Cuando tu presencia no se celebra, es hora de irte. Lo sé, es lo duro darse cuenta de que no encajás.
El lugar
No te aferres a los espacios donde tu ausencia no pesa, ni te quedes donde tu presencia no se celebra. Cuando un lugar o una persona te hacen sentir que debes encogerte para encajar, es la vida…
Pensamiento
Cuando tu presencia no se celebra, es hora de irte. Lo sé, es lo duro darse cuenta de que no encajás.
Contenido de la publicación
No te aferres a los espacios donde tu ausencia no pesa, ni te quedes donde tu presencia no se celebra. Cuando un lugar o una persona te hacen sentir que debes encogerte para encajar, es la vida avisándote que tu ciclo allí ha terminado. A veces nos ancla la costumbre o el miedo al vacío, pero quedarnos por inercia en tierra infértil solo retrasa la llegada al terreno donde verdaderamente podemos florecer. Soltar duele, pero duele mucho más perderse a uno mismo tratando de sostener algo que ya no te pertenece. El camino es largo y, para recorrerlo, es necesario aprender a viajar ligero.
El verdadero secreto no es correr detrás de las mariposas hasta quedar sin aliento, sino cultivar un jardín tan hermoso dentro de ti que las mariposas decidan visitarte. Y aquí radica la mayor magia: si un día esas mariposas deciden alzar el vuelo, tú no te quedarás vacío, porque seguirás teniendo un jardín lleno de flores, color y paz para ti mismo. Al final del viaje, la vida siempre sorprende; rara vez encuentras a quien perseguías incansablemente, pero terminas coincidiendo con quien, al ver la luz de tu jardín, reconoce que siempre te estuvo buscando a ti.
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