Saltar al contenido
Cargando…

La Reina que no estaba tan Loca, y pasó a la Historia por apostar al Caballo correcto

nombredeusuario
Pública 0 conversaciones 2 pensamientos 14 votos positivos 0 votos negativos 0 series

Hubo una reina a quien todos tenían por loca, aunque su marido, el rey, empezaba a sospechar que quizá la locura fuese cosa de los demás.

In groups

Contenido de la publicación

Hubo una reina a quien todos tenían por loca, aunque su marido, el rey, empezaba a sospechar que quizá la locura fuese cosa de los demás.

El rey llevaba años saqueando la India. Hacíalo con grande prudencia, pues convenía mucho a la Corona que los ingleses non supiesen de dónde venían ciertas especias, ciertas sedas y ciertas cantidades de oro que aparecían milagrosamente en sus bodegas.

Mas acontecía una cosa extraña.

Si la Tierra es redonda, ¿qué diablos sucede con la India, que non encaja en ningún mapa?

Los matemáticos habían hecho cuanto podían. Unos afirmaban que la Tierra era perfectamente redonda. Otros demostraban que era plana como una cama, con figuras llenas de triángulos y letras griegas te convencían, que era plana y corrugada como sábana en una cama con montículos.

Los cartógrafos, por su parte, habían comenzado a sospechar que el problema no estaba en los mapas, sino en las matemáticas.

—Majestad —dijo el cosmógrafo mayor, examinando al indígena de arriba abajo—, tenemos dos axiomas opuestos e irreconciliables: uno afirma que los mapas son fijos y el otro que la Tierra es redonda. Pero ¿qué tal si os dijera que el tiempo es espacio y el espacio es tiempo, y que cada vez que viajamos por el mundo redondo en sentido contrario al movimiento del sol estamos llegando al pasado, y que aquello que vemos al llegar no es sino un mapa antiguo?

Los sabios respiraron aliviados; sonaba lo suficientemente matemático para ser aceptado.

La corte aplaudió, medallas y diplomas llovían, por fin el humano había descubierto los viajes en el tiempo.

Finalmente la cabeza del rey descansó.

Convocó a un banquete, cerró el asunto y lo declaró ultra secreto:

—La Tierra es redonda, pero no podemos confesarle al mundo que estamos yendo al pasado a robar recursos naturales; sería paradójico.

Así quedó establecido para el vulgo que la Tierra era plana como una montaña, y por algunos años nadie tornó a disputar el asunto.

Nadie salvo la reina católica.

Ella, que creía en la reencarnación a escondidas, por culpa de los judíos, y que creía en la matemática, por culpa de su padre, no se iba a rendir tan fácil como el rey.

Había escuchado todas aquellas discusiones sin intervenir jamás, y le pareció, a su parecer humilde de dama, la teoría aceptada, la más descabellada de todas.

Cuando la discusión entró a las cobijas, el reino entero crujió debajo de la cama.

—Piensa en los viajes dimensionales de los que nos hablan las matemáticas por un momento —dijo ella—. Cuando un hombre navega hasta dar la vuelta al mundo, no regresa al mismo mundo, aunque se ve como el mundo, es un mundo paralelo, digamos que es un mundo nuevo.

El rey cerró los ojos, exasperado; era un asunto que ya había dado por cerrado.

—Hagamos una apuesta —le propuso ella.

Él aceptó el reto agregando:

—¡Los católicos vienen al mundo una sola vez y luego el Juicio, punto!

Intentó besarla; ella le corrió la cara.

—Solo hay un mundo, no creas a los judíos.

Mas ella cerraba los ojos y transportábase en espíritu a la lejana Norteamérica, volando cual fantasma sobre las ciudades de hierro y humo.

Rodeaba la estatua de la Libertad y la Quinta Avenida con mirada de ensueño, como si todo aquello fuese visión de otro mundo.

Contemplaba el Brooklyn bohemio, con sus luces y gentío extraño, y subíase después al metro subterráneo, como quien desciende a entrañas de la tierra, en sueños raros, exóticos y futuristas, donde el hierro de las máquinas parecía cosa de siglos venideros y no de su propio tiempo.

El rey, en cambio, viajaba al pasado en sueños, flotaba sobre las pirámides de piedra aún frescas como si el tiempo no las hubiese endurecido, cazaba jaguares en selvas que no conocían nombre y se pintaba el rostro con savia roja, como los antiguos señores de la tierra antes de que hubiese reyes o mapas.

—¿Cómo van las cosas con tu marido, el rey? ¿De verdad crees que nos prestará el dinero para nuestro barco? —preguntó Cristóbal.

—Sí. Pero No.

—¿Entonces?

El sabio tragó saliva.

—Ya quedó claro que yo pongo el dinero y tú pones el mapa. Preocúpate por tu parte, mi querido amigo, que yo la mía ya la resuelvo.

Y ambos comenzaron a reír, en Español y en Inglés.
ja ja ja ja ja ja, ha ha ha ha ha,

Thoughts

  • Ovid

    Resolver lo de la India que no encaja en ningun mapa con viajes al pasado me dio mucha risa, y me hizo pensar en esos mapas antiguos donde America sale pegada a Asia. Apuesto a que el rey de tu historia tenia uno de esos colgado en el salon. Y Cristobal con la reina riendose en dos idiomas me dejo con ganas de ver salir ese barco!

    Permalink
  • egreso_o_muero

    Los sabios respirando aliviados porque la explicación sonaba bastante matemática me hizo reír, porque es igualito a defender un trabajo práctico: nadie entendió nada pero había fórmulas, así que aprobado. Apuesto a que la reina es la única en toda la corte que se leyó la demostración entera.

    Permalink