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El Diezmo ¿Es bíblico? ¿Alguien lo invento? O en qué momento dejamos de comprender lo que Dios quiere. Pregunta Sin responder

usjgabriel
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Pocas cosas generan tanta tensión en el alma humana como la delgada línea que separa la devoción sincera de la explotación económica. Para millones de personas, la fe es un refugio, pero también un…

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rgomez1404

Yo dejé el seminario porque me encantaba tener razón sobre doctrina. Tu investigación la reconozco. Pero la exactitud histórica no resuelve el pedido de la semana. Eso sigue sin respuesta.

Yo dejé el seminario porque me encantaba tener razón sobre doctrina. Tu investigación la reconozco. Pero la exactitud histórica no resuelve el pedido de la semana. Eso sigue sin respuesta.

Contenido de la publicación

Pocas cosas generan tanta tensión en el alma humana como la delgada línea que separa la devoción sincera de la explotación económica. Para millones de personas, la fe es un refugio, pero también un compromiso que duele en el bolsillo. Todos hemos visto o vivido esa escena: un creyente honesto, que apenas llega a fin de mes, contando los últimos billetes para depositarlos en el sobre de la iglesia, impulsado por el miedo a ser llamado "ladrón de Dios" o por la angustia de caer bajo una "maldición divina".

La culpa es un motor financiero poderosísimo. Cuando un líder religioso se para detrás de un púlpito, abre el Antiguo Testamento y truena la voz citando a Malaquías: "¿Robará el hombre a Dios? ¡Vosotros me habéis robado!", el impacto psicológico es devastador. El creyente asume que el diezmo obligatorio en efectivo es una ley eterna, inmutable y universal.

Pero ¿qué pasa cuando descubrimos que el diezmo en la Biblia nunca fue dinero? ¿Qué pasa si la historia demuestra que la exigencia del 10% obligatorio bajo amenaza fue un mecanismo fiscal inventado por obispos medievales para financiar reinos feudales? ¿En qué momento exacto de la historia humana dejamos de comprender lo que Dios realmente quería?

Para el mundo evangélico y protestante fundamentalista, el diezmo (el 10% de todos tus ingresos netos o brutos en dinero fáctico) es un requisito indispensable de salvación y bendición. Te dicen que es una ley bíblica absoluta.

Sin embargo, si aplicamos el rigor histórico, nos topamos con una contradicción brutal en el plano material: En todo el Nuevo Testamento, Jesús jamás le pidió un solo centavo de diezmo a sus discípulos, y los apóstoles nunca cobraron un diezmo para sostener la Iglesia. Entonces, si la Biblia no lo manda para los cristianos, ¿de dónde salió la obligación moderna de entregar el 10% del salario en la cuenta bancaria de una iglesia?

¿Qué era realmente el diezmo?

Si un pastor o líder religioso moderno usara una máquina del tiempo, viajara a la Jerusalén del año 1000 a.C. y pretendiera pagar su diezmo entregando monedas de oro o plata al Sumo Sacerdote, lo habrían rechazado de inmediato. Habría estado violando la ley de Dios. ¿Por qué? Porque en el plano material de las Escrituras, el diezmo tenía una definición ultra específica.

1. El engaño de Malaquías 3 (El texto en su contexto, opinión personal)

El versículo "terrorífico" por excelencia que se usa hoy para obligar a la gente a diezmar en efectivo es Malaquías 3:10:

"Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa..."

El bisturí filológico: La palabra hebrea para "alfolí" es אָצָר (atsár), que significa literalmente granero, bodega o almacén de comida. Dios no estaba pidiendo un banco para guardar monedas; estaba pidiendo un almacén para guardar alimentos perecederos.

¿Por qué comida? Nos lo responde textualmente Levítico 27:30-32: "Y el diezmo de la tierra, así de la semilla de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es... Y todo diezmo de vacas o de ovejas... la décima cabeza será consagrada a Jehová".

