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CAPITULO 7: LA MALDAD QUE FINGIMOS NO VER

Lukutakinoku_Takuji
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Qué hermosas eran las mañanas en la sabana Capital. El sol resplandecía con fuerza, llenando de luz toda la verde planicie; a lo lejos se asomaban algunas montañas. La carroza en la que habían caído…

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Cinco minutos que no tenía. Esto me arrebató cinco minutos. 💔

Cinco minutos que no tenía. Esto me arrebató cinco minutos. 💔

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Qué hermosas eran las mañanas en la sabana Capital. El sol resplandecía con fuerza, llenando
de luz toda la verde planicie; a lo lejos se asomaban algunas montañas. La carroza en la que
habían caído continuaba su recorrido por este vasto territorio. De vez en cuando pasaban
carrozas al lado de ellos.
—Ayyy—
Ark, que por fin se había levantado, se mueve entre las baratijas que había a su alrededor.
—Veo que por fin se levantaron —dijo una voz antes de abrir una cortina, dejando entrar toda
la luz de la mañana.
Ante él, un hombre de unos 40 años mira hacia donde estaban ellos. Llevaba en sus manos las
riendas para manejar la carroza. En su rostro, una barba negra cubría todo su mentón y partes
de sus patillas; además, contaba con un sombrero negro que lo hacía ver como todo un
contrabandista.
Ark tapa el sol con su mano izquierda, pues sus ojos todavía no se acostumbraban al cambio
tan brusco de iluminación. Yuan es despertado por esta causa.
—Cierra las cortinas, hace mucho sol —se queja Yuan—
El hombre lo mira un tanto sorprendido; en su rostro se podía observar el claro
inconformismo de alguien que brinda su casa para que extraños se queden y estos mismos
extraños lo están echando al otro día.
—¿Usted para dónde va? —pregunta Ark con cierto cansancio en la voz—
Aquel hombre los deja de ver y pone su vista al frente. Sin duda estaba intentando manejar la
situación lo más casual posible; incluso parecía ser que esto ya le había pasado antes.
—Voy para Timitry —dijo el hombre con total calma—
—…—
—Si piensan venir, procuren no dañar nada de lo que hay detrás—
Ark le tira las cuatro fichas de Volto que habían recibido como recompensa de haber ayudado
a descargar la mercancía. El hombre las recibe, las mira y dice:
—Mi silencio también vale, no crean que no vi la explosión que sucedió en Rimbrin y cómo
dos personas extrañamente caen del cielo mientras unos sujetos encapuchados los veían desde
las alturas—
Ark entonces le tira el colmillo que tantos problemas les había causado.
—¿Qué es esto? —pregunta el hombre—
—Una maldición que vale mucho—
El hombre guarda aquel objeto en su bolsillo.
—Mucho gusto, me llamo Sam—
—Yo, Ark —vuelve a recostarse en medio de las baratijas—
El silencio inundó el lugar. Ninguno de los tres que estaban en la carroza habló en todo el día.
Todos sabían que lo mejor que podían hacer era no hacer preguntas estúpidas ni intentar saber
de la vida de los demás. Justo esto formó el silencio más cálido que un Ahetiano podía
experimentar.
La noche llegó y la carroza paró. Sam se baja de la carroza y desata los caballos para que
descansaran un rato. Seguidamente abre de par en par la carroza, donde Ark y Yuan
permanecían sentados uno frente al otro. Sam los ignora por completo; baja unas ollas que
habían cerca de ellos, junto a unos sacos que contenían verduras y algo de carne.
Cuando Ark y Yuan vieron que el sujeto estaba cocinando algo, se bajan de la carroza y se
sientan al frente de la fogata donde Sam hacía sus acciones culinarias.
—Calentaré unos frijoles que hice esta mañana —dijo Sam para romper el silencio—
—Suena bien —respondió Yuan amablemente—
Sam les pasa la comida, junto a un chocolate caliente con queso para combatir el frío.
—Y ustedes… ¿de dónde son? —preguntó Sam—
—De cualquier lugar del reino —respondió Ark secamente—
—Ah —contestó Sam, un poco decepcionado—
Todos se quedaron en silencio después de esa charla, si es que eso podría considerarse charla.
Ark no cedía ni un centímetro; sus respuestas y tono seco cortaban toda iniciativa para una
conversación. Se notaba que no estaban acostumbrados a hablar con personas, ni siquiera lo
intentaban, simplemente no querían saber nada de nadie.
Tras acabar la cena, Ark y Yuan intentan subir a la carroza dejando los platos sucios en la
fogata.
—Podré llevarlos a Timitry, pero no soy su sirvienta para que les lave sus platos —dijo
