Para tocar fondo debemos aprender a ahogarnos.
Quizás solo así podremos saber cómo salir a la superficie, o incluso solo en el fondo apreciamos lo que era poder respirar aire fresco. Así que a veces deja que la situación se ahogue por si misma, desahógate pero no te desquites con otros, ni que otros se desquiten contigo, eso si, ayúdales a llevar sus cargas, y permite que ellos lleven las tuyas si te lo ofrecen.
A veces debemos aprender a ahogarnos, pero no hasta la muerte, solo un poco, muy poco, y que nuestros pies se impulsen para sobrevivir a la asfixia, así es la vida, subir de nuevo y volver a respirar una bocanada de vida nueva, la victoria sobre cualquier oscuro hastío, hasta la siguiente ocasión en que nos hundamos de nuevo, y repítelo, pero esta vez tendrás más práctica, más fuerza, pulmones más grandes, mayor aliento y capacidad de ir más hondo que nunca.