El dato duro: El diezmo bíblico era única y exclusivamente agrícola y ganadero. En la época de los profetas ya existía el dinero en forma de siclos de plata y oro (lo vemos desde Génesis), pero Dios jamás aceptó dinero como diezmo. Solo los dueños de tierras, agricultores y ganaderos pagaban diezmo. Si tú eras carpintero (como Jesús), pescador (como Pedro), tejedor de tiendas (como Pablo) o esclavo, tú no pagabas diezmo, porque tus ingresos no provenían de la tierra de Israel.

2. La red de seguridad social: ¿A dónde iba ese alimento?

En el diseño original de Dios, el diezmo no era para enriquecer a un líder o comprarle un auto de lujo al profeta. Tenía un propósito de justicia social y distribución material muy claro, dividido en tres grupos específicos (Números 18 y Deuteronomio 14):

La tribu de Leví: A diferencia de las otras 11 tribus de Israel, los levitas no recibieron tierras como herencia física para sembrar; su trabajo de tiempo completo era cuidar el Tabernáculo y el Templo. El diezmo era su comida diaria para que no murieran de hambre.

El huérfano, la viuda y el extranjero: Cada tres años, el diezmo no se llevaba al templo, sino que se guardaba en las ciudades locales para alimentar a los sectores más vulnerables y desprotegidos de la sociedad (Deuteronomio 14:28-29). Era el sistema de bienestar social de la nación.

¡Para comértelo tú mismo en una fiesta! Sí, leíste bien. Deuteronomio 14:22-26 ordena explícitamente que debías llevar tu diezmo al lugar sagrado y comértelo tú mismo con tu familia en una gran fiesta delante de Jehová. Y si el camino era muy largo, la ley te permitía vender tus frutas o vacas por dinero, viajar ligero, y al llegar al templo, comprar vino, sidra o "cualquier cosa que deseare tu alma" para celebrar.

El gran quiebre: ¿En qué momento dejamos de comprender?

Dios diseñó el diezmo como un impuesto agrícola local para sostener a una tribu sin tierra y alimentar a los pobres en una nación teocrática material. El colapso del entendimiento ocurre cuando los hombres del siglo XX y XXI agarran esa ley civil, agraria y local de Israel, le quitan las vacas, le quitan los tomates, le quitan el banquete familiar, le quitan el apoyo obligatorio a las viudas... y lo único que dejan es la exigencia del 10% del dinero electrónico o en efectivo en una cuenta bancaria.

El Nuevo Testamento: ¿Jesús y los Apóstoles cobraron diezmo?

Si el diezmo obligatorio en efectivo fuera una ley eterna indispensable para los cristianos, veríamos a los apóstoles cobrándolo en cada iglesia que fundaban. Pero la realidad histórica y material es rotundamente opuesta.

1. ¿Qué hizo Jesús con el diezmo?

En los cuatro Evangelios, Jesús solo menciona el diezmo en tres ocasiones, y en todas ellas lo hace dirigiéndose a los escribas y fariseos, quienes todavía vivían bajo el plano material de la Ley de Moisés. El pasaje más famoso es Mateo 23:23:

"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe..."

El análisis material: Nota con precisión absoluta lo que vemos ahí: ¿Qué diezmaban los fariseos en la época de Jesús? Especias de cocina (menta, eneldo y comino). Seguía siendo un asunto agrícola. Jesús no les está hablando a los cristianos, les está hablando a judíos bajo la ley levítica en un Templo que todavía estaba en funciones físicas. Jesús mismo, en su condición humana de carpintero, jamás cobró ni pagó diezmo, porque no era agricultor ni pertenecía a la tribu de Leví (Él venía de Judá).

2. Los archivos de la Iglesia Primitiva: Cero diezmos

Una vez que Jesús resucita y se establece la Iglesia cristiana primitiva, el diezmo desaparece por completo del radar.

El Libro de Hechos: En los capítulos 2 y 4 vemos cómo se financiaba la Iglesia del primer siglo. Los santos vendían sus propiedades y lo traían a los pies de los apóstoles. No daban el 10%; lo daban todo, o daban según la necesidad. No existía la contabilidad del diezmo.