Sam—
Ambos no hablaron, solo asintieron y obedecieron. Cuando acabaron, se subieron a la carroza
para dormir.
Un poco cansado por la actitud de sus pasajeros, Sam apaga con sus pies la fogata.
—Bueno. A continuar con esto—
***
Avanzaron por la verde sabana hasta el mediodía de la siguiente alba; de ahí, empezaron a
bajar por las montañas, teniendo algunos problemas con los animales cuando tenían que pasar
al borde de un voladero, debido a que otra carroza pasaba al lado de ellos en la estrecha
carretera. Nada que Sam no pudiera controlar; su experiencia salía a relucir. Dos días tardaron
en bajar de la montaña.
El primer tramo ya se había completado, ahora tenían que llegar a Timitry, lo cual no fue
complicado; el camino no tenía ninguna dificultad para ser cruzado, es más, se encontraba en
buen estado. Otros dos días en completo silencio tardaron en llegar.
—¿Es su primera vez en Timitry? —preguntó Sam—
En esto Ark no podía ser imparcial, ya que nunca había salido del pueblo donde Parnik lo
crió, o bueno, eso recordaba, pero yo sé la verdad, la oscura y cruda verdad muajajajaja.
Volvamos a la conversación.
—No, señor Sam, nunca hemos estado en esa ciudad.
Ark se encontraba sentado a la derecha de Sam y Yuan a su izquierda; los tres estaban
mirando hacia el frente.
—Se van a sorprender cuando la vean, la apodaron la ciudad de las luces, siempre está
iluminada y decorada de noche, da un gran espectáculo visual si me preguntan a mí
personalmente—
—…—
—Timitry es una de las ciudades más antiguas de todo Ahet-Mit, incluso más que Rimbrin y
Ornir; fue la capital del primer reino que se creo en estas tierras—
Ark y Yuan empezaron a ponerle cuidado. Sam notó esto y continuó escarbando por el hueco
que le habían abierto hacía su alma.
—Aunque claramente no es tan poderosa como Rimbrin, ni tan poblada, solo contando con
unas doscientas mil almas, pero sigue siendo importante, pues es el lugar donde juntan todo
lo que produce la provincia y lo trasladan para Rimbrin—
—…—
—Es más, ya estamos cerca, miren ahí—
Una gran cantidad de luz empieza a iluminar el cielo donde se encontraban; las copas de los
árboles brillaban por aquella luz, sus hojas resplandecían con varios colores. Las estrellas
habían desaparecido y en su lugar lo reemplazaron rayos de luz de diferentes colores.
Entonces Ark y Yuan se sorprendieron: a lo lejos, una ciudad brillaba con una fuerza
sorprendente; era Timitry mostrando su esplendor.
—Sorprendente, ¿no? Es increíble cuando la ves por primera vez, y espera ver las calles, no
hay ningún lugar donde la oscuridad predomina—
No mentía. Cuando la carroza entró a la ciudad, todo, absolutamente todo, estaba iluminado:
letreros, faroles, casas, incluso la calle misma. No había ningún rincón sin luz; hasta los
callejones poseían luz suficiente para ver qué sucedía en ellos.
Pero había algo peculiar con los habitantes de la ciudad; a medida que entraban más hacia el
centro, más gente se encontraba tomando y bailando, hasta un punto en que simplemente se
hacía imposible transitar por las calles debido a la multitud.
—¡Háganse a un lado, imbéciles! —gritaba Sam—
La gente lo observaba con cara de disgusto y le decían: “Viejo aguafiestas, cállese”. Mientras
más avanzaba la carroza, más alegre se volvía la gente; era extraño de ver para Ark y Yuan,
que casi nunca veían este tipo de cosas.
—Hola, guapo, ¿quieres divertirte un poco? —decían las mujeres a los hombres en las
calles—
—Contigo hasta el amanecer —les respondían—
Estas mujeres vestían de manera poco convencional; no eran las clásicas con vestidos evasé
de flores o largos, nada de eso. Estás literalmente querían mostrar todo su cuerpo sin dejar
espacio para la imaginación. Vestían minifaldas que parecían cinturones anchos, con blusas lo
suficientemente cortas como para tapar solo parte de sus senos. Otras vestían trajes un poco
más ajustados que mostraban sus caderas, además de parte de sus muslos. Por esta razón, la
mayoría de los hombres caían rendidos a sus pies.
—Vaya, sí que son lindas las mujeres de acá —dijo Yuan—
—Sí, pero no te confundas, en el primer descuido que cometas, ellas lo aprovecharán para
sacar todo lo que puedan de ti —le respondió Sam—
Ark se quedó embobado mirando las mujeres.
—«¡Idiota!»— Grito la Canaly con tono tierno y enojado. Incluso se prendió en llamas para
quemar la espalda de Ark que, la regañó por ser tan brusca. Yuan y Sam lo miraron con asco.

