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Lo que extraño ya no existe

seavienbyyeni
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Ninguno es él.

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Pensamiento

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Está narración está muy bonita e interesante. Relata lo que es un gran verdad, que muchas veces no vemos. Yo estoy viviendo una situación similar y desde hace más de un año he estado pensando sobre esto: nadie es igual después que ocurre una separación o

Está narración está muy bonita e interesante. Relata lo que es un gran verdad, que muchas veces no vemos. Yo estoy viviendo una situación similar y desde hace más de un año he estado pensando sobre esto: nadie es igual después que ocurre una separación o el rompimiento de una relación. Ni una parte, ni la otra. Lo único que permanece igual son los recuerdos en nuestra mente.

Me encantó esta narración, escribiste lo que he vendido pensando desde hace bastante tiempo, pero no escribí, no sé por que, porque escribo sobre diversas cuestiones, casi todos los días.

Contenido de la publicación

Ninguno es él.

Y durante mucho tiempo pensé que ese era el problema.

Conocía personas nuevas, hablaba con ellas, compartía momentos, y aun así había algo que no terminaba de encajar.

Ninguna tenía su manera de hablar.

Ninguna me hacía sentir exactamente lo mismo.

Ninguna conseguía ocupar ese espacio que, durante tanto tiempo, había asociado únicamente con él.

Y yo pensaba que quizá significaba que todavía lo quería demasiado.

Que quizá nadie podría llegar a importarme de la misma manera.

Que quizá tenía que seguir esperando.

Pero un día entendí algo que me cambió la forma de mirar todo aquello:

ninguno es él, pero él tampoco es el mismo.

La persona que extraño ya no existe.

Existe él, claro.

Sigue viviendo su vida, sigue teniendo sus días, sus problemas, sus alegrías y sus propias historias.

Pero aquel él que yo extraño pertenece a un momento que ya terminó.

Extraño cómo era conmigo.

Extraño cómo me sentía cuando hablábamos.

Extraño la confianza que existía.

Extraño las cosas que hacíamos, las conversaciones que parecían no terminar y esa sensación de pensar que quizá esa persona iba a quedarse mucho tiempo en mi vida.

Pero todo eso pertenece a una versión de nuestra historia que ya no está.

Y quizá lo más doloroso es aceptar que, aunque pudiera volver a encontrarme con él, no necesariamente encontraría a la persona que extraño.

Porque yo también cambié.

Ya no soy la misma persona que esperaba sus mensajes con la misma ilusión.

Ya no pienso de la misma manera.

Ya no veo ciertas cosas con los mismos ojos.

Y él tampoco es quien era.

Entonces me di cuenta de que quizá durante mucho tiempo no estuve extrañando a una persona.

Estuve extrañando una etapa.

Una versión de nosotros.

Una versión de mí.

Un momento en el que todavía creía que todo podía durar.

Y es extraño, porque cuando extrañas algo así, tu mente suele hacer una versión bonita del pasado.

Recuerda las conversaciones que te hicieron feliz, pero olvida las que te hicieron llorar.

Recuerda cómo te hacía sentir, pero deja un poco de lado todo aquello que también te lastimó.

Recuerda lo que querías que fuera, y no necesariamente lo que terminó siendo.

Y entonces empiezas a extrañar algo que quizá nunca podrías recuperar exactamente de la misma manera.

Porque incluso si esa persona regresara, el tiempo ya pasó.

Las cosas cambiaron.

Nosotros cambiamos.

Y eso es lo que más me costó aceptar.

Que a veces uno no quiere realmente que vuelva la persona que existe hoy.

Uno quiere que vuelva aquella versión que todavía nos hacía sentir elegidos.

Aquella que todavía tenía ganas de quedarse.

Aquella que nos miraba de una manera que ya no existe.

Pero hay otra verdad que duele todavía más:

el que existe hoy ya no me extraña.

Y aunque quisiera que fuera diferente, no puedo cambiarlo.

Puedo extrañar.

Puedo recordar.

Puedo incluso preguntarme alguna vez si también piensa en mí.

Pero no puedo convertir mi nostalgia en una obligación para otra persona.

Si él ya siguió adelante, yo también tengo derecho a hacerlo.

Y eso no significa que lo que sentí haya sido falso.

No significa que todo aquello no haya importado.

Solo significa que nuestros caminos continuaron de maneras diferentes.

Quizá yo necesité más tiempo.

Quizá él necesitó menos.

Quizá nunca vamos a recordar la misma historia de la misma forma.

Y está bien.

Durante mucho tiempo pensé que para dejarlo atrás tenía que dejar de extrañarlo.

Ahora entiendo que no funciona así.

Puedo extrañar lo que fuimos sin querer volver a serlo.

Puedo recordar una etapa bonita sin querer regresar a ella.

Puedo aceptar que alguna vez fue una persona muy importante para mí y, al mismo tiempo, entender que ya no ocupa el mismo lugar en mi presente.

No necesito encontrar a alguien igual a él.

Porque nadie tiene que serlo.

Quizá el problema estaba justamente ahí: estaba buscando en otras personas una sensación que pertenecía a un momento específico de mi vida.

Y nadie puede repetir exactamente un momento que ya pasó.

Por eso ahora, cuando pienso que “ninguno es él”, intento recordarme algo:

no necesito que ninguno sea él.

Porque yo tampoco quiero volver a ser quien era entonces.

Quiero conocer personas nuevas.

Vivir cosas que todavía no conozco.

Construir recuerdos que no tengan que parecerse a los anteriores.

Y algún día, quizá, alguien llegará y no se sentirá como él.

Se sentirá diferente.

Y eso será precisamente lo bonito.

Porque ya no estaré buscando reemplazar una historia.

Estaré comenzando otra.

Y quizá esa sea la verdadera forma de soltar:

no conseguir que alguien deje de importarte de un día para otro, sino entender que lo que extrañas pertenece al pasado, mientras que la persona que existe hoy está viviendo una vida distinta a la tuya.

Entonces dejas de esperar.

Dejas de comparar.

Dejas de buscarlo en cada persona nueva.

Y finalmente puedes decirlo sin sentir que te estás engañando:

ninguno es él, pero ya no necesito que lo sea; porque lo que extraño ya no existe, y el que existe ya no me extraña.

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  • OMNISLITERARIO

    Está narración está muy bonita e interesante. Relata lo que es un gran verdad, que muchas veces no vemos. Yo estoy viviendo una situación similar y desde hace más de un año he estado pensando sobre esto: nadie es igual después que ocurre una separación o el rompimiento de una relación. Ni una parte, ni la otra. Lo único que permanece igual son los recuerdos en nuestra mente.

    Me encantó esta narración, escribiste lo que he vendido pensando desde hace bastante tiempo, pero no escribí, no sé por que, porque escribo sobre diversas cuestiones, casi todos los días.

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