Eso de aprender a detenerse, ¿es algo que van practicando en el programa del hogar o es más algo que vos vas descubriendo?
DIA 5
Hoy se cumplen cinco días desde que dejé la fundación y llegué al hogar.
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Pensamiento
Eso de aprender a detenerse, ¿es algo que van practicando en el programa del hogar o es más algo que vos vas descubriendo?
Contenido de la publicación
Hoy se cumplen cinco días desde que dejé la fundación y llegué al hogar.
Y hoy, por primera vez, siento que puedo aceptar un poco más la realidad que ayer.
La realidad de estar viviendo en un hogar de Cáritas.
Todavía me cuesta decirlo. Todavía me cuesta mirarlo de frente. Pero supongo que aceptar no significa que deje de doler, sino que empiezo a dejar de pelear contra lo que hoy es mi realidad.
Me queda muchísimo por transitar. Muchísimo.
Pero quizás este sea el comienzo.
Acá adentro conviven más de cien historias. Más de cien personas, cada una con sus propias heridas, sus propias pérdidas, sus propios miedos y sus propias esperanzas.
Y la mía es solamente una de ellas.
A veces miro hacia la izquierda. Después hacia la derecha. Miro hacia adelante.
Y dependiendo de dónde pongo el foco, el mundo cambia.
Veo miradas perdidas, consumidas por la droga.
Miradas sin esperanza.
Miradas que parecen estar buscando una respuesta, sin saber todavía qué hacer con sus propias vidas.
Miradas cansadas.
Y también veo miradas con fe. Miradas que, a pesar de todo, todavía creen que mañana puede ser diferente.
Acá hay personas con distintas discapacidades, distintas historias, distintas formas de haber llegado hasta este lugar.
Y hoy entiendo que no puedo vivir todas esas historias.
Solo puedo transitar la mía.
Esta mañana me encontré con una persona que había hecho el mismo programa que yo, en la misma fundación, aunque en otra sede.
Empezamos a hablar.
Nos contamos partes de nuestras vidas.
Y, casi sin darnos cuenta, nuestras historias empezaron a encontrarse en lugares que ninguno de los dos esperaba.
Los dos habíamos sido abusados cuando éramos niños.
Y hablamos de algo que quizás sea todavía más difícil que contar lo que pasó: hablamos de cómo aprendimos a callarlo.
De cómo lo convertimos en un secreto.
De cómo, siendo niños, no teníamos las herramientas para entender lo que nos estaba pasando.
De cómo el silencio terminó siendo nuestra manera de sobrevivir.
Le conté cómo veo nuestras historias.
Como dos telas de araña tejidas por dos arañas diferentes, en momentos diferentes, en lugares diferentes… pero que, de alguna manera, terminaron encontrándose.
Dos historias llenas de hilos rotos, nudos y lugares oscuros.
Y entre esos hilos había algo más que coincidía.
La droga.
Esa primera vez que aspiramos aquella línea y sentimos que éramos invencibles.
Sin detenernos.
Sin hacer una pausa.
Sin respirar profundamente y preguntarnos qué estábamos haciendo, qué dolor estábamos intentando tapar y cuánto daño podíamos llegar a hacernos en el futuro.
Quizás porque nunca aprendimos a detenernos.
Quizás porque nadie nos enseñó qué hacer con todo aquello que llevábamos adentro.
Y entonces apareció el consumo.
Primero como una salida.
Después como una necesidad.
Y finalmente como una jaula.
Pero hoy, hablando con él, pude mirar algo desde otro lugar.
Desde la compasión.
Porque durante mucho tiempo sentí bronca.
Bronca por lo que me hicieron.
Bronca conmigo mismo por haber callado.
Bronca por no haber podido hablar.
Bronca por haberme culpado durante tantos años por algo de lo que nunca fui responsable.
Y quizás ahí esté una de las partes más difíciles del camino: entender que un niño no tiene la culpa de lo que un adulto decide hacerle.
Que no tenía que haber sabido cómo reaccionar.
Que no tenía que haber encontrado las palabras.
Que no tenía que haber cargado con ese secreto.
Y que quizás ahora, siendo adulto, me toca empezar a devolverme algo que durante muchos años no tuve:
La posibilidad de perdonarme.
Perdonarme por haber callado.
Perdonarme por haberme perdido.
Perdonarme por las decisiones que tomé cuando solamente estaba intentando sobrevivir con las herramientas que tenía.
Y también aprender, algún día, a perdonar.
No porque lo que pasó esté bien.
No porque haya que olvidar.
Sino porque quizás perdonar sea dejar de permitir que aquello que nos hicieron siga teniendo poder sobre nuestras vidas.
Hoy entendí algo.
Tal vez la adicción no apareció de la nada.
Tal vez hubo un vacío.
Un dolor.
Una herida que nunca supimos nombrar.
Y ese vacío intentamos llenarlo como pudimos.
Con sustancias, con excesos, con cualquier cosa que durante un rato nos permitiera no sentir.
Pero ahora estoy aprendiendo que hay otra manera.
Más lenta.
Mucho más difícil.
Respirar.
Hablar.
Sentir.
Llorar si hace falta.
Mirar hacia atrás sin quedarme viviendo en el pasado.
Y empezar, poco a poco, a construir algo diferente.
No sé cuánto tiempo me va a llevar.
No sé cuántas veces voy a caer.
No sé cuántos días voy a sentir que no puedo.
Pero hoy estoy acá.
Y hoy pude hablar de algo que durante muchos años permaneció enterrado.
Quizás todavía no sea una victoria.
Pero es un paso.
Y después de tanto tiempo corriendo de mí mismo, quizás aprender a quedarme y escucharme sea el comienzo de todo.
Hasta acá por hoy.
MGS
Thoughts
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PermalinkEso de donde pones el foco y el mundo cambia... ya en cinco días ves miradas distintas que hace poco no habías notado?
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Permalink¿Cómo ves que cambia el día, de verdad, entre cuando te despiertas y cuando te acostás? O la aceptación de la que hablas es más lenta?
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PermalinkLa imagen de los hilos rotos y nudos. Eso se ve claro en lo que escribís.
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PermalinkLa parte de perdonarte por haber callado, eso es todo. Yo tampoco sabía qué hacer con lo que me pasó.
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PermalinkEso de aprender a detenerse, ¿es algo que van practicando en el programa del hogar o es más algo que vos vas descubriendo?
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PermalinkBoludo, el silencio como manera de sobrevivir es duro de leer. Pero está bueno que lo estés sacando del enterrado.
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PermalinkEsa tela de araña que armaste con el otro tipo, ¿cómo sigue después? ¿Se ven seguido en el hogar?
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PermalinkLo que dice de que aceptar no significa que deje de doler es real. Yo pensaba que acepar algo era estar bien con eso, pero no es así para nada.