Es que también tu Ark, te pones hablar y regañar tu propia arma sin que ellos sepan lo que en
verdad sucede, pareces pendejo igual que yo.

La carroza siguió su curso entre las calles. Sam se había desviado de la avenida principal
camino a quién sabe dónde. Este desvío hizo que Ark y Yuan se maravillaran aún más de
Timitry; todo brillaba aquí, incluso los árboles, puesto que estaban rodeados de esas cuerdas
que llevaban unas especies de bolitas que alumbraban en patrones y colores diferentes
(usualmente utilizadas para alumbrar en la Navidad). Las casas también tenían estas mismas
cuerdas.
—¿Ya pensaron en dónde quedarse? —preguntó Sam—
—La verdad no sabemos, pero tenemos dinero para alquilar una habitación por una semana
—contestó Ark, aunque claramente era una mentira—
—Si quieren, les puedo ofrecer mi casa para que se queden, no es muy espaciosa, pero puedo
ponerles un colchón para que duerman los dos—
—No se preocupe por eso, nosotros nos las arreglaremos—
—Pues se jodieron, ya llegamos—
La casa de Sam se encontraba en un lugar donde la calle que atravesaba todas las casas de la
cuadra tenía espacio solo para una carroza; además, para llegar a este sitio debían atravesar
una calle de tierra.
—Tienen que ayudarme a descargar la carroza rápidamente para no estorbar a las personas
que vayan a pasar a caballo —les explicó Sam—
Ark y Yuan se miraron antes de asentir y bajarse a ayudar. Cuando bajaron los primeros
materiales, una señora de unos 40 años abrió la puerta para dejarlos pasar. Ella era morena y
un poco gorda; usaba una camisa que dejaba ver una parte de su estómago, el cual estaba
lleno de várices. Después de una hora que pareció eterna, los tres lograron descargar con
éxito toda la mercancía que Sam traía de Rimbrin.
—Gracias, chicos, por ayudar a mi marido a descargar lo que traía; ya está viejo y si lo hace
todo solo se va a terminar lesionando la espalda. Pasen y les sirvo algo para que cenen
—habló la dulce señora—
—No queremos generar molestias, nosotros ya nos vamos —contestó Yuan cordialmente—
—Es de mala educación rechazar la invitación a comer de la esposa de un señor a quien
acaban de ayudar—
Bajo estas palabras los logró convencer. La casa no era donde habían descargado los
materiales, sino que estaba al lado del lugar. Tras entrar a la casa, notaron que no era muy
grande. Para empezar, ya en la entrada se podía observar la cocina, donde la señora estaba
sirviendo algo. Un poco antes de este lugar estaba la sala de estar, la cual estaba un poco
vacía; solo contaba con unos tres sofás en la parte derecha. El del medio era el más grande y
ahí había una chica junto a su novio. Al lado de la cocina estaba lo que parecía ser el baño y
al frente de este, dos habitaciones.
—Por favor, siéntense —dijo la señora—. Ya les llevo la comida—
La pareja los mira con desconfianza mientras ellos toman asiento en un sofá al lado de ellos.
—Ven, mija, ayúdame a servirles—
La chica obedece.
—Mamá, ¿quiénes son ellos?— le pregunta la chica a su madre en voz baja para que no la
escuchen.
—Unos chicos que trajo tu padre, de seguro trabajan para él. Toma, Talasha, llévale esto al
flaquito—
Talasha agarra el plato que su madre le pasó y juntas les llevan la comida a Ark y Yuan.
—Aquí tienen— dijo Talasha.
—Muchas gracias, señorita— contestó Ark con educación.
La comida era un revuelto de todos los tipos de carne: había de res, pollo y cerdo. Después de
eso, Talasha se sienta junto a su novio, tomando la mano de él en el proceso. De repente, del
pasillo que va hacia el fondo sale una niña no mayor de 7 años, morena y muy enérgica.
