos detenernos...

—Seguimos escuchando sus órdenes...

—Seguimos viendo cómo nuestras manos matan...

—Y no podemos hacer nada...

Las palabras golpearon a Peter más fuerte que cualquier ataque.

Alrededor suyo comenzaron a escucharse más voces.

Decenas.

Quizá cientos.

Voces rotas.

Desesperadas.

Suplicantes.

—Por favor...

—Libéranos...

—Ya no queremos seguir aquí...

—Estamos cansados...

—Muy cansados...

Peter apretó los puños.

Aquello no era un ejército.

Era una prisión.

Una prisión construida con almas que jamás habían recibido descanso.

Entonces uno de los cadáveres sonrió.

Una sonrisa triste.

Dolorosa.

—Por favor...

—Haz que termine...

Y en ese instante otro licántropo lo mordió en la pierna.

Peter cayó al suelo.

El dolor recorrió todo su cuerpo.

Sin pensarlo extendió la mano.

Una explosión de llamas oscuras redujo al atacante a cenizas.

Retrocedió varios metros.

Respirando con dificultad.

Sangrando.

Agotado.

Creó un muro de fuego para ganar tiempo.

Luego concentró magia en sus dedos.

El calor se volvió tan intenso que el aire comenzó a distorsionarse.

Apretó los dientes.

Y presionó la herida.

El olor a carne quemada llenó la galería.

Peter soportó el dolor sin emitir un solo grito.

Cuando terminó, levantó la mirada.

Los muertos seguían observándolo.

Esperando.

Confiando en él.

Entonces recordó algo.

No era suyo.

Era un recuerdo que Satán había visto hacía años.

Uno de los últimos recuerdos escritos en el diario de Klaus Bloodstar.

Una noche.

Una fogata.

Un anciano Klaus entrenando.

Y una anotación escrita con tinta negra.

"Los dragones no necesitan espadas para destruir.

Su voz es suficiente."

Satán sonrió.

—Ahora lo recuerdas.

Peter se puso de pie lentamente.

Las llamas oscuras comenzaron a rodear su cuerpo.

—Sí...

Miró a los licántropos.

—Los escuché.

El fuego aumentó.

—Y cumpliré mi palabra.

Respiró profundamente.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Las llamas comenzaron a concentrarse en su pecho.

Luego en su garganta.

El suelo tembló.

Las ventanas explotaron.

Incluso Wolfend dejó de sonreír por un instante.

—¿Qué demonios...?

Peter abrió los ojos.

Dos pupilas doradas brillaron en la oscuridad.

—RUGIDO DEL DIABLO.

BOOOOOOOOOOOOM.

Un océano de fuego negro salió disparado desde su boca.

No era una llamarada.

Era una catástrofe.

Las llamas atravesaron toda la galería.

Consumieron paredes.

Columnas.

Techo.

Oscuridad.

Y finalmente...

A los muertos.

Los gritos cesaron.

Uno por uno.

Hasta desaparecer.

Cuando el fuego se disipó...

Solo quedaron cenizas.

Y silencio.

Un silencio absoluto.

Peter cayó sobre una rodilla.

Respirando con dificultad.

Había gastado una enorme cantidad de energía.

Pero sonrió.

Porque por primera vez desde hacía años...

Aquellas almas eran libres.

El viento atravesó los agujeros del techo destruido.

Y por un instante Peter creyó escuchar voces.

Voces tranquilas.

Agradecidas.

Despidiéndose.

—Descansen en paz.

Entonces una carcajada resonó por toda la galería.

Lenta.

Profunda.

Amenazante.

Wolfend.

Aplaudiendo.

—Magnífico.

Peter levantó la mirada.

Wolfend descendió lentamente del escenario.

—Realmente magnífico.

Su sonrisa desapareció.

—Ahora entiendo por qué los Dioses Antiguos están tan interesados en ti.

El licántropo observó las cenizas.

