Me pierdo entre letras,
porque el mundo no entiende
la fragilidad de lo intangible,
aquello que te hace sentir
con solo unas palabras,
aquello que produce
algo más que felicidad.
Hoy es mi tercer día
y mi cuarto libro,
y me permití creer
que si dejaba de leer en voz baja,
quizá estaría bien.
Pero olvidé que las palabras
son ese oxígeno que necesito
para sanar todo aquello que no recuerdo,
pero que sigue viviendo,
albergando a una persona que no soy yo,
aunque se parece tanto a mí.
Estoy intentando caminar sin tropezar.
Me cuesta seguir el ritmo,
pero aprendí a dar pasos
sin que se escuchen.
La silueta del pasado aún me persigue,
como si todavía quisiera alcanzarme,
pero aprendí a caminar entre la gente
sin ser vista.
Y creo que ella,
por fin,
dejó de intentar encontrarme.