—Mira, Talasha, esto lo aprendí en las clases de baile— dijo la niña alegre.
La pequeña se acuesta en el piso y estira de tal forma la pierna que muestra sus muslos;
también estira su cuello, intentando mostrar toda su gracia femenina que aún no posee. Una
muestra en carne y hueso de la forma tan vil en que la sociedad de Timitry degrada a sus
mujeres.
—Pero ¿qué mierda les enseñan a las niñas en esta ciudad?—
Yuan habló de forma cautelosa para no ser escuchado y despectiva para mostrar su postura en
contra de esto. En ese instante, Sam entra con una botella de whisky entre sus manos.
—Tomen, muchachos, para que se relajen—
A cada uno le da whisky en una copa, la cual reciben con cierta desconfianza.
—Ánimo, muchachos, no todos los días puedes tomar con tu chofer—
Pese a lo desconfiados que eran estos dos con los desconocidos, las vibras de esta familia les
habían dado cierta tranquilidad, así que decidieron dejar sus preocupaciones a un lado para
poder disfrutar el momento. Al final de cuentas, ¿qué pasa si estas personas querían hacerles
algún mal? No habían hecho nada más que estorbar en este mundo, así que sin nada que
perder y con todo por ganar, tomaron whisky junto a Sam.
El tiempo transcurrió y el momento se había vuelto muy conmovedor. El hogar que Sam
había formado estaba ahí, en la sala. En un sofá estaba su esposa riendo al lado de su hija
mayor; su hija menor estaba encima de sus piernas mientras jugaba con una caja en la que
debía llevar una pelota hasta cierto punto, y dos desconocidos estaban al frente de él tomando
del whisky que había traído de Rimbrin, una escena que trascendería para siempre en la
memoria de Sam.
Pero… No todo es hermoso en Ahet-Mit. En un instante cualquiera, todo se descontroló.
—¿Dónde, hijuep…. está mi máquina de música?— habló Sam con cierta incoherencia.
—La puse por allá porque Yanit la ensució y la estaba limpiando— contestó su esposa.
—A mí me deja eso donde yo, hijuep… diga. ¿No ve que Rodri está acá y a él le gusta la
música?—
Ark y Yuan no entendían lo que estaba pasando; y al final de cuentas, estaban medio
contentos por los efectos del alcohol.
—Vaya, agárrelo y deje de joder la vida— contestó enojada la señora.
Sam se levanta, apartando cuidadosamente a Yanit de sus piernas, agarra su aparato de
música, pone ciertas canciones (sentimentales) y vuelve a sentarse frente a Ark y Yuan.
—Tome, Rodri, disfrute— le da otro vaso de whisky a Ark—. Lo mismo pa’ usted— este se
lo da a Yuan.
—No me llamo Rodri, pero gracias— Ark lo recibe.
Después de eso todo empeoró, aunque el ambiente en ese punto todavía no se había
descontrolado. Talasha presenció toda la escena y vio a su padre con desagrado en el rostro;
aun así, siguió divirtiéndose y hablando con su novio. Ark y Yuan seguían comiendo lo que
les habían dado, dando mordiscos feroces mientras bajaban la comida con whisky. La esposa
de Sam estaba leyendo un libro mientras en su regazo yacía dormida Yanit.
—Ya se acabó esta p*ta botella, voy a ir a comprar más— Sam se para de la silla y empieza a
buscar algo—. Madeline, ¿dónde están los Pascales?—
—No tenemos Pascales. Dijiste que venderías toda la mercancía que trajiste y de ahí saldría
el sustento para sobrevivir hasta tu próximo viaje— respondió Madeleine, su esposa.
—No pienses que soy un idiota. Tú debes de tener, pásamelos y voy y compro algo—
Las palabras de Sam sonaban ansiosas; obviamente era un adicto al alcohol.
—¡Que no tenemos!— alzó la voz Madeleine—. Te llevaste hasta los Pascales que Talasha
