El rollo revelado le da la vuelta a todo: la empleada sabía que la cámara ya no sacaba nada y se quedó igual. Con eso la sesión de fotos pasa a ser pura excusa, y la que tenía la cosa más clara era ella, que en todo el relato apenas dice una frase. Es el personaje del que menos sabemos por dentro y el único que decide algo sin que nadie se lo proponga.
Fuego en el invierno
La escapada a la nieve y la sesión prohibida
Pensamiento
El rollo revelado le da la vuelta a todo: la empleada sabía que la cámara ya no sacaba nada y se quedó igual. Con eso la sesión de fotos pasa a ser pura excusa, y la que tenía la cosa más clara era ella, que en todo el relato apenas dice una frase. Es el
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La escapada a la nieve y la sesión prohibida
Era un fin de semana de pleno invierno en la cordillera. Sergio y Andrea habían decidido escapar del ajetreo del trabajo y alquilar una cabaña en medio de un paisaje totalmente blanco. Sin embargo, al despertar por la mañana, descubrieron que había nevado tanto que los caminos estaban bloqueados y las pistas de esquí completamente cerradas.
Atrapados en la calidez de la cabaña de madera, mientras el fuego de la chimenea crepitaba, Andrea estaba recostada en el sofá leyendo una revista de modas que mostraba las últimas tendencias en bikinis para la temporada de nieve. Al ver las páginas, a Sergio se le ocurrió una idea traviesa y sugerente:
—¿Y si nos vamos a hacer una sesión de fotos en bikini afuera, en la nieve? Las cabañas tienen la piscina climatizada abierta y el contraste será increíble. Traje la cámara profesional.
Las primeras fotos bajo cero
Sin pensarlo dos veces, Andrea se puso un bikini diminuto y se abrigó con un grueso chaquetón. Salieron al exterior, donde el blanco inmaculado de la nieve y el aire helado contrastaban con la adrenalina que empezaba a correr por sus venas.
Tras las primeras dos tomas de prueba, el juego se volvió más osado. Andrea se quitó el abrigo y se quedó completamente en topless sobre la nieve, con la piel erizada por el frío pero ardiendo por dentro de la excitación. Las poses pasaron de ser simples postales a convertirse en posturas descaradas, arqueando la espalda y mostrando su gran trasero y sus pechos al aire mientras Sergio disparaba con la cámara.
Al ratito, el sonido de unas pisadas los interrumpió: una joven ayudante del personal del hotel se acercaba con una bandeja para revisar la temperatura de la piscina climatizada. Lejos de avergonzarse, Sergio, con una sonrisa cómplice, la llamó:
—Disculpa, ¿podrías hacernos un favor y sacarnos una foto juntos?
La empleada, un poco sorprendida, aceptó la cámara. Sergio se paró justo detrás de Andrea, abrazándola con fuerza por la cintura y pegando su cuerpo al de ella. En ese preciso instante, al apoyarse por detrás, Andrea sintió la rigidez y el tamaño de la pija de Sergio, que ya estaba completamente dura y preparada para la acción. Sacando pecho, arqueando el gran trasero hacia atrás y mirando fijamente a la lente, Andrea posó mientras la chica disparaba un par de fotos.
El regreso a la cabaña y el desnudo total
—Con este frío, mejor entramos a tomar un café caliente —propuso Sergio con doble sentido.
Una vez dentro de la cabaña, con la calefacción a todo lo que daba, la sesión continuó en la sala. Sergio siguió disparando la cámara mientras Andrea, completamente desinhibida, se quitó lo poco que llevaba y se quedó totalmente desnuda. La empleada al ver la situación, sintió que su corazón latía con tanta fuerza que sentía que se le iba a salir del pecho.
De pie frente a la lente, Sergio se acercó por detrás de nuevo. Andrea separó ligeramente las piernas y llevó sus manos hacia atrás; le bajó el cierre del pantalón, liberó su pene duro y palpitante, y lo acomodó directamente en la entrada de su culo. Con un mínimo empuje y la lubricación natural de su excitación, ¡el miembro entró por completo de un solo golpe!
Mientras Sergio se lo metía suavemente desde atrás, la ayudante del hotel se quedó paralizada en el umbral al ver la escena. Con una sonrisa pícara y los ojos abiertos de par en par por el asombro, soltó:
—¡Vaya... pero ustedes están cogiendo!
La orgía de la tercera
Lejos de molestarse, la presencia de la empleada desató el desenfreno total. La chica, contagiada por el morbo de la situación, se arrodilló de inmediato delante de Andrea y comenzó a chuparle la conchita con una avidez insaciable.
Andrea se volvió completamente loca: los gemidos llenaron la cabaña, su cuerpo temblaba y el deseo de experimentarlo todo la consumía. Mientras Sergio se lo metía con fuerza por detrás y la manoseaba sin compasión, ella devoraba con pasión la boca de la empleada.
Al cabo de un rato, la ayudante se separó, se desvistió por completo mostrando un cuerpo hermoso y se acercó a Andrea, apoyando su sexo empapado contra el muslo de Andrea mientras se besaban con desesperación.
Los juguetes y el éxtasis final
Sergio llevó a Andrea hacia el amplio sillón de la sala, sentándola a horcajadas sobre su regazo. Andrea, con una urgencia irrefrenable, corrió un segundo hacia la maleta para buscar un juguete sexual vibrante.
De vuelta en el regazo de Sergio, Andrea comenzó a chuparle el pene con devoción mientras se sentaba y se masturbaba furiosamente con el juguete en su propia vagina. Tras intercambiar posiciones y acabar incontables veces en la sala, decidieron trasladarse a la habitación principal.
Allí, el ritmo no decayó:
Andrea se quedó mirando fijamente cómo Sergio se venía con la empleada, mientras ella misma se introducía el juguete simultáneamente en la vagina y en el ano, completamente mojada.
Una vez que Sergio acabó con fuerza sobre los pechos de la empleada, Andrea se acercó a lamerlos y limpiarlos con pasión.
Ambas mujeres se recostaron juntas, tocándose las conchitas y los pechos hasta alcanzar un nuevo orgasmo simultáneo.
Al quedar boca arriba en la cama, la escena calentó tanto a Sergio que se subió de un salto y comenzó a coger a Andrea otra vez con embestidas salvajes y desesperadas, hasta que se vino dentro y quedó físicamente destruido. La empleada se despidió de él con una corta y profunda chupada de pene, sellando el momento con un beso en la puerta, completamente desnuda Andrea y aún asombrada por la intensidad de lo vivido.
El secreto del rollo
Tiempo después, cuando mandaron a revelar el rollo de la cámara analógica que habían usado ese día, descubrieron un detalle hilarante y revelador: la última foto del rollo era precisamente la primera que les había sacado la ayudante del hotel.
Significaba que el rollo se había acabado justo en ese instante... ¡pero la empleada no había dicho absolutamente nada! Simplemente se había quedado para formar parte de la fiesta, porque lo único que todos querían en ese momento era tener sexo sin límites.
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