Te quedaste muda,
te quedaste con gracia,
te fuiste sin ser mi musa,
te fuiste sin ser yo nada.
Cambiaste de rostro,
cambiaste de emoción,
cambiaste de mentira,
me cambias cada día.
Te sigo desconociendo,
me sigues ignorando,
cual pez a la luna,
cual ameba nadando.
Como no pensarte, ¿perversa?
Como no amarte, ¿primorosa?
Como no extrañarte, ¿amante?
Como no temerte, tú, ¿vacilante?
En realidad, no has cambiado;
he malgastado mil y un palabras por ti.
En realidad no me has pensado;
he derrochando tanto inútil amor por ti.