consiguió de su trabajo—
—Eres una perra mentirosa, de seguro te los gastaste con tu amante ese. Váyase con él mejor,
consígase otro aparte de él si quiere— el tono de Sam estaba empezando a subir—. Yo ya no
la amo, la odio— voltea a ver a Talasha—. Las detesto a las dos, lárguense de la casa, no las
necesito. Yo puedo desenvolverme solo; ustedes dos son solo dos p*tas que no me sirven para
nada—
Todos en la habitación se quedaron callados, hasta Yuan, que era el más llevado por el
alcohol del lugar. Aquella situación había explotado muy rápido. La ira de Sam recorría todo
su rostro. Talasha suspiraba como diciendo “aquí vamos de nuevo”. Fue ese suspiro el que
llamó la atención de Sam, que miró a Talasha para luego mirar a su novio.
—Como que ya es muy tarde para que usted siga aquí, ¿o es que piensa cogerse a mi hija
delante mío? Chite, lárguese de esta casa— Sam toma un palo de escoba que estaba cerca y
empieza a golpear al muchacho—. Vamos pa’ fuera, pa’ fuera—
El muchacho, incómodo por la situación, obedece caballerosamente.
—Como que ya es momento de irme. Hasta luego, Talasha— le da un beso en la mejilla.
Sam estalla de ira por esa acción.
—¡A mi hija no la toque, malparido! Ella podrá ser una zorra, pero no es para que se la coma
delante de mí. Chite, chite— lo va empujando con la escoba hacia la salida—
Ark y Yuan ya estaban preparados para ser los siguientes en ser echados, pero Sam
simplemente los ignoró y fue directamente donde su mujer, que venía de acostar a la niña en
un cuarto para que no se despertara.
—¿Y usted qué está esperando? Lárguese de mi casa, váyase donde sus padres—
—¿Y por qué no lo hace usted? Si esta casa la estoy pagando yo con el sudor de mi frente;
usted todos los Pascales los gasta en esos malos negocios que hace y en trago—
Esto enfureció aún más a Sam.
—Oigan a esta igualada, ahora disque piensa echarme de mi casa. Dígame aquí y ahora,
delante de testigos, ¿a cuántos hombres va a meter a la casa para acostarse con ellos junto a
Talasha? Mejor lárguese con ellos y de paso se lleva a Talasha, que es bien p*ta como su
madre. ¿Sí la vio? Dizque besándose con ese tipo aquí en mi casa; si no los detengo, ahí
mismo se la devora delante de mí—
Madeleine lo miraba con mucha desilusión en su rostro, uno que se veía cansado de tantas
veces que esto había pasado. Sin duda mostraba un alma arrepentida de haber tomado tantas
decisiones equivocadas.
—¡LÁRGUESE! Usted es una p*ta negra, gorda y fea; me da asco acercarme y estar con
usted. Ya hace rato la dejé de amar. ¿Qué espera? Lárguese de una maldita vez— Sam le
avienta la botella vacía de whisky a sus pies, rompiéndola y lastimando a su esposa en el
proceso—. Todas ustedes, incluso la que está allá acostada, son unas hijuep…—
En ese momento Talasha ya no pudo soportar más la humillación que su padre le estaba
causando a ella y a su madre. Entre lágrimas lo confronta:
—Un padre no es capaz de insultar a sus hijas al frente de su madre. Me duele lo que usted le
hace y le dice a mi mamá; ya se mete hasta conmigo. Por eso usted ya no es mi padre—
Esas palabras le dolieron a Sam, pero lejos de conmover, solo lo hicieron enojarse más.
—Pues lárguense. Yo ya no necesito a ninguna de las dos. Váyanse, par de p*tas—
En ese instante Sam para de golpe y va donde estaban Ark y Yuan. Ellos creyeron que los iba
a insultar, pero sucedió todo lo contrario. Sam se sienta a su lado y comienza a hablar:
—Qué vaina, qué desilusión. Es más importante un habitante de calle que esta familia
desagradecida que no merece mi apellido—