—Acabas de destruir un ejército entero.

Peter se levantó.

—Ellos no eran tu ejército.

Wolfend sonrió.

—Y aun así obedecían.

Una presión monstruosa inundó la galería.

El aire se volvió pesado.

Difícil de respirar.

Incluso Peter sintió cómo sus instintos le gritaban que huyera.

Wolfend levantó la cabeza hacia la luna.

Y aulló.

AAAAAAAAUUUUUUUUUUUUUUUUUHHHHHHHHHHHHHHHHH.

El sonido atravesó toda la ciudad.

Los cristales estallaron.

El suelo se agrietó.

Las sombras comenzaron a girar alrededor de su cuerpo.

Entonces ocurrió.

Sus huesos comenzaron a romperse.

Crujido.

Crujido.

Crujido.

Sus músculos se expandieron violentamente.

La piel se desgarró.

Un pelaje oscuro cubrió cada centímetro de su cuerpo.

Las garras crecieron hasta parecer espadas.

Sus colmillos brillaron bajo la luz lunar.

La energía que liberaba era tan intensa que incluso el techo restante terminó derrumbándose.

Cuando la transformación terminó...

Ya no parecía humano.

Ni siquiera parecía un licántropo.

Parecía una bestia creada únicamente para matar.

Wolfend abrió lentamente los ojos.

Dos pupilas rojas brillaron como lunas sangrientas.

—Como dijiste, Bloodstar...

Su voz había cambiado.

Era más profunda.

Más monstruosa.

Más salvaje.

—Ahora es mi turno.

Y desapareció.

—¡BAJA LA CABEZA! —rugió Satán.

Peter reaccionó por puro instinto.

Se agachó.

Una garra atravesó el lugar donde había estado su cuello una fracción de segundo antes.

BOOOOOOM.

La pared completa detrás de él explotó.

Miles de fragmentos salieron despedidos.

Peter sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Si hubiera reaccionado una milésima de segundo más tarde...

Estaría muerto.

Wolfend apareció varios metros adelante.

Sonriendo.

Como un depredador que acababa de probar la sangre de su presa.

Y por primera vez desde que comenzó aquella noche...

Peter comprendió una aterradora realidad.

La verdadera pelea acababa de empezar.

Wolfend observó a Peter incorporarse tras aquel intercambio de golpes.

La sonrisa del licántropo se ensanchó.

—Debo admitirlo, Bloodstar... eres mucho más fuerte de lo que esperaba.

Peter respiraba con dificultad.

La sangre caía desde varias heridas abiertas en su cuerpo.

Su uniforme estaba hecho jirones.

Aun así seguía de pie.

Wolfend levantó lentamente la mirada hacia la luna.

—Pero eso es precisamente lo decepcionante.

La presión espiritual que liberó hizo temblar toda la galería.

BOOOOOM.

Las grietas se extendieron por el suelo.

Las paredes vibraron.

Incluso los restos del techo comenzaron a desprenderse.

Peter sintió cómo cada instinto de su cuerpo le gritaba que huyera.

Wolfend había dejado de jugar.

Desapareció.

Peter apenas tuvo tiempo de levantar los brazos.

CRAAASH.

El impacto lo lanzó contra varias columnas de concreto.

Una.

Dos.

Tres.

La cuarta se derrumbó completamente.

Peter escupió sangre.

Intentó levantarse.

Wolfend apareció frente a él.

Una rodilla se hundió en su abdomen.

El aire abandonó sus pulmones.

Luego vino un puñetazo.

Después otro.

Y otro más.

Cada golpe parecía capaz de derribar un edificio.

Peter intentó responder.

Intentó bloquear.

Intentó contraatacar.

Pero la diferencia de poder era abrumadora.

Finalmente Wolfend lo sujetó por el cuello.

Lo levantó del suelo.

Y lo arrojó contra una pared.

BOOOOOOM.

Los escombros explotaron alrededor.

