La tinta roja manchando lo que ella escribió en negro. Intentando borrar pero no pueden. Qué cosas vemos cuando nos prestan atención.
los que pudieron flotar
Capítulo 9 — Recuperado
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La tinta roja manchando lo que ella escribió en negro. Intentando borrar pero no pueden. Qué cosas vemos cuando nos prestan atención.
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Capítulo 9 — Recuperado
El galpón estaba en silencio cuando trajeron de vuelta a juan.
Lo empujaron hacia adentro, cayó de rodillas.
La puerta metálica se cerró detrás de él.
Durante varios minutos nadie habló.
Después alguien preguntó:
—¿Estás vivo?
Juan soltó una risa corta.
—Más o menos.
Se arrastró hasta la pared,
Contigua a la de Graciela.
Durante un rato respiró con dificultad.
Tratando de recuperarse.
Luego murmuró:
—Te sacaron un cuaderno el día que te trajeron. ¿Verdad?
Graciela levantó la cabeza.
Sorprendida por que alguien más supiera sobre ese cuaderno
—Sí. ¿Cómo sabes eso?
Comento mientras se asoma por una rejilla de ventilación.
Que comunica ambas “celda”
—Alguien que ya no está me comento de vos, la mina del cuaderno azul, la que los soñaba.
El corazón de Graciela empezó a latir más rápido.
Alguien que estaba en ese lugar la conocía.
Pero eso no era importante o no tanto,
lo importante era recuperar su cuaderno de nuevo.
al escuchar que alguien lo había visto,
La ilusión se reflejó en sus ojos por un instante.
—¿Lo viste? ¿donde?
—una vez en una mesa cunado se me cayó la venda por unos segundos, con otras cosas.
Hubo un silencio.
Juan habló otra vez.
—Hoy lo volví a ver.
Graciela tardó en entender.
—La mesa estaba llena de papeles. Ellos estaban distraídos.
Se movió un poco.
—Lo agarré.
Graciela no dijo nada.
No sabía si creerle
Juan busca entre su ropa
Saca algo pequeño.
El cuaderno azul.
Arrugado.
Un poco manchado.
Roto en alguna esquina.
Pero intacto.
—No lo vieron.
Juan se lo paso por las pequeñas rendijas,
Graciela la tomó con manos temblorosas.
La tapa estaba doblada.
Pero era la misma.
Durante un momento no dijo nada.
Luego susurró:
—Gracias.
Juan solo la miro
—No sé por qué lo querían tanto, al final es solo un cuaderno. ¿no?
Graciela no responde.
Solo pasa sus dedos por su propia escritura la cual ahora tenía marcas ajenas,
Los nombres que antes estaban escritos prolijos en tinta negra
Ahora estaban manchados con tinta roja,
Como si quisieran borrar aquello que ella trataba de guardar.
Pero aún eran visibles,
Aún era posible leerlos,
Reconocerlos,
Y recordarlos.
—¿de dónde se sacaron los indicios utilizados como prueba en este caso licenciada Yrusta?
—La mayoría de indicios se encontraron en un lugar parecido a un galpón, donde eran dejadas las personas privadas de su libertada. Entre ellos un cuaderno fue encontrado en un escondite casero, por lo observado en la pericia se trató de deshacer del mismo, pero alguien lo escondió y nosotros lo encontramos.
—¿y los cuerpos utilizados como prueba?
—se trabajó con el estado vecino, que comparte costa con nosotros, además de hacer una investigación y relevamiento de terreno en las zonas que fueron clasificadas como presuntos centros clandestinos.
Thoughts
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PermalinkLa tinta roja manchando lo que ella escribió en negro. Intentando borrar pero no pueden. Qué cosas vemos cuando nos prestan atención.
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PermalinkJuan le pregunta si al final es solo un cuaderno y ella no le contesta nada, solo pasa los dedos por su propia letra. Ahí está la respuesta: los nombres en tinta negra tachados con rojo y todavía legibles. No es papel lo que le devolvieron, es la constancia de que esa gente estuvo. Y después cortás al juicio, con la licenciada hablando de un escondite casero, y el mismo objeto ya pesa distinto. ¿Ese salto al tribunal lo tenías pensado desde el principio o te apareció escribiendo el capítulo?
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PermalinkCuarenta años de escuela. Vi pasar cuadernos de todo tipo: azules, verdes. Los azules donde la gente llena de sueños primero, después de miedo.
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PermalinkJuan vuelve destrozado y lo primero que pregunta es por el cuaderno de ella. Eso dice más que cualquier descripción.