Ark y Yuan no dijeron nada; solo querían un poco más de whisky, mostrando sus vasos
vacíos a Sam.
—«Qué hombre tan estúpido y miserable. ¿Lo matamos, Ark? No creo que tenga
repercusión; es más, hasta beneficiamos a su familia»— dijo Canaly.
—Yo también quería seguir tomando contigo, Rodri. Hace tanto tiempo que no te veía, quería
decirte que yo sí fui a buscarte a…—
En ese instante Sam no puede continuar y se desploma dormido en su silla. Todo fue tan
rápido y repentino que no sorprendió a Ark y Yuan, pues ya habían visto ese comportamiento
un sinfín de veces en las tabernas del pueblo dentro del Bosque de Lino Blanco. Los dos
simplemente se encogieron de hombros, dejaron los platos en la mesita de estar, se levantaron
y se fueron, pero antes de que salieran, la señora Madeleine los detiene.
—No se vayan, si quieren pueden quedarse—
—No creo que sea oportuno hacer eso— respondió Ark educadamente mientras sostenía a
Yuan—
—Mire cómo está su amigo, si salen en ese estado muy probablemente los roben o incluso los
maten. Quédense, que donde caben cuatro caben seis—
Ark voltea a mirar a Yuan, que ya estaba dormido, así que para cuidar a su amigo decide
aceptar la invitación de la señora Madeleine.
—Les prepararé un lugar en la sala—
Madeleine va a una habitación y trae consigo unas colchonetas junto a cobijas. Ella
amablemente acomoda todo en su lugar para que puedan descansar cómodamente; después de
eso cubre a Sam con una sábana.
—¿Piensa dejarlo?— pregunta Ark al verla cuidándolo.
Yuan golpea con el codo a Ark por imprudente.
—¿Qué, no estabas dormido?— dice Ark, enojado por el golpe.
—Qué imbécil tan imprudente—
Madeleine se ríe tras verlos discutir.
—Algún día agarraré valor y me iré—
—¿Puedo hacerle una última pregunta, señora?—
—Claro, mijo, cuéntame—
—¿Quién es Rodri?—
Madeleine suelta un suspiro de cansancio por la pregunta; no era fácil para ella recordar algo
tan escondido en el pasado.
—Les contaré una historia: Hace años, cuando una pareja de recién casados se mudaba con su
pequeña hija de un año a una finca a las afueras de Timitry, un lugar horrendo que nadie
quería ni le importaba, no había árboles ni vegetación a los alrededores; sin duda una pérdida
de dinero para cualquiera que tuviera tantita pizca de cerebro, pero para la pareja era una
forma de comenzar una nueva vida juntos. Los primeros años no fueron fáciles: la finca, por
su terreno árido y seco, no podía producir ningún tipo de cultivo, ni siquiera pasto para el
ganado. Un día llegó un niño a la finca; estaba sucio y muy flaco, al borde de un colapso
nutricional. El hombre, conmovido por la apariencia del niño, decide criarlo como un peón
para su familia; lo bañaron, le dieron de comer, techo y ropa para que vistiera. Nadie sabía
quién era el niño, ni de dónde venía ni cómo había llegado allí; incluso el niño no recordaba
nada de lo que había sucedido, pues todavía se encontraba muy pequeño. Al paso del tiempo,
la pareja se encariñó tanto con el niño que terminaron criándolo como si fuera su hijo propio.
Al niño lo llamaron Rodri, un hermoso nombre. Cuando el tiempo pasó y el dinero se acabó,
no tenían más opción que vender la finca y ver cómo seguirían sobreviviendo, pero no fue
así. Un día cualquiera, mientras Rodri jugaba con la hija de la pareja, la chica
accidentalmente golpeó a Rodri con una roca; el niño no se lastimó en lo más mínimo, en
cambio la roca se había agrietado y de ella empezó a salir un gran chorro de agua. Tras este
descubrimiento, la finca creció considerablemente; creamos canales para transportar el agua y