Las cartas de Pablo (El gran silencio): El apóstol Pablo fundó iglesias por todo el Imperio Romano y escribió la mayor parte del Nuevo Testamento dándoles instrucciones de todo tipo. Si el diezmo fuera obligatorio, Pablo lo habría dejado por escrito. Sin embargo, en 1 Corintios 16:1-2, al hablar de la ofrenda para los pobres de Jerusalén, ordena: "Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado". No dice "calculen el 10% de su salario fáctico".

3. El estándar de oro del Nuevo Testamento

La regla del juego para el cristiano respecto al dinero quedó sellada para siempre en 2 Corintios 9:7:

"Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad (obligación), porque Dios ama al dador alegre".

El quiebre conceptual: El diezmo levítico era un impuesto civil obligatorio por ley; si no lo dabas, quebrantabas el orden del país. Pero en el Nuevo Testamento, el motor financiero de la Iglesia es el libre albedrío absoluto. En el momento en que un líder religioso te dice que "tienes que dar el 10% por obligación o te cae maldición", está violando flagrantemente la instrucción de Pablo de no dar por necesidad ni por obligación.

 La Gran Pregunta: ¿Quién lo inventó entonces?

Si ni Jesús lo cobró, ni los apóstoles lo pidieron, y la Iglesia primitiva funcionaba con ofrendas voluntarias... ¿en qué momento se inventó el diezmo cristiano obligatorio en dinero?

Para encontrar el origen de este fraude histórico, tenemos que dar un salto en el tiempo hacia la Edad Media, cuando la Iglesia se fusionó con el poder político de los reyes europeos.

Durante los primeros 500 años del cristianismo, el diezmo obligatorio no existía. La iglesia primitiva se sostenía con colectas voluntarias y donaciones de terrenos. Pero todo cambió cuando el cristianismo se convirtió en la religión de los imperios y los obispos comenzaron a acumular poder político y tierras feudales.

El sistema de ofrendas voluntarias ya no era suficiente para mantener el gigantesco aparato de monasterios, catedrales, ejércitos y lujos de la época medieval. Hacía falta un método de recaudación masivo, fijo y obligatorio.

Revisemos la historia pues.

1. El primer intento de extorsión espiritual: El Concilio de Macón (585 d.C.)

El primer registro histórico donde un grupo de líderes eclesiásticos intentó forzar a la población civil a pagar el 10% bajo amenaza espiritual ocurrió en el segundo Concilio de Macón (en la actual Francia), en el año 585 d.C. Los obispos feudales, preocupados por la caída de los ingresos, decretaron que todos los ciudadanos debían entregar la décima parte de sus bienes a la iglesia. La amenaza: Si alguien se negaba a pagar, el concilio ordenaba que fuera excomulgado (expulsado de la iglesia y condenado al infierno). Sin embargo, este decreto todavía no tenía fuerza de ley civil; era solo una regla eclesiástica que la gente ignoraba a menudo.

2. El verdadero inventor legal: Carlomagno y el Concilio de Fráncfort (794 d.C.)

El fraude se consumó por completo dos siglos después a través de una alianza estrictamente política. El rey de los francos y posterior emperador de Occidente, Carlomagno, necesitaba el respaldo del Papa para consolidar su imperio. A cambio, el Papa necesitaba el brazo militar del rey para cobrar sus rentas.

En el año 794 d.C., durante el Concilio de Fráncfort, Carlomagno firmó una ley imperial que convirtió el diezmo en un impuesto civil obligatorio por el Estado. A partir de ese momento histórico, el diezmo ya no era una ofrenda para Dios. Si vivías en el imperio de Carlomagno, estabas obligado por la ley de los soldados a entregar el 10% de tus cosechas, animales y ganancias comerciales en monedas.

Si no pagabas el diezmo, los soldados del rey confiscaban tus bienes, te metían a la cárcel o te azotaban públicamente. El diezmo nació formalmente en la historia como un mecanismo de opresión económica estatal y feudal, no como un mandato del Nuevo Testamento.

En qué momento dejamos de comprender

Cuando el protestantismo y el movimiento evangélico moderno rompieron con la Iglesia Católica en los siglos XVI al XX, criticaron con dureza los dogmas medievales. Abolieron el purgatorio, quitaron las estatuas y eliminaron el celibato por considerarlos inventos humanos fuera de la Biblia.

