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La crisis de los 20 es real… (y no está mal reconocerlo)

MiguelVicencio
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Durante años, creí que la vida era lineal. Desde el momento en que nacemos, las expectativas de lo que será de nuestras vidas se comienzan a dibujar. Los anhelos de un padre que espera que su hijo…

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Ese 'ya nada será igual' golpeó fuerte. Es como darse cuenta que la cola tiene fin y nadie avisa.

Ese 'ya nada será igual' golpeó fuerte. Es como darse cuenta que la cola tiene fin y nadie avisa.

Contenido de la publicación

Durante años, creí que la vida era lineal. Desde el momento en que nacemos, las expectativas de lo que será de nuestras vidas se comienzan a dibujar. Los anhelos de un padre que espera que su hijo sea un gran deportista, las esperanzas de una madre que quiere nietos o simplemente una sociedad que dicta las bases de la normalidad. En este primer instante, nuestro camino parece venir acompañado por un manual para encajar, pero, ¿qué pasa cuando incluso con una guía te pierdes en el intento?

A decir verdad, cumplir los 25 años fue como una cubeta de agua fría sobre la espalda. Tan solo un par de años atrás me encontraba en la universidad imaginando cómo sería mi vida existiendo entre cafés baratos y trasnochadas, con un rumbo definido en la cabeza y la certeza de que estaba “a tiempo” y, en un abrir y cerrar de ojos, me encuentro aquí, intentando entender qué es una factura y preguntándome por qué comer pizza después de medianoche me sienta mal. De un momento a otro, la ilusión se consumió con la rutina y la sensación de que el tiempo no espera a nadie se transformó en mi realidad. Pero más allá de los evidentes cambios físicos que acompañan el paso de los años, lo que realmente pesa es reconocer que ya nada será igual. 

En The Seasons of a Man’s Life, el psicólogo y pionero del estudio del desarrollo adulto, Daniel Levinson, postula que a los veinte deberías construir una estructura de vida; en The Defining Decade, la psicóloga Meg Jay afirma que los veinte son una etapa decisiva donde tienes que tomar una decisión sobre tu futuro; y en la teoría de Psicología del desarrollo, Erik Erikson considera la falta de identidad definida a esta edad como un problema. Para una generación que vive en constante cambio, lejos de una respuesta que le dé sentido a la vida, estas teorías terminan por generar una presión que genera más dudas que respuestas.

En una etapa en donde no eres lo suficientemente adulto para tener todo resuelto ni lo suficientemente joven para perder el tiempo, estar confundido no es poco usual. Navegar los veintes es como estar en un limbo en donde el mundo te recuerda que tu vida aún va comenzando y, a la vez, te condena por tu falta de experiencia sin realmente tomarse la oportunidad de probarle lo contrario. 

Aunque la crisis de los cuarenta que se presenta con tanta libertad en las películas de Hollywood es un tema arraigado en el centro de la cultura, hablar sobre la búsqueda de identidad en tus veinte parece no ser tan importante. En esta edad, sentirte culpable por no ser lo suficientemente agradecido por lo que tienes o estar sujeto a que tus problemas se minimicen bajo la justificación de “no son problemas de adulto” parece haberse normalizado como parte propia de esta etapa. 

Quizá, la idea de que la vida recién comienza debería ser suficiente para encontrar algún consuelo y cumplir años no es la clave para encontrar la claridad que se promete. Tal vez, la edad no es un condicionante y simplemente se trate de quién es más hábil al pretender que tiene todo bajo control. 

¿Acaso no hay nada más allá que crecer, trabajar y perecer?, bajo esa lógica aún hay tiempo, pero en un mundo donde seguir a tu pasión es lo que realmente le dará un propósito a tu vida, esa alternativa se percibe más como un consuelo y no como el indicio de una respuesta.

Entre un mar de figuras intentando darle sentido a la existencia, aún quiero creer que, en ocasiones, no tener una respuesta es la circunstancia necesaria para la reinvención. Cuando los sueños ya no se sienten propios, todo a tu alrededor te obliga a compararte y la presión de dejar tu huella sobrepasa el propósito de abrazar tu realidad, la crisis de los veinte se convierte en la oportunidad de encontrarte en el camino y es ahí cuando reconocer que existe y comenzar a hablarlo sin prejuicios se vuelve una necesidad. Lejos de extender una invitación a divagar por el mundo sin un rumbo, este es simplemente un recordatorio de que posiblemente, la crisis de los veinte también es la oportunidad de comenzar de nuevo. A decir verdad, solo espero que Guillermo del Toro esté correcto y aún quede “un chingo de tiempo”, mientras tanto, el único consuelo que me queda es aferrarme a la creencia de que, sin importar la edad, nunca es tarde para iniciar de nuevo.

Thoughts

  • pisocompartido

    ¿Y ahora vos qué, estás buscando ese rumbo o simplemente dejaste de perseguirlo mientras tanto?

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  • modoexamen

    Ese limbo entre saber que necesitas algo pero no qué es exactamente, suena a las semanas entre parciales cuando nada existe.

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  • literal_yo_a_las_3

    A las 3 de la mañana leyendo esto me dio como la sensación de que sacaste de mi cabeza algo que venía rondando hace semanas.

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  • lauM99

    Me pasa algo parecido pero le sumo el bonus de saber por psicología exactamente por qué estoy perdida.

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  • igual_solo_soy_yo

    La presión viene de tratar de que todo sea decisivo a los 20. Igual es solo yo, pero creo que el tiempo existe más de lo que dicen las teorías.

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  • entrego_sobre_la_hora

    Ese 'ya nada será igual' golpeó fuerte. Es como darse cuenta que la cola tiene fin y nadie avisa.

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  • apuntesenelbus

    ¿Vos ahora cómo estás con todo esto? ¿Todavía en el limbo o ya encontraste un ritmo?

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  • ValeMontoya

    Los cafés baratos y las trasnochadas suena a la mejor época. Qué vuelco cuando llega la factura y la pizza ya no es lo mismo.

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