El título, uf.
Me enamoré de tus ojos y no vi el puñal
Creo que una de las cosas más difíciles de aceptar es reconocer que, cuando quieres mucho a alguien, puedes llegar a mirar solamente aquello que quieres creer.
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Pensamiento
El título, uf.
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Creo que una de las cosas más difíciles de aceptar es reconocer que, cuando quieres mucho a alguien, puedes llegar a mirar solamente aquello que quieres creer.
Yo me enamoré de sus ojos.
De la forma en que me miraba, de las palabras que me decía, de esos momentos en los que parecía que no existía nada más alrededor. Me aferré tanto a esa versión de esa persona que, sin darme cuenta, empecé a pasar por alto todo aquello que no quería ver.
Había señales.
Pequeñas cosas que en otro momento quizá me habrían hecho detenerme, pero que yo encontraba la manera de justificar.
Pensaba que todos cometemos errores.
Que quizá lo había entendido mal.
Que no debía juzgar a alguien por un momento.
Y cada vez que aparecía algo que no encajaba con la persona que yo creía conocer, prefería quedarme con los ojos que me habían enamorado.
Hasta que llegó un momento en el que entendí que estaba mirando hacia el lugar equivocado.
Yo estaba tan concentrada en su mirada que no había querido ver lo que llevaba en las manos.
Y cuando finalmente entendí que también podía hacerme daño, dolió de una manera diferente.
Porque no solamente estaba aceptando lo que esa persona había hecho.
También estaba aceptando que yo misma había ignorado cosas por miedo a perder la imagen que había construido de ella.
A veces no nos enamoramos solamente de una persona.
También nos enamoramos de la versión que construimos de ella.
De quien creemos que es, de quien esperamos que sea y de todo lo bonito que imaginamos que todavía puede llegar a ser.
Y cuando esa imagen se rompe, cuesta muchísimo aceptar que quizá nunca fue exactamente como nosotros la veíamos.
Hoy entiendo que querer a alguien no debería obligarme a cerrar los ojos ante aquello que me lastima.
Puedo recordar sus ojos con cariño y, al mismo tiempo, reconocer que hubo cosas que no estuvieron bien.
Puedo aceptar que alguien significó muchísimo para mí sin tener que convertirlo en alguien perfecto.
Porque el amor puede hacernos mirar lo bonito con tanta intensidad que olvidamos observar lo demás.
Y yo aprendí, de la manera más difícil, que no basta con preguntarme cuánto me gusta la forma en que alguien me mira.
También tengo que preguntarme cómo me trata cuando deja de mirarme.
Porque unos ojos pueden enamorarte.
Pero son las acciones las que terminan diciéndote quién tienes realmente delante.
Y ahora sé que la próxima vez que alguien me haga sentir algo tan fuerte, no quiero mirar solamente sus ojos.
Quiero mirar la historia completa.
Thoughts
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PermalinkLo de estar tan pendiente de la mirada que no ves lo que trae en las manos me dejó quieta un rato. Y la pregunta de cómo te trata cuando deja de mirarte la voy a seguir pensando, porque es justo el momento en que nadie se fija. ¿El título lo tenías desde el principio o salió al final?