Peter apenas podía mantenerse consciente.

Entonces sintió algo atravesar su cuerpo.

Un dolor insoportable.

Bajó lentamente la mirada.

Un enorme tubo metálico sobresalía de su abdomen.

Lo había atravesado completamente.

La sangre comenzó a descender lentamente por el metal oxidado.

Wolfend caminó hacia él.

Sin prisa.

Sin preocupación.

Como un cazador observando una presa atrapada en una trampa.

—Ya terminó.

Peter intentó mover los brazos.

No respondieron.

Intentó mover las piernas.

Tampoco.

Wolfend sonrió.

—Reconozco que fue divertido.

Mucho más divertido de lo que esperaba.

Se acercó unos pasos más.

—Pero ahora me pregunto qué debería hacer con tu amiga.

Peter levantó lentamente la cabeza.

Wolfend continuó.

—¿Sabes qué fue lo último que dijo antes de que me la llevara?

Silencio.

—Que vendrías a salvarla.

La sonrisa del licántropo se volvió cruel.

—Qué ingenua.

Peter apretó los dientes.

—Tal vez le arranque las manos primero.

Silencio.

—Luego los pies.

Silencio.

—Después los ojos.

Wolfend inclinó ligeramente la cabeza.

—Quiero ver cuánto tarda en suplicar que la mate.

Algo cambió.

Fue pequeño.

Casi imperceptible.

Pero Satán lo sintió.

Y por primera vez en siglos...

Algo escapó a su comprensión.

Una energía desconocida comenzó a surgir desde lo más profundo del alma de Peter.

No era demoníaca.

No era divina.

No era espiritual.

Ni siquiera parecía pertenecer a las leyes que gobernaban aquella realidad.

Satán observó en silencio.

Aquella sensación le resultaba extrañamente familiar.

Como si hubiera escuchado ecos de ella en historias tan antiguas que incluso los dioses habían olvidado.

Pero era imposible.

Aquello no debería existir.

No en este mundo.

No en esta era.

No dentro de un humano.

Por primera vez en muchísimo tiempo...

Satán no tenía respuestas.

Y eso era mucho más inquietante que cualquier enemigo que hubiera enfrentado.

Peter bajó la cabeza.

El cabello cubrió sus ojos.

Wolfend siguió hablando.

—Aunque quizá debería arrancarle la lengua primero para que deje de repetir tu nomb—

—Cállate.

El licántropo se detuvo.

La voz de Peter sonó extraña.

Como si varias voces hubieran hablado al mismo tiempo.

Satán abrió ligeramente los ojos.

—Bloodstar...

Peter levantó la cabeza.

Y entonces ocurrió.

Sus pupilas ya no parecían humanas.

La luz había desaparecido de ellas.

Era como observar una noche sin estrellas.

Un vacío imposible.

Profundo.

Silencioso.

Infinito.

Wolfend dio un paso atrás.

No por miedo.

Su instinto simplemente reaccionó antes que su mente.

Frunció el ceño.

—Interesante...

Una presión invisible comenzó a extenderse por la galería.

—Así que eso era lo que ocultabas.

Peter no respondió.

Satán apareció frente a él.

La expresión del Rey del Infierno había desaparecido.

Solo quedaba seriedad.

—Bloodstar.

Peter levantó la mirada.

—¿Quieres protegerla?

—Sí.

—¿Quieres salvarla?

—Sí.

—¿Incluso si eso significa cruzar un punto del que jamás podrás regresar?

Hubo silencio.

Un largo silencio.

Luego Peter respondió.

—No sé qué ocurrirá después.

Apretó los puños.

—No sé qué precio tendré que pagar.

Las llamas oscuras comenzaron a surgir alrededor de su cuerpo.

—Pero una cosa sí sé.

La presión espiritual aumentó.

—No pienso quedarme aquí mirando mientras ella sufre.

Satán lo observó durante unos segundos.

Y sonrió.

