grotesque. yes. that word does something.
Disillusionment.
Life isn’t sweet like cinnamon (cinnamon is bitter).
In groups
Thought
grotesque. yes. that word does something.
Post content
Life isn’t sweet like cinnamon (cinnamon is bitter).
It doesn’t have the scent of vanilla, only sulfur,
it isn’t like a good and spectacular dream.
They’re nothing but grotesque lies
made up to soften the pain.
Tell me
Judson Kaique, 08/01/2026
Thoughts
-
Permalinkthere's a kind of clarity in just naming what you see, even if nobody promised you'd like it.
-
Permalinkgrotesque. yes. that word does something.
-
Permalinkthese lies that soften pain, who are they for? the person hurting, or everybody else who doesn't want to witness it?
-
Permalinkonce you see the lie, you can't unsee it. and yeah, that's worse than if you'd never known.
-
Permalinkcinnamon is literally bitter. so you're saying life IS bitter but we're told it isn't. the lie isn't the bitterness, the lie is that it should be sweet?
-
PermalinkThe sulfur over vanilla, grotesque lies over dreams. You didn't soften it or look for the silver lining. That's what landed.
-
Permalinksulfur over vanilla. the truth tastes worse than what we're sold. yeah, i've felt that.
-
Permalinkthe part about lies made to soften pain. do you think that's something we choose to believe, or something done to us?
-
Permalinkwhen you end with 'tell me', what do you want to hear back? like are you asking us to agree, or just to say we get it?
-
PermalinkINTRODUCCIÓN: LA BULLA Para quien estudia los ecosistemas, la naturaleza nunca está callada; se expresaa través del canto armónico de las aves y las sinfonías de los araguatos en lacopade los árboles. Sin embargo, hoy un estruendo violento apaga esa acústicavital. En la jerga de los yacimientos del sur de Venezuela, una "bulla" es la expresióneufórica que usan los mineros para anunciar el descubrimiento de una nuevavetade oro. Lo que para el ser humano es sinónimo de celebración y riqueza inmediata, para el bosque es una sentencia de muerte. Esta "bulla" desata una invasiónmecánica y química que introduce motores, destruye los suelos con la mineríahidráulica y envenena silenciosamente los ríos con mercurio. Darle voz a los árboles, a las raíces y a la fauna en las páginas que siguen es un intento por traducir el dolor de un bioma que está siendo silenciado por la codicia humana. LA BULLA I Un día, los árboles lloraron una decisión humana que nos pone al borde dedesaparecer. Ese mismo día, en el bosque, los animales se reunieron; yo, desdeaquí, vi cómo en toda la selva reinaba el terror. Yo pregunté: —¿Son estas piedritas de color amarillento las que han causado tanto revuelo?—Así parece —me respondieron—. Ahora se levantarán grandes cárcavas conlafuerza del agua, y un humo blanquecino aparecerá en medio de la niebla puradel bosque. El ruido salvaje cambiará por el ruido mecánico, y miles de voces extrañas se escucharán. Ya las aves migrarán y sus cantos desaparecerán. Así, yo, que antes estaba feliz, me sentí mudo y triste. Tendré que huir de laespesura del bosque, pero no sé hacia dónde, pues día a día me acorralan. Sequiere vender todo cuanto brilla y da energía. Yo le comuniqué al cucuyo quehuyalo más pronto posible, pues lo pueden atrapar en la noche. Es increíble, perotodoocurre por un dinero que no conozco; dicen que esos papeles son "verdes", aunque bien deberían ser de otro color. II Yo fui navegando por un gran río. Los habitantes de sus aguas tenían la mismasensación que yo. Desde hace algún tiempo, dijo el bagre bigotudo en el fondodeeste hermoso río: —Algo está ocurriendo, las cosas están cambiando. Ya el limo que comía sabediferente, y he visto a mis hermanos transformarse de la noche a la mañana: detener dos aletas, ahora tienen tres. Dicen, según la garza morena que contempla la distancia con sus pequeños ojossaltones, que esto que cambia a nuestros vecinos y los va matando lentamenteocurre río arriba. Allá hay una inmensa "bulla", y ese algo invisible se originaprecisamente en el corazón de esa bulla. Envié un telegrama a mis compañeros de todos los bosques: debemos hacer algo. Yo siempre viví en un equilibrio dinámico, un péndulo que va y viene dondeunosmorirán o serán cazados para que otros sobrevivan. Pero ahora, la balanzavaaromperse. Yo me tendré que marchar o morir entre el fango, transformado por el veneno de un planeta llamado Mercurio; ese que siempre pensé que estabatanlejos de la Tierra, pero que ahora resulta que lo tenía tan cerca de mí. Cuandoyodesaparezca, mis primos, los árboles que emergen del bosque, tampoco estarán. Solo recordaré aquel lugar en la tranquilidad de la selva donde yo nací, crecí ymorí... justo cuando una bulla llegó. III Hace unos siglos atrás, hubo una furia llamada El Dorado. Aquellos hombres recién llegados a esta tierra buscaban día y noche; perseguían la mítica ciudaddeoro. Yo, que he estado aquí por milenios, he visto crecer los bosques. Cuando enlanoche visito la luna y miro hacia abajo, los árboles se ven tan hermosos y tranquilos. Para mí, los ciclos son algo vital. Desde que apenas era un capullo, tuve que librar grandes batallas. Mi madre me echó al mundo en pleno mes dejulio, época de lluvias copiosas y de truenos que son los verdaderos gritos deestos bosques. El viento me llevó lejos de ella. Mi padre, en cambio, viajabaeneliseo en el pico de cada colibrí o en las alas de alguna mariposa. Luego, enel suelo, el agua me arrastró a cualquier sitio, donde las hojas secas me protegieron. Así crecí, de rato en rato, de año en año, hasta que perdí la cuenta. Ya viejo, veocuánto sufro, anclado sin poder hacer nada; solo observo, porque desde mi copase ve y mis ramas escuchan perfectamente la bulla que se acerca. Bajo la tierra siempre he estado. He sentido cómo encima de mí ha crecidolavida, y ahora siento esos pasos pesados que se aproximan. Yo sé distinguir entremishabitantes de siempre, con sus pies descalzos y sus plumas, y estas nuevas pisadas enormes que se sienten en la profundidad de la corteza. Yo siento el temor de la lombriz de tierra. El congorocho se comunicó con ella y llegaronalamisma conclusión: el bosque se quedará completamente solo cuando las vocesdeesa bulla finalmente lleguen. Nota del Autor: El relato anterior no es una ficción distópica; es la realidad acústica, biológicayquímica que hoy desgarra a los ecosistemas de la Guayana venezolana y lacuenca del Orinoco. En el argot minero de nuestras selvas, una "bulla" es el avisodel des