esta ahora fluía por toda la finca. De esta forma, miles de plantas crecieron a los alrededores,
animales llegaban y las cosechas eran espléndidas; los mejores frutos salían de ese lugar.
Aquella finca desértica se había convertido en un paraíso acuático, un lugar próspero que se
convirtió en envidia para otros.
Madeleine hace una pequeña pausa para agarrar fuerzas para lo que venía.
—El gobernante de la provincia, al ver la prosperidad que esta generaba, quiso comprar la
finca, pero el dueño no la quiso vender; era lo único que tenía, el sustento de su familia. Tras
varias negociaciones que terminaban en discusiones, el gobernador decidió que si él no tenía
la finca, nadie la tendría. Una noche en la que toda la familia disfrutaba plácidamente después
de un gran día de cosecha, sucedió lo que no debía de suceder: todos los campos verdes
alrededor de la finca fueron prendidos en fuego, y poco a poco el incendio se iba propagando
hasta llegar donde la familia se encontraba. Con algunas quemaduras, la pareja y su hija
habían logrado salir del lugar, pero Rodri no lo logró; se había quedado atrás ayudando a la
hija de la pareja a avanzar por los campos llenos de llamas. El hombre trató de devolverse
para ayudarlo, pero un gran muro de fuego se lo impidió. Delante de sus ojos vio morir a
Rodri, calcinado por el fuego. Los gritos de aquella noche todavía resuenan en la cabeza del
hombre. Fin—
—Vaya— respondió Ark al escuchar la historia—
—Después de eso el hombre no volvió a ser el mismo; se la pasaba yendo y viniendo con una
carroza prestada hacia todos lados, trayendo mercancía que nadie compraba y gastándose los
Pascales en alcohol para olvidar lo que había pasado—
—Comprendo por qué sigue aquí—
Ark había dicho estas palabras para intentar ser empático.
—¡Tú no entiendes nada, chico!— Madeleine se había puesto a la defensiva
repentinamente—. Pero bueno, ya hablamos mucho, es momento de que descansen—
—«Pobre señora, deberíamos de ayudarla»— Canaly había sentido el dolor de la señora tras
haber gritado a Ark.
Y así, Ark y Yuan pasaron su primera noche en Timitry

Thoughts

  • RominaB84

    Madeleine me partió el corazón. Que siga siendo buena y generosa después de que la destrozaran así. Eso es lo que yo entiendo por ser fuerte.

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  • Nicanor

    ¿La historia de Rodri pasó de verdad o la inventaste? Se siente tan real que parece que la viste pasar.

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  • Amaranta

    ¿Talasha va a dejar a su novio después de todo esto, o va a intentar salvarse ella sola? Me duele por ella en esta casa.

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  • versoAjeno

    ¿Madeleine de verdad va a tener el valor de irse, o va a quedarse limpiando los vidrios rotos de Sam otra vez?

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  • pnavarro64

    ¿Qué pasó con Rodri de verdad? ¿Fue un accidente de los que uno ve venir o hay algo más oscuro que Sam está callando deliberadamente?

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  • quintopiso

    Sam es de esos borrachos que arrastran a toda la gente que los ama. Mi tío es igual.

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  • subrayoTodo

    No puedo parar de leer pero tengo examen de cálculo mañana. Odio que sea tan bueno para enganchar.

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  • relatoBreve

    Cinco minutos que no tenía. Esto me arrebató cinco minutos. 💔

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