No como un demonio.

No como un rey.

Sino como un maestro orgulloso de su alumno.

—Entonces escucha con atención.

La oscuridad comenzó a deformarse.

Las sombras dejaron de comportarse como sombras.

El propio espacio parecía retorcerse alrededor de Peter.

Wolfend dejó de sonreír.

Satán extendió una mano.

—Si pronuncias estas palabras...

Su voz sonó más antigua que el tiempo.

—Los dioses lo sentirán.

La galería comenzó a temblar.

—Los emperadores lo sentirán.

Las grietas se extendieron por el suelo.

—Y aquello que duerme más allá de los mundos...

también lo sentirá.

Incluso Wolfend comenzó a percibir que algo estaba terriblemente mal.

Algo que escapaba a su comprensión.

Satán abrió la boca.

—Repite después de mí.

El mundo pareció contener la respiración.

Y por primera vez aquella noche...

El cazador comenzó a preguntarse si no había despertado algo que jamás debió existir.

Satán extendió una mano hacia Peter.

Las sombras comenzaron a agitarse.

No era una ilusión.

La oscuridad misma parecía responder a su voluntad.

La sangre seguía cayendo de las heridas de Peter.

El tubo metálico continuaba atravesando su pecho.

Pero algo estaba cambiando.

Algo antiguo.

Algo que había permanecido dormido durante demasiado tiempo.

Wolfend lo sintió.

Y por primera vez desde que comenzó la batalla...

Su instinto le gritó que huyera.

Satán habló.

Su voz resonó como el eco de un juramento olvidado.

—Ego, qui leges vitae et mortis ultra ambulo.

Las sombras se extendieron por el suelo.

Las paredes vibraron.

El aire se volvió pesado.

Peter sintió algo despertar dentro de él.

Algo inmenso.

Algo que observaba desde la oscuridad.

Y repitió:

—Yo, que camino más allá de las leyes de la vida y de la muerte.

BOOOOOOM.

Una presión invisible sacudió la galería.

Wolfend retrocedió un paso.

Inconscientemente.

—¿Qué... eres?

Satán continuó.

Su voz se volvió aún más profunda.

Más antigua.

—Non sum quod nascitur.

Peter cerró lentamente los ojos.

—No soy aquello que nace.

CRAAACK.

Una grieta apareció bajo sus pies.

La energía oscura comenzó a escapar de las heridas de su cuerpo.

Wolfend sintió cómo todo su pelaje se erizaba.

Cada instinto de supervivencia que poseía comenzó a activarse.

Satán pronunció la siguiente frase.

—Nec quod perit.

Peter abrió lentamente los ojos.

Y una oscuridad imposible pareció reflejarse en ellos.

—Ni aquello que perece.

El suelo tembló.

Las columnas de la galería comenzaron a agrietarse.

La propia realidad parecía rechazar aquello que estaba ocurriendo.

Wolfend apretó los dientes.

No entendía nada.

Pero sabía una cosa.

Aquello no era normal.

Aquello no debía existir.

Entonces llegó la última frase.

La más importante.

La más prohibida.

Satán observó a Peter.

Y por primera vez desde que se habían fusionado...

Incluso él parecía solemne.

—Finem qui omnia expectat transcendi.

El silencio cayó sobre el mundo.

Las olas dejaron de escucharse.

El viento desapareció.

Incluso los sonidos de la ciudad parecieron extinguirse.

Peter sintió que algo respondía desde un lugar imposible.

Como si una puerta hubiera sido abierta.

Como si una existencia olvidada hubiera escuchado su llamado.

Entonces habló.

—He trascendido el final que aguarda a todas las cosas.

El mundo se detuvo.

Durante un instante.

No hubo luz.

No hubo sonido.

No hubo movimiento.

Y entonces...

Algo abrió los ojos.

No en la galería.

No en la ciudad.

No en el mundo.

Sino en algún lugar mucho más allá de la realidad.

