Las palabras ya no valen contigo;
no lo hacen, no lo harán.
Ya no nacen, pero te extrañarán.
Ni un beso te vale si es conmigo.
Lágrimas de cocodrilo feliz,
camaleona de dos caras:
como tu mantra es matar ilusiones
y de manta solo te excusas con temores.
Como los bosques al quemar
y perros sollozar.
Hoy inhalo el inexorable humo
de tu ignorancia,
y me trago la vergüenza
del llanto sobre mi cama.
Y quedarás impoluta,
ya lo estás;
no existe ya
ni un ápice de nostalgia,
ni ñisca de esperanza.
Y quedaré maltrecho,
ya lo estoy,
y me dejaré seducir
por tu imagen de ángel,
estando en el infierno,
siendo tú mi mártir.