Un solo osito de Coca Cola, regalado por pena, frente a la colección entera del primo. Con eso ya se entiende lo del dinero mejor que con toda la explicación de la envidia.
El segundo capítulo del libro autobiográfico que dejé a medias en 2018
Realmente no sé si es buena idea ponerme a leer esto, porque me lastima, según yo ya había sanado mis traumas de la infancia, pero recordar es volver a vivir, quizás me autocompadezco mucho de la…
In groups
Pensamiento
Un solo osito de Coca Cola, regalado por pena, frente a la colección entera del primo. Con eso ya se entiende lo del dinero mejor que con toda la explicación de la envidia.
Contenido de la publicación
Realmente no sé si es buena idea ponerme a leer esto, porque me lastima, según yo ya había sanado mis traumas de la infancia, pero recordar es volver a vivir, quizás me autocompadezco mucho de la niña que fui y me compadezco también de mis padres, los he juzgado mucho y he recordado las peores cosas, y hoy sé que no soy una puta víctima, mis padres tampoco la pasaron bien, de hecho la pasaron mucho peor que yo.
CHAPTER I: “LA CULPA”
No tengo muchos recuerdos de mi madre en gran parte de mi niñez, pues en una etapa ella era la que trabajaba para mantenernos, sólo recuerdo que a veces le pedía que me leyera un cuento, para entonces tenía un libro de historias bíblicas que papá me compró; ella aunque con pereza intentaba cumplir mis caprichos de niña, pero luego de unos cuantos párrafos se dormía al instante. Además de ello recuerdo las peleas recurrentes que tenía con papá, a veces venían los carros de la policía a mi casa, pero toda ésta turbación no tenía que ver con agresiones físicas (solamente), si no con gritos que despertaban a todos los vecinos, y en ocasiones porque mi padre la dejaba en la calle, le echaba candado a la puerta para que no pudiera entrar a su propia casa, recuerdo que una vez yo de escuincla emocionada porque la extrañaba o yo que sé, quise abrirle la puerta, pero mi papá con un gesto brusco me impidió hacerlo; noté ira en su mirada pero no entendía lo que pasaba, más tarde supe que mi padre le hacía eso porque estaba celoso de que fuera “la jefa de hogar”, y tal vez como mecanismo de defensa también tenía delirios de infidelidad; todo ello le comía el coco a papá y muchas veces cuando mi madre no estaba, él desfogaba un poco de su ira conmigo, su principal excusa eran mis calificaciones. Yo nunca fui buena en matemáticas ni fui muy inteligente como aquellos niños con los que papá me solía comparar, y por ello a la mala calificación que se enterase, paliza que me daba, para lo cual utilizaba su correa de cuero como mi principal verdugo. Siempre pensé que ninguna paliza sería tan mala si no estuviera acompañada por palabras tan hirientes. A pesar de todo ello papá era bueno conmigo, nunca me engrió de sobremanera, me enseñó a comer de todo, a no quejarme mucho y a ser honesta, una vez me encontró dinero que había cogido estratégicamente sin que nadie se diera cuenta, en especial mi primo, el dueño de éste. Vaya paliza que me propinó papá, y bien hecho, además me obligó a enmendar mi error y a deshacerme del dinero el cuál con pena y vergüenza devolví a regañadientes, a veces uno no roba por necesidad o ambición, si no por envidia; mi primo tenía de todo, juguetes caros, la colección completa de ositos coca cola, yo apenas tenía uno que creo sus padres por pena me dijeron que me regalara uno, tenía la atención de toda la familia, él era el niño bonito, yo la niña gorda y cachetona, qué puedo decir, siempre tuve una relación tóxica con la comida. A parte de todas esas bondades que le brindaba la vida a mi primo, también fue castigado* con un padre impaciente quién lo amarraba a la silla hasta que terminara toda su comida, yo por suerte nunca sufrí de falta de apetito, sino más bien de todo lo contrario. A veces el padre de mi primo se ponía agresivo con él y le daba palizas merecidas por haberse portado mal, yo cómo un pseudoangel protector, trataba de tapar sus conductas no deseables echándome la culpa, y cuando mi tio iba a golpearlo yo me ponía delante protegiéndolo pero obviamente no funcionaba, después de la tunda el niño venía todo lloroso, y yo lo abrazaba y consolaba.
