Llevo un tiempo trabajando en algo que no sé muy bien cómo llamar. No es un ensayo. No es una novela histórica. No es un evangelio.
Es un diario. Dos, en realidad.
Un arqueólogo encuentra dos cuadernos del siglo I en una cueva cerca de Nazaret. Uno dice «Para mi hijo». El otro dice «Para mi padre». Y dos mil años después, siguen esperando a alguien que los lea juntos.
El primero lo escribió José, el carpintero. Un hombre que no entendía a su hijo, que no sabía qué decirle, y que escribía de noche para no volverse loco.
El segundo lo escribió Jesús. Un hombre que hacía milagros y no pudo salvar a su padre. Que dudaba. Que se sintió roto. Que escribía para no olvidar.
No es un texto teológico. Es una historia sobre un padre y un hijo que se amaron sin entenderse del todo. Y sobre la duda, que no es enemiga de la fe, sino su motor.
Creo que lo iré publicando por capítulos. Si alguien quiere leerlo, aquí estará.