Deja de jugar a los disfraces y a las buenas costumbres que tanto nos aburren.
Quítame las capas de lógica,
el traje de oficina y las excusas baratas con las que solemos defendernos del mundo.
No me toques la piel con esa falsa delicadeza,
que para eso sobra carne en la calle.
Mírame por dentro,
arráncame los silencios mal guardados,
desordena los rincones oscuros que no le muestro a nadie y lee mis contradicciones sin filtros.
Desnudame el alma,
haz que duela la verdad o que cure el golpe,
pero no te quedes en la superficie de las palabras.
Entra sin tocar la puerta,
desbarata mis certezas,
y muéstrame que todavía queda alguien capaz de soportar el peso de una mirada sin parpadear.