En ese grato momento junto a vos, deseo con ansias que el tiempo se corte, que el mundo se detenga, que calle el reloj, y que el destino, por una vez, nos dé el mismo norte.
Muero al verte, me derrito ante tu mirada, esa que, sin tocarme, me deja hechizado; y aunque intente fingir que no me pasa nada, mi corazón te busca incluso estando callado.
Tus labios me fascinan; no son rojo carmesí, pero guardan una intensidad que desconozco, y me basta tenerlos tan cerca de mí para inventar mil excusas y robarles un beso.
Y muero ante el privilegio de sentir tu piel, de descubrir en tu tacto un mundo diferente; sea una caricia que me haga estremecer o una bofetada que me recuerde que estoy frente a vos, de repente.
Porque hay algo en vos que no sé explicar, una mezcla de ternura, deseo y locura; y aunque mis labios no se atrevan a confesar, mis ojos te desean con una sinceridad que ninguna palabra asegura.