Sin embargo, cuando llegaron al punto del diezmo medieval obligatorio, convenientemente decidieron conservarlo. Lo despojaron de los soldados del rey, pero lo revistieron de una manipulación psicológica aún peor: cambiaron los latigazos físicos de Carlomagno por la "maldición espiritual" de Malaquías.

Dejamos de comprender lo que Dios quiere en el preciso instante en que transformamos una relación de amor y libre albedrío en un contrato de transacción económica, donde se le vende al creyente la idea de que puede "comprar" el favor, la protección o la bendición del Creador con un porcentaje de su cuenta bancaria.

Para cerrar nuestra investigación sobre el diezmo, es momento de aplicar el bisturí dentro de mi propia casa. Como seguidor de la fe de los Santos de los Últimos Días (SUD), sería una total hipocresía desarmar con rigor los mitos financieros del catolicismo medieval o las campañas evangélicas de la posguerra, si no tengo el valor de mirar de frente las costuras, las tensiones reales y las profundas controversias que sacuden la administración del dinero en la fe que yo mismo profeso.

Mi fe en la Restauración está intacta. Pero la verdad histórica se respeta. Para comprender el diezmo hoy, debemos desvestir la narrativa oficial y analizar cómo un principio puramente espiritual choca inevitablemente cuando se materializa a través de una organización global con estructuras corporativas.

Hablemos de la evolución de la regla, ¿Qué es "Interés"?

El primer mito que cae al revisar la historia de la Restauración es que la definición de un "diezmo honesto" ha sido siempre la misma. En el texto original de la revelación recibida por Joseph Smith en 1838 (Doctrina y Convenios 119), el Señor estableció el diezmo en dos fases muy específicas:

Primero. Al unirse a la Iglesia, el miembro debía entregar "todo su dinero y propiedades excedentes".

Segundo. Después de ese paso inicial, debían pagar "la décima parte de todo su interés anualmente".

En el siglo XIX, la palabra interés (o increase en el inglés original) no significaba el salario bruto total de una persona. Para los santos de la época, significaba el remanente neto o la ganancia real después de haber cubierto los costos operativos básicos para mantener a la familia; es decir, lo que realmente te "creció" u obtuviste como excedente ese año.

Sin embargo, a mediados del siglo XX tras severas crisis financieras institucionales y la posterior expansión global la administración de la Iglesia redefinió el término de forma estricta, interpretando interés simplemente como ingreso (income). El enfoque se movió del excedente neto al ingreso total, dejando a criterio personal si se calcula sobre el salario bruto o neto, pero endureciendo la cultura contable dentro de las capillas.

Es perfectamente normal y válido que un miembro sincero experimente problemas o dudas personales con este tema. La madurez espiritual exige procesar los datos duros sin maquillar la realidad. Pongamos los dos puntos más críticos bajo el microscopio:

El estipendio de las Autoridades Generales: Durante décadas se ha promovido con orgullo el lema del "clero 100% no pagado". Aunque esto es estrictamente real en el plano local (obispos y presidentes de estaca no reciben un solo centavo), en el año 2017 se filtraron memorandos internos que confirmaron que los líderes máximos (la Primera Presidencia, el Quórum de los Doce y los Setenta) reciben una asignación fija para gastos de manutención (living allowance). Para el año 2014, esta asignación base era de aproximadamente $120,000 dólares anuales (unos $10,000 dólares mensuales). La Iglesia aclara que estos fondos no provienen directamente de los diezmos, sino de los brazos comerciales e inversiones de la institución, permitiendo que estos hombres dejen sus carreras profesionales para dedicarse por completo al ministerio. No obstante, la falta de transparencia proactiva durante años generó una herida de desconfianza justificada en muchos miembros que apenas sobreviven económicamente.

Las reservas multimillonarias de Ensign Peak: Investigaciones de denunciantes internos y las posteriores multas de la SEC (Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU.) sacaron a la luz pública que la Iglesia acumuló un fondo de reserva de decenas de miles de millones de dólares en Wall Street. Ver a una iglesia operar con el secreto, la disciplina y la acumulación de un fondo de cobertura comercial desdibuja, para el ojo crítico, la imagen del humilde carpintero de Nazaret, desatando acusaciones de acumular el dinero en lugar de usarlo de inmediato para aliviar la pobreza extrema en el mundo.