Wolfend cayó de rodillas.

Su cuerpo reaccionó antes que su mente.

El miedo más antiguo de toda criatura viva se apoderó de él.

HUYE.

Satán observó en silencio.

Algo cambió.

Fue pequeño.

Casi imperceptible.

Pero lo sintió.

Y por primera vez en siglos...

Algo escapó a su comprensión.

Una energía desconocida comenzó a surgir desde lo más profundo del alma de Peter.

No era demoníaca.

No era divina.

No era espiritual.

Ni siquiera parecía pertenecer a las leyes que gobernaban aquella realidad.

Satán observó en silencio.

Aquella sensación le resultaba extrañamente familiar.

Como si hubiera escuchado ecos de ella en historias tan antiguas que incluso los dioses habían olvidado.

Pero era imposible.

Aquello no debería existir.

No en este mundo.

No en esta era.

No dentro de un humano.

Por primera vez en muchísimo tiempo...

Satán no tenía respuestas.

Y eso era mucho más inquietante que cualquier enemigo que hubiera enfrentado.

Detrás de Peter apareció una silueta gigantesca.

Solo durante una fracción de segundo.

Cuernos colosales.

Ojos antiguos.

Una presencia capaz de aplastar montañas con su sola existencia.

Luego desapareció.

Pero fue suficiente.

Wolfend la sintió.

Satán la sintió.

Incluso la realidad pareció sentirla.

Las llamas oscuras comenzaron a brotar de las heridas de Peter.

Las sombras ascendieron hacia el cielo.

El suelo explotó bajo sus pies.

Y entonces Satán gritó con toda su fuerza:

—¡¡¡DILO, BLOODSTAR!!!

La energía comenzó a descontrolarse.

Las paredes se derrumbaron.

Las vigas de acero se doblaron.

El aire mismo parecía desgarrarse.

—¡¡¡DILO CON TODA TU FUERZA!!!

Peter abrió la boca.

La ira.

La determinación.

El deseo de salvar a Claire.

Todo se convirtió en una sola voluntad.

Y rugió.

—¡¡¡¡BEHEMOOOOOOOOOOOTH!!!!

La realidad se quebró.

Y el verdadero desastre comenzó.

Peter permaneció inmóvil durante unos segundos.

Las palabras de Claire seguían resonando en su mente.

"¡No quiero verte!"

Aquello dolía más que cualquier herida que hubiera recibido aquella noche.

Más que la lanza que atravesó su pecho.

Más que las garras de Wolfend.

Más que el miedo de enfrentarse a la muerte.

Claire retrocedió un poco más.

Todavía temblaba.

Todavía lo miraba como si tuviera delante a un monstruo.

Y quizás tenía razón.

Peter bajó lentamente la mirada.

Por primera vez desde que obtuvo aquel poder...

No supo qué decir.

—Claire...

Su voz salió más débil de lo que esperaba.

—Solo te pediré una cosa.

Claire no respondió.

—Lo que viste hoy...

No se lo cuentes a nadie.

No porque quiera ocultarte la verdad.

Sino porque hay personas que matarían por conocerla.

Peter guardó silencio unos instantes.

—Y puedo entender por qué estás asustada.

Después de todo...

Ni siquiera yo sé exactamente qué soy ahora.

Claire apretó los puños.

Peter intentó sonreír.

Pero la sonrisa nunca llegó a formarse.

—Tómate tu tiempo.

Nos veremos cuando estés lista.

Si es que llega ese día.

Peter giró sobre sus pasos.

Y comenzó a caminar.

No volvió a mirar atrás.

Sin embargo, Claire sí lo hizo.

Lo observó alejarse entre los restos de la galería.

Hasta que su silueta desapareció en la oscuridad.

Y por primera vez sintió algo más fuerte que el miedo.

Culpa.

Porque detrás de aquella apariencia monstruosa...

Seguía estando Peter.


La noche era silenciosa.

