Tu, padre consiente cuál llora en su habitat... tus lágrimas cuáles se vuelven garantía de tu agonía.
Tu corazón fiel, honesto y puro se retuerce en ti por el rechazo... de tus hijos por no querer tu abrazo.
Perdonas, a los marineros que se tiran por la borda, perdonas a las personas que son sordos por la moda.
En tu templo ese día cuál hiciste tu obra, la abrazastes y con un beso en la frente la llenastes de gozo, amor y gloria.
Ahora tu creación más divina pronuncian blasfemia, que hacen llorar a las piedras de Jerusalén, por tanto mal en ese ser.
Más por amor a tu creacion le distes a tu hijo, cuál deboraron y tu llorarastes hasta más no poder.
Pero sonara las trompetas del destino y comenzará un nuevo ciclo.
Amen