¿En qué se diferencia entonces el dilema SUD del fraude del mundo evangélico que ya expusimos en la primera parte del post?

El mundo evangélico fundamentalista manipula el texto bíblico afirmando falsamente que el diezmo en efectivo es una ley obligatoria del Nuevo Testamento, usando la amenaza de la maldición de Malaquías 3 o la promesa mágica de la Teología de la Prosperidad.

La Restauración SUD no se escuda en que sea una ley del Nuevo Testamento. Reconoce abiertamente que el diezmo levítico caducó en la cruz. Su práctica moderna se sostiene exclusivamente bajo la premisa de que fue reintroducido por revelación moderna en 1838 como una ley menor de preparación y sacrificio personal.

Dejamos de comprender lo que Dios quiere en el preciso instante en que la administración de una ley espiritual se vuelve tan corporativa, tan ultra-secreta y tan inmensamente rica, que eclipsa el principio original. El principio de Isaías de recibir la verdad "línea sobre línea, un poco aquí, un poco allá" (Isaías 28:10) nos recuerda que la revelación es progresiva, pero que las estructuras humanas que la manejan son falibles.

Cumplir con el diezmo, desde la madurez de un investigador honesto, deja de ser un acto de sumisión ciega a la burocracia institucional y se convierte en un pacto estrictamente personal entre el creyente y el Señor. Al final del día, los errores, aciertos o el secreto bancario de los hombres en Salt Lake City no anulan tu deseo sincero de sacrificarte por Dios, pero sí demuestran que ninguna iglesia en la tierra es un producto terminado. El juicio sobre el uso de la ofrenda de la viuda le corresponde al Dueño de la viña, no al que deposita el sobre.

Por ultimo y esto lo dejo desde mi propia experiencia como miembro SUD actualmente activo dentro de la iglesia. No como una manera de defender a la iglesia, sino como testigo ocular de como se utilizan los fondos monetarios en la iglesia local.

Ya que un investigador honesto no puede quedarse solo en la disección de las sombras; la rigurosidad exige mirar ambas caras de la moneda. Si bien es históricamente rastreable que la Iglesia SUD recurrió a la burocracia administrativa específicamente con la Carta de la Primera Presidencia del 19 de marzo de 1970 firmada por Joseph Fielding Smith, donde se redefinió oficialmente el término original de "interés" para transformarlo de forma estricta en "ingresos" (income), también es imperativo analizar el plano físico de cómo opera esa recaudación en el mundo real.

La realidad matemática de la gran mayoría de nuestras capillas en América Latina, África o Asia es innegable: con el diezmo que aportamos a nivel local, sería absolutamente imposible mantener los edificios en función.

Si las iglesias operaran bajo un modelo estrictamente local e independiente, miles de barrios y ramas en países en desarrollo tendrían que cerrar sus puertas. Los costos internacionales de construcción, las reparaciones estructurales, los sistemas de purificación de agua, el aire acondicionado, los servicios públicos y los materiales didácticos devorarían por completo la recaudación local. Ya que como miembros asistentes a nuestra unidad asignada si gozamos de todas las comodidades posibles para nuestras reuniones de adoración.

Para comprender a dónde va el dinero, debemos analizar el modelo financiero SUD, el cual opera como una red de redistribución global centralizada:

El subsidio de la periferia: Todo el diezmo recolectado en el mundo viaja directamente a un fondo común en Salt Lake City. Desde allí, el Consejo de la Disposición de Diezmos lo redistribuye no con base en cuánto aportó cada país, sino en dónde está la necesidad. Los ingresos de las regiones con mayor músculo financiero (como los suburbios de Utah) subsidian por completo la operación de las capillas en las regiones más vulnerables. Es una aplicación material del principio paulino de "que vuestra abundancia supla la escasez de ellos" (2 Corintios 8:14). Si tu capilla se mantiene limpia, iluminada y segura, es porque el sistema corporativo absorbe el déficit local utilizando las reservas globales.