Demasiado silenciosa.

Peter caminó sin rumbo durante varios minutos.

El cansancio comenzaba a alcanzarlo.

La transformación de Behemoth había consumido una cantidad absurda de energía.

Cada paso se volvía más pesado.

Cada respiración más difícil.

Finalmente llegó a la azotea de un edificio abandonado.

Se dejó caer sobre el borde.

Y observó las luces de la ciudad.

—Supongo que esto salió peor de lo esperado.

Satán permaneció en silencio.

Algo extremadamente raro en él.

—Satán...

—¿Sí?

—¿De verdad me veía tan aterrador?

El Rey del Inframundo tardó varios segundos en responder.

—Bloodstar...

Yo también habría tenido miedo.

Peter soltó una pequeña risa.

—Eso no ayuda mucho.

—Lo sé.

El silencio volvió a instalarse.

La brisa nocturna movió lentamente el cabello de Peter.

Y entonces una voz femenina rompió la tranquilidad.

—Pensé que te encontraría aquí.

Peter levantó la mirada.

Una figura descendía desde el borde del edificio vecino.

Cabello oscuro.

Ojos grises.

Una expresión tranquila.

Shiro.

Peter intentó levantarse.

Pero sus piernas se negaron a obedecer.

—Vaya...

Creo que exageré un poco.

Shiro se acercó lentamente.

Observó las heridas.

El cansancio.

La energía inestable que aún rodeaba su cuerpo.

Y por primera vez su expresión perdió aquella sonrisa burlona que solía llevar.

—Déjame encargarme de esto.

Peter intentó responder.

Pero apenas podía mantener los ojos abiertos.

—Ya hablaremos después.

Por ahora...

Descansa.

Aquellas fueron las últimas palabras que escuchó.

El mundo comenzó a oscurecerse.

Y finalmente perdió el conocimiento.

Shiro lo sostuvo antes de que cayera.

Lo observó durante unos segundos.

Y suspiró.

—Así que realmente existes...

Después desapareció junto a él entre las sombras.


Aquella misma noche.

Algo cambió en el mundo.

Reyes abandonaron sus tronos.

Generales interrumpieron reuniones.

Sabios dejaron de leer.

Dragones despertaron de sueños milenarios.

Incluso algunos dioses levantaron la mirada hacia el cielo.

Todos habían sentido lo mismo.

Una presencia.

Una anomalía.

Una existencia imposible.

Algo había nacido.

Algo que no pertenecía al ciclo natural del mundo.

En un continente lejano.

Una figura abrió lentamente los ojos.

—Así que finalmente despertó.

En otro rincón del mundo.

Un anciano sonrió mientras observaba las estrellas.

—Interesante...

Muy interesante.

Y en los salones de la Facción de los Dioses Antiguos...

El silencio era absoluto.

Porque por primera vez en siglos...

Aquellos que gobernaban el mundo desde las sombras comprendieron una verdad inquietante.

No eran los únicos jugadores sentados en el tablero.

Y la pieza que acababa de aparecer...

Podía convertirse en la más peligrosa de todas.  


Thoughts

  • FanTomas

    Se nota que el mundo de la historia sigue creciendo con cada capítulo. La introducción de Shiro, la carta de los Dioses Antiguos y todo lo relacionado con Behemoth dejan muchas preguntas abiertas y mantienen el interés por saber qué viene después.

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  • dharma_y_estoa

    hay algo que me atrae de esta escena: ese momento en el que algo antiguo despierta dentro del personaje, sin que él entienda qué es. en varias tradiciones —budismo, hinduismo, taoísmo— ese despertar sin control, sin saber qué viene, es justo donde empieza de verdad la pregunta. no es lo mismo que un poder que te dan, sino algo que se mueve adentro cuando se topa con esa luz. me intriga cómo lo desenvolvés en los próximos capítulos, porque ahí está lo interesante: si Peter empieza desde el no-saber.

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