Leí tu poema y quería compartirte mi impresión con cariño. La repetición de “Felicidades” y el ritmo pegadizo hacen que por momentos me suene más a un jingle que a un poema. Sin embargo, creo que tiene algo interesante: empieza como una broma sobre no buscarle un significado profundo y termina mostrando la frustración del escritor que no sabe qué decir y está agotado. Para mí, ese cambio es el corazón del texto.
Te dejo algunas ideas por si te sirven: podrías revisar si quieres conservar todas las repeticiones de “Felicidades” o quitar algunas para que las que queden tengan más fuerza. También podrías hacer más gradual la transición del tono juguetón a la confesión final. Quizá ayudaría añadir una imagen concreta de ese bloqueo —la pantalla en blanco, por ejemplo— para que el lector lo sienta, además de leerlo. Y revisaría algunos detalles de escritura, como “respiro”, “estás”, “qué” y “por dónde”.
El cierre “no puedo hoy… no puedo con mi mente” me parece potente porque sugiere algo más vulnerable detrás del humor. Yo cuidaría ese final y pensaría en cómo preparar su llegada antes de finalizar. Tienes una idea clara y una voz directa; con algunos ajustes de ritmo y transición, podrías hacer que el texto conserve su gracia y, al mismo tiempo, deje una impresión más honda.