Sin embargo las disculpas ni los consuelos pudieron detener al Karma, debía hacerme pagar por mi mal actuar.
Uno de esos días torturantes de escuela cuando cursaba el segundo año de primaria, estaba tranquilamente disfrutando de mi recreo acompañada de mi única amiga la cual tenía la cabeza infestada de piojos y solía robarme lapiceros, borradores, etc; comía entonces si mal no recuerdo una galleta, cuando de pronto apareció una profesora la cual con una mirada que más parecía un dedo juzgador, me dijo con voz seria que tenía que acompañarla a la dirección, recuerdo que casi me meé en los pantalones, algo malo había hecho pero no sabía qué y eso no era lo que más me asustaba, me aterrorizaba más aún que le dijeran algo a mi padre. Al llegar, estaban ahí un par de profesores más, y un niño tal vez dos o tres años mayor que yo. Con convicción me preguntaron bruscamente en dónde estaba el mp4, un aparato para escuchar música que se puso de moda. -¿Dónde está?, tú lo tienes, tú te lo robaste ¿verdad? -me incriminaban. Yo toda llorosa, penosa y asustada decía que no lo tenía, ni sabía que era eso, mis lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas. -¡Yo no lo robé, por favor créanme, se los juro!- lloraba y temblaba. -Tenemos cámaras, que te han grabado, ya no mientas, si lo devuelves ya no le avisamos a tus papás-. No sabía cómo defenderme, solo lloraba, y decía que no lo había hecho, que no me había acercado a ese aparato. También interrogaron al otro niño, pero éste a diferencia de mí se veía relajado, sólo alegó que no lo hizo. Noté en sus miradas que no nos creyeron, pero nos dejaron ir, luego unas niñas que estaban afuera me interceptaron - ¡Él te ha echado la culpa, él!- dijeron con sus voces de pito refiriéndose al niño que salía conmigo, el cuál al escucharlas adelantó el paso. Por mi lado yo seguía llorando y no intenté nada contra él; las niñas me consolaron y me preguntaban por qué lloraba tanto, con la voz temblorosa y entrecortada decía: mi papá me va a pegar, mientras chorreaban mocos líquidos por mis labios. Luego vino mi amiga y también me consoló, pero nada era ayuda para mí, sabía lo que me esperaba, me imaginaba a la profesora diciéndole a papá: “Señor, lamento decirle que su hija es una ladrona, se ha robado un mp4”. Mi padre estaría decepcionado y molesto, me pegaría y después me trataría como a una escoria. Y exactamente eso pasó, hasta que más tarde encontraron al verdadero culpable y por supuesto al mp4 en su mochila, cuando la paliza, los gritos y todo, ya estaban hechos. Papá me pidió disculpas, pero nunca las disculpas se recuerdan más que los errores y el sufrimiento. Pero qué más da, ésta no fue la primera vez que se me culpó por algo que no hice; mamá también formó parte de esto, a veces hacía cosas que a papá le disgustaban como desordenar sus pertenencias o perder objetos, y luego decía que yo lo había hecho, por supuesto yo recibía las llamadas de atención. Supongo que mamá pensaba que no la escucharía, pero no tenía en cuenta que nuestra casa era pequeña, y todo se podía oír. No sé si ella aún lo recuerde, pero la perdono por eso.
Thoughts
-
PermalinkEl perdón a la mamá en la última línea da para una tarde entera de pelea. Unas lo leerían como lo más grande del capítulo, otras como la forma de cerrar sin seguir escarbando.
-
PermalinkUn solo osito de Coca Cola, regalado por pena, frente a la colección entera del primo. Con eso ya se entiende lo del dinero mejor que con toda la explicación de la envidia.
-
PermalinkLo de tu mamá quedándose dormida a los pocos párrafos del libro de historias bíblicas se me quedó, porque ahí se ve lo cansada que llegaba y que aun así sí te lo intentaba leer. Y luego la escuincla que quiere abrirle la puerta porque la extraña, y el gesto de tu papá que no la deja. Esa puerta me la llevé toda la tarde a la cocina.
-
PermalinkLa mamá que se dormía a los pocos párrafos de las historias bíblicas. Tal cual la mía, mirá, llegaba rendida y leía igual.