Intenté olvidar tu ausencia en brazos extraños,
vestir la oscuridad con un fuego prestado,
buscando en el roce de unos labios lejanos
borrar la huella de lo que más he amado.
Su entrega fue perfecta, un refugio pasajero,
un instante de calidez que pretendía curar;
mas en el íntimo abismo de ese abrazo presente,
era solo tu recuerdo el que volvía a despertar.
¿Por qué se volvió silencio nuestra melodía?
Aún vaga mi alma como un niño en desamparo,
buscando tus huellas en las noches frías,
donde el eco de tu voz es el único faro.
Qué vana ilusión intentar el olvido,
buscar tu fantasma en un cuerpo ajeno;
si al final del camino, tras haberlo vivido,
sigue siendo tu piel mi único cielo.