¿Por qué tengo que estar triste? Si al final sucedió, lo viví en carne y hueso; viví cada llanto, cada risa contigo, viví cada segundo a tu lado amándote de una y mil formas, sin miedo a decirte cómo me perdía en tus ojos, en tus gestos, en tu tacto.
Entonces, ¿por qué tengo que estar triste?
Si sé que al final te amé, te amé de la forma más pura posible y sin ningún miedo de antemano, porque confié en cada proceso que viviríamos juntos.
Entonces, ¿por qué estoy triste?
Quizá porque quería quedarme en tu vida, verte cumplir cada meta y cada sueño que me decías; quererte y seguir confiando, a pesar de que cada lágrima derramada aferrándome a ti era por ti, por cada dirección equivocada que tomaste, por no haberte quedado en el momento en que más era necesario, donde, a pesar de todo, yo nunca fui la única en las palabras ni en el amor que decías sentir por mí.
Entonces, ¿por qué, a pesar de eso, sigo triste?
Me juraste que todo cambiaría, y aunque había sinceridad en tus palabras, cada acción me hería más y más. Yo ya no confiaba en ti. ¿Qué hacía? Dejarte, supuse. Lo hice… y aquí estoy, preguntándome: ¿por qué debería seguir llorando?
Si al final sucedió, y eso es lo lindo: haberlo vivido y haber podido por fin dejarte ir, a pesar de todo el cariño que te tuve.
Con mi cuerpo temblando, mi corazón acelerado y mis lágrimas derramándose, comprendí que, sin importar el porqué, solo tenía que dejarme sacarlo todo y entender que siempre fui suficiente, que siempre hubo amor de sobra para brindar.
Tú lo sabes y siempre lo sabrás. Por eso tengo la fe de que algún día me entiendas y sepas que perdiste a alguien que daba todo por ti; que entiendas que me amaste de la manera equivocada y que, aunque aún te ame, ya no permitiré que me vuelvas a herir.