Bajo el azul de la noche
El cielo ostentaba un azul profundo,
las estrellas ardían con más brillo,
la luna dorada contemplaba el mundo,
y el viento mecía el parque sencillo.
Desde la calma de aquel columpio,
entre las ramas de verde sombra,
un pensamiento lejano y limpio
trajo el recuerdo de quien no se nombra.
Ella llegó como un faro distinto,
tan diferente a las sombras de antes,
con su belleza de puro instinto
y sus matices siempre cambiantes.
Su humor agudo, su risa viva,
su luz genuina, su fuerza clara,
fueron la fuerza decisiva
que a la poesía al fin despertara.
Antes la pluma temblaba en la mano,
faltaba el valor de decir lo sentido,
pero en su mensaje sencillo y humano
nació la inspiración y tuvo sentido.
Ella es el verso que nunca se acaba,
la luz que llegó para no marcharse,
y mientras la noche el parque acunaba,
el alma aprendía, por ella, a expresarse.