El auxilio humanitario en datos duros: Más allá de la infraestructura de cemento y ladrillo, la centralización de estos fondos permite financiar operaciones de asistencia civil masivas. Según el reporte financiero de bienestar oficial de la Iglesia (Caring for Those in Need), la institución destina anualmente más de $1,500 millones de dólares en ayuda humanitaria global. Esto se traduce en un promedio superior a los $4 millones de dólares diarios invertidos de forma fáctica en 196 países. Estos fondos operan en proyectos de desnutrición materno infantil en alianza con organismos internacionales (como UNICEF y Médicos Sin Fronteras), pozos de agua potable con energía solar y la donación de millones de libras de alimentos a través de los Almacenes del Obispo. (¿te gustaría saber cómo opera un almacén del obispo?, déjamelo en los comentarios) …

Al poner todas las piezas sobre la mesa del foro, el panorama se aclara con una madurez transparente.

El error del mundo evangélico y protestante fundamentalista es teológico y filológico: manipulan el texto bíblico afirmando falsamente que el diezmo en efectivo es una ley obligatoria del Nuevo Testamento, usando la amenaza de la maldición de Malaquías 3 o la promesa mágica de la Teología de la Prosperidad para enriquecer ministerios personales.

En contraste, el dilema en la Restauración SUD es administrativo y cultural: no se escuda en el Nuevo Testamento (reconoce que la ley levítica caducó en la cruz) y basa su práctica en una revelación moderna (D&C 119) como un convenio de sacrificio personal. Sin embargo, su estructura humana imita a menudo la opacidad, la acumulación masiva y el secreto bancario de un fondo de inversión de Wall Street, desatando controversias sumamente válidas sobre las asignaciones mensuales de sus líderes máximos y el tamaño de sus reservas en Ensign Peak.

Dejamos de comprender lo que Dios quiere en el preciso instante en que la administración de una ley espiritual se vuelve tan corporativa que eclipsa la pureza del principio original. Pero el sistema humano, con todas sus imperfecciones y costuras burocráticas, logra sostener una red global de bienestar y refugio que el miembro individual jamás podría financiar por sí mismo.

Al final del día, el diezmo bajo la misma carta de 1970 que la jerarquía suele recortar en los púlpitos es un derecho donde "cada miembro debe tomar su propia decisión en cuanto a lo que considera que le debe al Señor". Los aciertos, errores o cuentas bancarias de los hombres de la organización no anulan tu convenio privado de sacrificio. El juicio sobre el uso de la ofrenda de la viuda le corresponde única y exclusivamente al Dueño de la viña.

Respuestas

  • Pilarcita

    Yo rezo con quien me lo pide. Los libros no llegan hasta el pasillo.

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  • Ines_del_Valle

    Yo rezo caminando el pasillo entre las tres y las cinco. En ese rato no pienso en bien o mal. Lo que decís del juicio que le toca al Dueño, eso lo entiendo en el turno, verá.

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  • EvaMontero

    Tengo la sensación que no buscas que la Iglesia te suelte, sino que te dejes soltar vos. Como si necesitaras permiso histórico para dejar de contar la plata que ya contó el corazón.

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  • Belencita

    Mi papá no va a la iglesia y yo pido por él igual. No me encaja el sistema, porfa. Pero sigo yendo.

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  • Aurorita

    Acá en la capilla no pedimos casi nada, y la gente da lo que da. Ya pues, vos entendé nomás a tu paso.

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  • AgustinRuiz

    Yo cuento los años sobrio sin drama. Tu pregunta me la reconozco: cuando el sistema falla, ¿quién me da respuesta? Sigo yendo igual. Lo privado entre vos y Dios, eso sí.

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  • misa_de_ocho

    Oiga, en el mercado la gente viene cansada. Hay de gana para dar, hay de gana para no dar. El domingo la capilla sigue abierta igual.

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  • rgomez1404

    Yo dejé el seminario porque me encantaba tener razón sobre doctrina. Tu investigación la reconozco. Pero la exactitud histórica no resuelve el pedido de la semana. Eso sigue sin respuesta.

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